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jueves, 13 de septiembre de 2018

Entrevista a Armando Valdemar


Armando Valdemar es, probablemente, uno de los principales referentes de la cultura gótica en España. Este asturiano debe su nombre al cuento de E. A. Poe “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”, el primero que leyó de este autor. Asimismo, tiene algo que ver con su propia personalidad, que poco a poco irá desvelando en esta conversación (cervezas de por medio). 

Pero “Valdemar” también se puede entender como apellido referido a algo que está muy cercano o en contacto con el mar. Para este autor, “esas masas de agua son el mejor ejemplo del concepto de inconsciente colectivo”, lo que deja entrever su “jungianismo recalcitrante”; como afirma. 

Sus referentes literarios se mueven entre Clive Barker, Poe, Lovecraft, Hodgson, E.T.A. Hoffman, Goethe, Bécquer, Keats, Byron, Robert E. Howard, Jung, Patrick Harpur, Nietzsche, Freud, Frank Miller, Alan Moore, Peter J. Carrol, Phil Hine, etc. Muchos de estos nombres irán apareciendo a lo largo de esta entrevista. 
       P. ¿Que tiene la cultura gótica que te llama tanto?
      A. V. La subcultura gótica tiene algo que me ha llamado desde niño; incluso antes de saber que toda esa forma de sentir y pensar, tan perversa y lúgubre, poseía un nombre concreto. Representa la jovialidad de la oscuridad del inconsciente, del alma, y lo hace no de una manera dañina. Noche y oscuridad no son conceptos maléficos, sino iniciáticos. Nos ponen frente al espejo. Para mí, este trasfondo e idiosincrasia son ejemplos claros de la cita de Nietzsche sobre “el abismo que devuelve la mirada”; solo que aquí a ese abismo, además de mirarle, le sonríes. Y siempre manda una sonrisa de vuelta.

Noche y oscuridad no son conceptos maléficos, sino iniciáticos
      P. Actualmente, el Steampunk está tomando nuevos destinos y está descubriendo nuevas realidades. Como estudioso de la mitología comparada, ¿en qué medida parecen estos rasgos en tus obras?
       A. V. Ya desde un primer momento, cuando conceptualicé el mundo de Gaia (la Tierra ucrónica en la que baso todas mis historias) tuve claro que, ante la oportunidad de abordar el desarrollo de un planeta entero, iba a dejar de lado todos los clichés y estereotipos sobre cómo narrar retrofuturismo. Amén, claro está, de que soy un enemigo acérrimo de lo preestablecido, lo políticamente correcto y los tópicos. Es decir, iba a huir del escenario clásico de un Londres victoriano + chisteras por todos lados + Jack el Destripador + engranajes hasta en la sopa. Se usa y abusa de estos términos para justificar una estética por encima de cualquier otro contenido. La estética nunca puede condicionar una historia y banalizar un género narrativo (ojo, esto mismo pasa en las tribus urbanas, en la gótica mucho, por desgracia). Un ejemplo personal: la primera historia puramente steampunk que publiqué estaba ambientada en Libia y protagonizada por legionarios franceses (galos en mi mundo). En mis historias retrofuturistas del Renacimiento, los escenarios más comunes son Centroeuropa, Italia o España. 
La estética nunca puede condicionar una historia y banalizar un género narrativo
     P. ¿Opinas que la mitología tiene cabida en un género que parte de la ciencia ficción?
    A. V. Con respecto a la mitología (al igual que el sexo o la guerra), va escrito en nuestro ADN el deseo y la necesidad de fabular; por lo que es perfectamente asumible tener un trasfondo mitológico (el que sea, según cada uno y cada historia) en entornos que no sean de índole fantástico (y aun así, el retrofuturismo induce a considerársele fantástico aunque no tenga criaturas mágicas, pero esto es reflexión mía). 
Con este tema también se me planteaba otro reto: ver cómo podía derivar y desarrollarse la religión en una Tierra alternativa. Y cómo plasmarlo cuando se es un nihilista convencido. En este caso, lo que hice fue aprovechar los resortes históricos que estaba tocando para desarrollar estos países diversos y; concretamente, ver cómo se iban relacionando esas sociedades ucrónicas con los credos. Para las deidades y demás seres así, tiré por la tangente e hice una composición basada en los complejos inconscientes de Jung, el mundo de las Ideas de Platón y los estudios de mitología comparada de Patrick Harpur (otro jungiano de pura cepa). Básicamente, la idea que planteo es que mitología y religión solo tienen validez si se usan como métodos iniciáticos de mejora personal en nuestras vidas; como un culto mistérico personalizable al extremo.
Fuera de todo eso, no les doy más pábulo o validez que la que le daría a cualquier otra arma de opresión y miedo. El libre albedrío es el único y verdadero dios único para mí.

Es uno de los autores más prolíficos en este género; desde relatos como "Misión cumplida", "El acorazado Potemkin" o "La herencia de Dahut" a novelas como Mascarada. Tomó la decisión de seguir una deriva “en la que pudiera mostrar diferentes momentos, personajes y eventos de este mundo en concreto”. Optó por este camino por puro amor a la Historia. Y la mejor forma de rendir homenaje a esta rama del saber fue explorar las inmensas posibilidades que ofrece el retrofuturismo en nuestro universo. “Las opciones a la hora de personalizar tramas y personajes, debido a su concepción y poder estético son innumerables”, sostiene. 

P. Algunas de tus obras identifican como clock punk, otras Steam Goth, etcétera. ¿Qué opinas de estas etiquetas? ¿Crees que son necesarias? 
A. V. Las etiquetas son como los seguros, un mal necesario al que poco a poco vas cogiéndole asco. Pueden ayudar (y a mí me ayudan) a la hora de ordenar el tipo de historia que estoy haciendo. Sobretodo son útiles para poder ver a qué sector del público le puede interesar cada cosa. No es lo mismo una historia retrofuturista de capa y espada que un thriller tecnológico. Al principio solía desvivirme por marcar a fuego estas etiquetas, luego te das cuenta de que es tiempo perdido y en vez de clockpunk decir renacimiento retrofuturista es más digerible, por ejemplo.
       P. Eres un poco difícil de encontrar en redes oficiales, ya que no tienes ni blog ni página como autor. ¿Se debe a algo en concreto?
        A. V. Las redes sociales y yo tenemos una relación difícil, la verdad. Son otro mal necesario para la escritura en estos tiempos en la Aldea Global. Página de autor tengo en Facebook, Instagram y Twitter y hay un germen de blog fermentando en la trastienda de mi ordenador. La verdad es que me lo paso mejor ideando y creando historias que haciendo trabajo de campo por las RRSS, aunque son mundos que tengo que aprender a congeniar sí o sí. ¡Mira, ya tengo propósito de Año Nuevo!
        P. En tu ucronía española, Mascarada, el protagonista es el arlequín. ¿Por qué el diablo que ríe?
      A. V. El Arlequín es un personaje que empezó en Mascarada (2018) siendo un espadachín muy peculiar y acabé queriéndolo como parte de mí. Lo mismo me ha pasado con Ernesto Parca de Sin Banderas y otros relatos extraños (2017), ambas de Ediciones Camelot. 

El Arlequín es el ejemplo de libre albedrío usado como arma, como elemento desestabilizador
 La peculiaridad que tiene su apodo, el Diablo que Ríe, alude a tres cosas: primero, es un homenaje a V de Vendetta (Alan Moore, 1982-1988); segundo, por la sonrisa tan bizarra de su máscara (un elemento ritual además de estético) y por el hecho de que es un agente del caos, del desorden más puro (y por favor, no se entienda el caos como entropía, si no como libertad incapaz de verse constreñida). El Arlequín es el ejemplo de libre albedrío usado como arma, como elemento desestabilizador en un mundo cuyo equilibrio es un orden autocrático muy bien cimentado (y ese mundo no es más que el nuestro, aunque sea una versión alternativa). Como decía el Joker en Batman (Tim Burton, 1989), "a mí estas cosas me matan de risa". A mí, y por lo tanto al Arlequín, también.



P. Desde tu punto de vista, ¿por qué el concepto de “máscara” es tan relevante?
A. V. Toda la creación lleva máscaras. Las deidades llevan máscaras (el dios del rayo es Thor aquí y Zeus allí); los animales llevan máscaras (¿has visto que un gato o un águila siempre están sonriendo y no implica que estén contentos?
Las máscaras no representan falsedad. Al menos en mi concepción. Una máscara esconde el yo, la versión de nosotros mismos que usamos el en día. Es parte del uniforme socialmente aceptado. En cambio, la máscara expone el ello, nuestro ser interno, ajeno al mundo y libre de ataduras. Con tiempo y aprendizaje, esa máscara, esa representación concreta, se revela como la imagen verdadera de nuestro yo más elevado, nuestro súperyo. La máscara de látex blanco y negro de Rorschach en Watchmen (Alan Moore, 1986 - 1987) es un ejemplo grandioso de todo esto. En esa novela gráfica, ese personaje lo expresa con mucha claridad cuando se ve sin su máscara y grita "¡Devolvedme mi cara!". Es bastante normal que muchos de mis personajes -sobre todo lo que representan el caos- lleven algún método de enmascaramiento. Incluso un seudónimo o un nombre de guerra valen para sintonizar con los aspectos más arcanos del inconsciente, de ese dios personal e intransferible que todos tenemos. 

P. ¿Crees que la sociedad actual ha pervertido lo sublime? (Según la definición de Burke y Longino, como lo contrario la belleza.)
A. V. Lo sublime es un concepto indestructible. Es como la vida, la muerte, el tiempo, el orden o el caos. Puede ignorarse, esconderse tras capas de banalidad; pero algo sublime -o hecho sublime- refuerza y reinicia el concepto. En nuestros tiempos creo que no se ha pervertido, se ha escondido como a la oveja negra de la familia en favor de una estética mercantilizada. Para mí, el mejor ejemplo de este concepto es el cuadro Caminante ante un mar de niebla (Caspar Friedrich, 1818) Cualquier creación o ejemplo moderno que espolee esa nostalgia y esa belleza tan privada y cautivadora, es sublime. De eso puede dar fe la subcultura gótica o la nueva ola retrowave y su revival de los años 80.

Lo sublime es un concepto indestructible
P. ¿Qué nuevos proyectos literarios nos traerá el gran Valdemar?
A. V. Muchas gracias por lo de "el gran Valdemar". Tengo entre manos una antología retrofuturista con relatos relacionados con desmanes científicos, una novela corta gótica con un Bécquer muy poco habitual de protagonista y otra, más larga y mucho más oscura, ambientada en mi renacimiento retrofuturista. La trama de esta última gira entorno a una ciudad condenada del sureste de Alemania, y está inspirada en el cuadro El triunfo de la muerte  (Brueghel el Viejo, 1562). El año que viene, seguro que me meteré en más tinglados literarios, eso no lo dudes, pero por ahora, en esto me ando.

Siempre me gusta terminar las entrevistas con un apartado de recomendaciones. ¿Podrías compartir…?
a.       Un libro (con el que adentrarnos en el mundo gótico)
Mago: La Ascensión. Libro de tradición: Huecos (Angel Leigh McCoy y Tadd McDivitt. La Factoría de Ideas, 2002), un libro de rol que explica de manera soberbia los entresijos de esta subcultura. Por otro lado, Cultura Gótica (Gavin Baddeley. Editorial Ma Non Tropo, 2007) y Mundo Gótico (Cesar Fuentes Rodríguez. Quarentena Ediciones, 2007), dos estudios históricos efectuados por periodistas musicales muy reputados. 
b.      Una película (que nos haga viajar a otros tiempos)
Te voy a sugerir otras tres obras de géneros muy diferentes: Alien, el octavo pasajero (1979), Legend (1985), ambas de Ridley Scott, y Drive (Nicolas Winding Refn,  2011).
c.       Una canción (que forme parte de ti)
Como canción, y para seguir con los tríos, This corrosion (Sisters of Mercy ,1987),  un verdadero himno de rock and roll gótico con lo sublime rezumando por las esquinas; Pacific Coast Highway (Kavinsky, 2010), un tema sobresaliente de synthpop retrowave que pide a gritos conducir sin parar. Para terminar, You belong to the city (Glenn Frey, 1985), de la mítica serie Miami Vice (Michael Mann, 1984 – 1990), todo un retrato de aquellos que amamos la noche en la ciudad.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Entrevista a Gloria T Dauden


Gloria T. Dauden es como una criatura mitológica en un mundo de grises. Con sus rizos semirecogidos por una flor me recibe con una sonrisa.

Original de Canarias, ha ambientado algunos de sus relatos en sus islas natales; con el sello autóctono de la mitología local como los Tibicenas (en la antología Volar sin alas). Aunque en su mente pululan gérmenes de novelas ambientadas aquí, es posible que antes viaje con sus escritos a Aragón. Como ella afirma, “cosas que pasan cuando eres híbrida y prometes escribir en revistas del pueblo de tu madre”.

Comienza la entrevista mientras da vueltas con la cucharilla a su bebida.

P. La fantasía es la reina de tus obras, ¿lo eres en tu día a día? ¿Ves magia en la vida cotidiana?
G. T. D. Lo primero, muchísimas gracias por la entrevista. Te cuento.

Recurro a la imaginación y a la creatividad en todas mis facetas vitales. No entiendo el mundo de otra manera. Ahora... magia es otro tema. Una parte de mí grita “ojalá”, pero la verdad es que estoy más cómoda con la ciencia y el pensamiento científico. Prefiero dejar la magia para el ámbito de las “palabras verdes” de Ende, esto es, en la ficción. Es dentro de ese ámbito donde no tengo fondo. Consumo fantasía en todas sus formas: literatura, audiovisual, ilustración... y todas ellas me atraen como creadora, aunque me haya centrado en la escritura desde siempre.

 P. En la segunda obra que compone Heroicas, “La revolución Djinn”, apuestas por desplazar la acción a Arabia. ¿Por qué crees que es importante que aparezcan nuevos espacios en el imaginario Steampunk?

G. T. D. En este caso en concreto la historia original la ideé para una antología de Steampunk multicultural llamada Ácronos III que pedía ambientar en lugares ajenos al steampunk convencional. Opté de inmediato por Arabia porque llevaba mucho tiempo queriendo escribir algo que mezclara dos de mis pasiones: Las Mil y una noches y el steampunk.

Por un lado, como autores de ficción es muy importante que indaguemos en otros horizontes. Por otro, es necesario leer y escuchar otras voces. Por ejemplo, en la época de documentación para “La revolución Djinn” leí bastantes relatos de autores no occidentales que trabajaban en clave de steampunk con elementos de sus propias culturas. 

Mi historia tiene más que ver con una vuelta de tuerca steam a Las mil y una noches y a elementos de la Arabia preislámica que con la Arabia del presente.

Para Gloria, el participar en varias de las antologías de Ácronos supuso darse a conocer en determinados entornos y atreverse con el steampunk. Con ello, pudo abordar este género de manera “más seria y metódica y siempre ampliando fronteras. No solo físicas y temporales, también respecto a la visibilización de otros tipos de relaciones humanas”.

P. También eres pintora, ¿sueles hacer retratos de tus personajes o de sus mundos?

G. T. D. Lo he hecho en ocasiones, pero ya no tengo tanto tiempo para el dibujo. Es lo que tiene elegir prioridades. Uno de los sacrificios de mi carrera en la escritura ha sido el dibujo y la pintura. No lo he abandonado del todo, pero creo que ya no pasará nunca de una afición. 

Uno de mis sueños de infancia era escribir e ilustrar mis libros. De hecho, de niña, hice muchos cuentos de esa manera integral. Pero la realidad es la que es y prefiero contar con ilustradores profesionales como con los que ya he trabajado en varios de mis libros y centrarme yo en la escritura. Lamentablemente vivimos vidas finitas y hay que elegir.

P.    Hay unos personajes que casi siempre están presentes en lo que escribes: las hadas. ¿Por qué son tan relevantes? ¿Qué te atrae de estas criaturas?
G. T. D. Así de primeras te diría que no hay tantas hadas en mi escritura... Aunque pensándolo bien hay un cuento de hadas en La galería de espejos y otro en Volar sin alas. En mis novelas no ha habido hadas, por ahora. Sin embargo, es verdad que es una criatura que me atrae como representación de lo fantástico y de la creación artística. Esto se ve bastante claro en el cuento “Volar sin alas”.  Pero escribo sobre todo tipo de criaturas fantásticas, tanto las establecidas por las distintas mitologías (una de mis pasiones), como por mis propias creaciones como las que habitan mis mundos fantásticos.

Caigo ahora en que describo a Dalia de “Las hermosas Jaradalias” y que reaparece en “La revolución Djinn” como secundaria, como una falsa hada, pero eso es otro tema. Es más un juego con respecto al tema de las alas como símbolo de libertad. Aun así, es algo que dejo abierto al lector para que lo interprete.

P. ¿Alguna vez has visto un hada?

G. T. D. Retomo mi respuesta de la magia. Las he visto, claro, pero en “las páginas verdes”, en el ámbito de la imaginación y no en el de la realidad. Aunque también es verdad que tengo varias amigas que son hadas... ya ves que me contradigo. (Ríe). El mundo feérico me interesa muchísimo a nivel estético también. Es echarle imaginación, como todo. Basta salir al campo, al bosque, para “verlas” si uno está dispuesto a liberar la mente y ver formas en todo lo que nos rodea: en las nubes, en las ramas, en las sombras...

P.  Acabas de publicar en la antología infantil El vigilante de estrellas, de Cazador de Ratas. Aunque has escrito también para jóvenes y para adultos. ¿Ha supuesto un reto para ti? ¿Con qué público te sientes más cómoda?

G. T. D. Cada público tiene sus peculiaridades. Estoy cómoda en todos los niveles, es solo cuestión de centrarse.  Mi idea es volcarme en juvenil en próximos años, aunque siempre sacaré más cosillas adultas, más que nada porque (enlazando con tu próxima pregunta) también me interesa mucho la erótica.

La erótica impulsa a trabajar los sentidos de manera completa y compleja, y eso es algo que me atrae muchísimo. Con el erotismo, además, se puede profundizar en los personajes de manera muy efectiva en sus deseos y miedos más secretos. Mi libro más completo sobre este tema y que resume mi visión de la erótica es El libro de las fantasías eróticas que conjuga fantasía y erotismo. Y son justo fantasía y erótica mis dos puertas favoritas a la imaginación y a la libertad.  Sin fantasía no hay libertad y sin libertad no hay sexualidad.

P.   En muchas ocasiones las parejas son lesbianas, ¿crees que es necesaria la visibilización del colectivo LGBT?

G. T. D. Sí, claro. En mi caso no muestro parejas femeninas solo como reivindicación de la existencia y derechos del colectivo LGTBI (que ya es suficiente motivo. Existen y merecen ser representadas en la ficción). Hay varios otros motivos.  Por un lado, una pareja de chicas me permite establecer relaciones más fácilmente igualitarias sin que entren expectativas de género; y además puedo profundizar en la sororidad.  Si me permites, desarrollo un poco esta idea:

Durante nuestra infancia muchas vivimos esa mentira de que las mujeres somos competencia entre nosotras y nuestras peores enemigas. La sororidad rompe con eso y nos deja ahondar tanto en la propia autoestima como en el cuidado y afecto por otras mujeres. Creo que tenemos mucha misoginia interiorizada, por mucho que nos hayamos formado en feminismo y hayamos trabajado para deconstruirnos. Por ponerte un ejemplo: hasta hace poco mis novelas las protagonizaban siempre hombres. No los he descartado, claro que no, pero me he obligado a abrirme a más diversidad de voces.
P.   ¿Esto te ha generado algún problema –con el público, con las editoriales, etc.-?

G. T. D. No, ninguno. Algún comentario puntual de algún lector poco acostumbrado a leer sobre parejas no heteronormativas, pero nada más. En general los comentarios han sido muy positivos.

P.  Ya sabemos algo del universo de Nirbalán, ¿tendremos alguna novedad situada en este mundo?

G. T. D. Cuento con dar a conocer Nirbalán por todo lo alto en 2019 con una editorial muy interesante. Pero por ahora no puedo contar nada más.

Nirbalán es uno de mis mundos de ficción, el principal diría porque es el que más he trabajado y durante más años (va para quince ya...), pero no es el mismo de mis historias steampunk por ejemplo.

P.  ¿Qué nuevos proyectos literarios se cuecen en tu caldero mágico?

G. T. D. Muchos. Ahora mismo una novela muy especial que espero que vea la luz también en 2019.  Además, tengo una steampunk a medias, con Dalia de protagonista y un libro que ahondará en el mundo de “Máscaras” que he mostrado tanto en Calabazas en el trastero Steampunk como en Aterradas I y Alucinadas III. Además de eso muchos otros proyectos, como unos cuantos orientados más a público juvenil.

Siempre me gusta terminar con un espacio de recomendaciones. Así que te pido:

a)      Un libro (que nos haga soñar)

La Historia interminable. Si me pides un libro va a ser ese siempre. Colecciono ediciones y traducciones, por cierto. Este verano he conseguido edición italiana y portuguesa.

b)      Una película (que nos traslade a otros mundos)

El castillo ambulante (una de esas pocas veces en las que la peli supera al libro original).

c)       Una canción (con la que saborearte)

Suena muy eróticofestivo eso (ríe). Una de mis canciones favoritas sigue siendo Ghost Love Score de Nightwish.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Entrevista a Dioni Arroyo


Las tierras castellanas arropan en su seno a Dioni Arroyo, para muchos conocido. Nos encontramos en la Plaza Mayor y pronto nos refugiamos al abrigo de un café de luz tenue.

Dioni fue el fundador del colectivo de escritores “Los perros del coloquio”, que define como “un colectivo de escritores y soñadores de Valladolid”. Su objetivo era renovar la literatura y permitir a nueva generación germinar en una tierra “demasiado tradicional”. A pesar de que impulsó a dichos autores entre 2013 y 2016, actualmente cada uno ha tomado sus propias derivas pese a que siguen teniendo buena relación.

Dioni da un sorbo a su café caliente, que le empaña las gafas. Mientras seca los cristales, me explica que le “empujó a escribir el anhelo por comprender los sentimientos de las personas que más quiere, el deseo de felicidad, los estados de ánimo que nos afectan y que le permiten a un escritor inventar mil historias”. Afirma que “escribir sobre esos asuntos te aproxima al subconsciente propio y ajeno. La naturaleza humana es impredecible y maravillosa, y podríamos estar toda la vida describiéndola sin conseguir abarcarla”.

P.      La Asociación de Castilla y León de Fantasía, ciencia ficción y terror (KALPA) contó contigo como presidente. ¿Has dado a conocer desde esta posición el Steampunk (o cualquiera de sus variantes)?

D. A. Estuve en la presidencia de KALPA hasta 2017. Decidí dejarlo en la última asamblea para volcarme en la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) de la que soy el vicepresidente. Pero con respecto a la situación del Steampunk en Castilla y León, puedo decir que es un género que va a más. Hay que reconocer que el ritmo de la meseta es muy pausado, y las innovaciones tardan más en llegar, pero insistimos con los aficionados y lectores en su significado y en que vale la pena conocerlo.

P. ¿Crees que este subgénero tiene cabida en Castilla y León?

D.      A. Sí, dado que ya empieza a haber publicaciones. Y no me estoy refiriendo a mi novela, también está Mimi Alonso, que desde el Bierzo cultiva este subgénero en algunas de sus obras. Asimismo, en los festivales CyLcon ha habido varias ponencias sobre retrofuturismos. Y, en noviembre; en la Hispacon de Salamanca, estoy convencido de que también tendrá su espacio.


P.      ¿Cuál opinas que es su posición dentro del Género?

D.      A. Ocupa una posición privilegiada al desafiarnos con un mundo pasado. La ciencia ficción ha estado demasiado enfocada en especular sobre el futuro; y el steampunk habla de ucronías, del mundo victoriano o de cualquier otra época en la que lo analógico marcaba las tendencias tecnológicas. También es una invitación a releer figuras literarias como H. G. Wells o Julio Verne, descubriendo obras como París en el siglo XX, que al haber sido descubierta y publicada hace veinte años, muchos lectores de mi generación se la perdieron. El steampunk viene para renovar la ciencia ficción, para reinventar mirando hacia el pasado, captando numerosos lectores que de otra forma no se acercarían. Además, no solo es literatura, cómic o cine; también posee una acertada influencia en el arte, la moda o la estética. En definitiva se trata de una nueva forma de vivir, una filosofía diferente con la que liberarnos del materialismo actual. El steampunk posee una carga liberadora que nos invita a pensar de manera distinta, a redescubrirnos a nosotros mismos. Es un movimiento cultural que aquí aún no ha conocido el desarrollo de algunos países anglosajones, por lo que estoy convencido de que en mi tierra va a crecer los próximos años.

El Steampunk, en definitiva, se trata de una nueva forma de vivir; una filosofía diferente con la que liberarnos del materialismo actual




Uno de los autores que más ha influencia a Dioni Arroyo es H. P. Lovecraft, uno de los grandes referentes de su juventud. Tanto es así, que parte de lo que escribe “siempre posee licencias suyas”. En su última novela, Cuando se extinga la luz,  también tiene algo de homenaje a su figura.

Pero este vallisoletano profundiza también en el género de su maestro: el terror.



P.      Normalmente los autores de novela negra profundizan en la psique humana. Como licenciado en Antropología social y cultural, ¿por qué atrae tanto el terror?

D.      A. El terror es una respuesta básica, elemental e instintiva de protección hacia aquello que no podemos explicar, hacia lo desconocido. Es algo inmediato que de manera instantánea moldea nuestro organismo para prepararnos, o bien para huir o para defendernos de depredadores. Es bueno tener miedo, es un síntoma de salud mental y hay que normalizarlo en nuestra vida. La literatura y el cine han sabido explotarlo porque saben que experimentar esa sensación perturbadora obliga a nuestro organismo a elevar la tensión arterial. Se liberan neurotransmisores como la dopamina o la adrenalina, que nos causan euforia repentina. El cuerpo, al detectar que la amenaza es irreal (que es producto de una película, un libro o una atracción de feria), responde con la placentera sensación de seguridad, y con algo de serotonina. Lo que pretende – y consigue - asustarnos, acaba ofreciéndonos una cálida sensación de bienestar y euforia muy gratificante, que refresca nuestra fisiología. 


P.      En tu obra Los ángeles caídos de la eternidad hablas sobre una pareja de asesinos, ¿qué has descubierto de su mente?

D.      A. La novela fue muy experimental. Quería hablar de dos jóvenes que son capaces de cometer un asesinato. Pretendía sumergirme en su mente, ver cómo se sienten en esos momentos, cómo lo viven y lo padecen. Y también sus consecuencias. El mundo del crimen me atrae, de hecho, llevo veinte años trabajando como funcionario de prisiones y conozco muy bien esos ambientes. Siempre me ha generado un gran estupor el conocer a homicidas que, a fuerza de negar su crimen, a fuerza de decirse día tras día que son inocentes delante de un espejo al final se lo acaban creyendo; e insisten ante un tribunal que ellos no fueron. Y pasarían cualquier prueba del polígrafo y engañarían al mejor de los psicólogos porque, realmente, no están mintiendo.



Escribiendo la novela (Los ángeles caídos de la eternidad) llegué a la conclusión de que cualquiera podría ser un criminal



Su cerebro ha creado tantos pliegues mentales para negar ese hecho terrible, para poder conciliarse con ellos mismos y atreverse a contemplar su reflejo, que se acaban auto engañando y te repiten que son inocentes sin una sombra de duda. La mente es un auténtico misterio, y vemos y creemos lo que queremos ver y creer, los sentidos se pueden burlar de nosotros. Escribiendo la novela llegué a la conclusión de que cualquiera podría ser un criminal, que todos tenemos unos segundos en los que perdemos los estribos, y matar es una cuestión de escasos segundos. Todos podríamos ser asesinos en potencia si en esos instantes de rabia incontenible nos dan un arma. La causa del crimen en mi novela se basa en una agresión sexual, por lo que también he intentado preguntar al lector quién es el verdadero culpable.



P.      Fracasamos al soñar aborda el transhumanismo, un tema en boca de todos. ¿Qué futuro aventuras al ser humano?


D.      A. Creo que la única oportunidad que tendremos de sobrevivir al siglo XXI será evolucionar de homo sapiens a homo ciborgs. Y la Inteligencia Artificial Autoconsciente nos obligará a ello, dado que hará todo mejor que nosotros. Crearemos una nueva especie que, aunque no serán seres vivos, podrán experimentar sentimientos y comprender sus recuerdos. Ser conscientes de que existen, de que ocupan un lugar importante, y nos forzará a reaccionar. Seguiremos teniendo el monopolio en transformar la información en conocimiento, pero poco más; por lo que cada vez seremos más artificiales, con implantes que mejoren nuestra adaptación a los cambios. Aunque no nos guste, en el momento en que la presión lleve a otros a “mejorarse”, la competencia nos exigirá seguir el mismo camino aunque; como todos los cambios, ni será tranquilo ni pacífico. Los contrarios a la hipertecnificación, bien porque no estén de acuerdo o porque no tengan acceso a la tecnología, se quedarán atrás y formarán el nuevo proletariado.


P.      Entonces, ¿nos convertiremos en hombres ciborg?

D.      A. Lamentablemente, así lo creo. Y evolucionaremos más en este siglo, que en los cien mil años anteriores. Y digo lamentablemente porque será un cambio tan acelerado, que nos provocará vértigo.



Creo que la única oportunidad que tendremos de sobrevivir al siglo XXI será evolucionar de homo sapiens a homo ciborgs



P.      La ficción climática y el greenpunk también han conquistado tus escritos (Fractura, “Las algas del olvido” en la antología El futuro es bosque, etc). ¿Piensas que la civilización ha herido tanto a la naturaleza que se va a revelar?



      D. A.La naturaleza lleva mucho tiempo soportando nuestras permanentes agresiones; y el cambio climático con sus sequías extremas y prolongadas, las inundaciones inesperadas y el fin de algunas estaciones, son advertencias muy severas de las consecuencias de nuestros actos. La naturaleza se revela de manera sutil, y tal vez harán falta sustos mayores para que comencemos a reaccionar. La situación medioambiental es el mayor problema actual, consecuencia de la pobreza en el tercer mundo y de la falta de alimentación y agua potable. Como escritor puedo aportar mi granito de arena con literatura que condene la situación actual, pero creo que debería hacer mucho más. Si queremos legar a las generaciones futuras el hermoso planeta en el que nacimos, todos y cada uno de nosotros deberá hacer algo por el cambio.



P.      Fractura viajará dentro de poco a Lima, ¿cómo te sientes con el público hispanoamericano?

D.      A. ¡Entusiasmado! Ha sido una gran noticia. Este año la Feria del Libro de Lima está dedicada a España y el hecho de que haya, entre tantos títulos españoles, una novela mía me emociona. Y además de ciencia ficción, un género minoritario en nuestro país pero también en toda Iberoamérica, por lo que seguimos siendo unos don Quijotes, luchando contra todo por dignificar nuestra pasión por esta literatura.



P.      ¿Piensas que la “Edad Dorada” del Steampunk está extinguiéndose?

D.      A. No. Más bien creo que se está adaptando y preparando para explorar nuevas vetas de la imaginación. Por ejemplo,  J. Valor en La República Pneumática orienta ese mundo analógico al antiguo imperio romano; una época histórica bastante alejada del mundo victoriano. Y yo, en Cuando se Extinga la Luz (de Huso ediciones), retrato un mundo soviético a mediados del siglo pasado. Creo que hay que buscar nuevos campos para experimentar en nuestra rica Historia para ofrecer temáticas diferentes a los lectores y para no abusar en exceso de lo mismo.



P.      ¿Qué futuros proyectos literarios escondes donde no llega la luz?

D.      A. Bueno, después de mi inminente novela con Huso, estoy trabajando con un ensayo sobre vampirismo desde una visión antropológica: desde la mitología, la Historia en la Antigua Mesopotamia, la medicina con enfermedades como la porfiria, y su influencia en el arte y el pensamiento. El atractivo seductor de la figura del vampiro; que nos ofrece libertad, poder e inmortalidad. Es un tema que siempre me ha apasionado. Es un ensayo que publicaré dentro de uno o dos años, no tengo ninguna prisa, porque me gusta trabajar con calma y hacerlo lo mejor posible.

Para poner punto y final a la entrevista me gustaría que compartieras unas recomendaciones:

a.       Un libro (que nos descubra nuevos universos) La Mano Izquierda en la Oscuridad de Ursula K. le Guin.

b.      Una película (que nos lleve por los caminos más oscuros) La maldición (“ju-on”), del japonés Takashi Shimizu.

c.       Una canción (que nos revele algo de ti) Je veux, de Zaz.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Entrevista a Eduardo Vaquerizo



Hoy Lavapiés contará con un ilustre visitante: Eduardo Vaquerizo.

En Twitter lleva por nombre Jon Tichy en honor al protagonista de la serie de novelas de Stanislaw Lem  Diario de las estrellas, El congreso de Futurología, etc. Un autor que ha marcado indiscutiblemente la vida de Vaquerizo. Ya que, según él, Lem "es uno de los más grandes escritores del siglo XX y probablemente uno de los tres mejores escritores de ciencia ficción de la historia".

Aquel hombre gigante en más de un aspecto me espera en una de las tabernas más castizas del barrio madrileño. Con una cerveza (sin gluten, eso sí) en la mano la conversación comienza.


P. Despegamos fuerte. ¿Por qué empezaste a escribir?

E. V.- Pues… no lo sé. Soy creativo por naturaleza. Nunca me he querido conformar con ser espectador pasivo. Me apasiona leer desde muy pequeño. Para mí fue muy natural querer emular a los escritores que me entusiasmaban. Tampoco he tenido mucha vergüenza creativa; ni mucho sentido crítico a priori, de ese que te bloquea. Aunque sí a posteriori, del que es necesario para evaluar lo que has escrito. Eso ayuda, supongo.

Me he preguntado a menudo no ya por qué comencé a escribir, sino por qué sigo haciéndolo. La única respuesta medianamente satisfactoria tiene que ver con dos cuestiones: una pulsión muy primaria por crear y; luego, el reto que supone escribir. Es un desafío personal, muy parecido al del atleta que se entrena una y otra vez sin público, con un único enemigo: él mismo. Luego han venido una serie de recompensas, -entre ellas que te lean, que disfruten con lo que has hecho- pero que solas no justifican el enorme esfuerzo que me supone.  

Empecé a escribir para recuperar esa sensación de asombro, de maravilla, de impacto emocional e intelectual

Ahora que reflexiono me acuerdo también del “flow”. Se trata de un estado mental especial, que solo surge cuando el trabajo se convierte en una rutina diaria en el que las cosas fluyen. Tu consciencia casi es un invitado de piedra, un espectador de un proceso opaco al que asistes sin intervenir y que culmina con la magia de un texto que va apareciendo; una historia, una novela que crece en la punta de tus dedos. Sí, supongo que ese proceso es también otro de los motivos de escribir.    

P- ¿De dónde proviene la inspiración? 

E. V.- No lo tengo claro, para mí todo este proceso creativo es bastante opaco, subliminal, inconsciente, automático. Supongo que los escritores somos máquinas procesadoras de información: leemos ficción, ensayo; vivimos nuestras vidas y nos informamos como podemos de las vidas de otros (solemos ser muy curiosos, muy cotillas). Todo eso es materia prima que se procesa y sale en forma de historias, de prosa, de poesía... Constituye un trabajo que tiene más de artesanía que de arte, pero que termina por producir textos con un significado casi ajeno. Es algo mágico, que suele sorprender el primero al escritor.

Los textos más oscuros, los que crees más ligeros, todos ellos son producto de esa máquina. Como toda máquina, mucho de la calidad del resultado proviene de la calidad de la información de entrada. Dicen de los pintores que su primer deber para mejorar es dibujar. Para un escritor es leer mucho y variado, la mejor prosa y las mejores historias posibles.

Aunque a veces lo que tenías en la cabeza cuando escribías termina por olvidarse y, cuando lees un texto antiguo (aparte de aborrecer el estilo porque nunca se deja de evolucionar), sucede que encuentras relámpagos de comprensión, identificación con ideas, con sensaciones y situaciones muy personales que no sabías que estaban allí; pero sí, lo estaban y las has puesto tú aunque no lo supieses.

Si una novela no se edita y se lee, no está completa, no se puede reconstruir en la mente del lector y cerrar así el acto literario de esa especie de telepatía que es la literatura.

     P- ¿Cómo se siente uno con una larga trayectoria de títulos y premios tan importantes como el Celsius, el Ignotus o el Minotauro a sus espaldas?

E. V.- No soy consciente de que sea tan larga ni tan importante. No dejo de ser un aficionado a esto. Lo primero que pienso cuando veo lo que he escrito durante los últimos, no sé, veinte años, es que no es mucho. No puedo dedicarle mucho tiempo a escribir. Quizá si pudiera dedicarme solo a ello podría haber producido, tal vez, el doble de novelas. Una por año, llegar a la veintena.   

Como es lógico, los premios y las publicaciones son agradables, pero para mi lo más agradable de todo es terminar una novela y que pueda ser publicada y, sobre todo, leída porque es el fin del camino. Si una novela no se edita y se lee, no está completa, no se puede reconstruir en la mente del lector y cerrar así el acto literario de esa especie de telepatía que es la literatura.  

Esa es la parte que más me angustia de todo el proceso porque escapa a mi control y lo que más echo de menos de tener una carrera más profesional. Mi mundo ideal sería uno en el que perteneciera a una editorial fija que publicase todo lo que hiciera (sin olvidar el importante proceso de la edición, claro) y que no tuviera que preocuparme de ese tema. Por desgracia las cosas no funcionan así ahora para casi nadie. Lo único bueno de escribir mucho, lo de la larga carrera, es que se mejora. 

Pero enseguida, detrás de esa reflexión, se me ocurre que me cansaría de una única actividad. Soy de naturaleza inquieta aunque, últimamente, con niños pequeños y mucho trabajo, mi capacidad de multitarea empieza a hacer aguas y a me apetece un poco más de tranquilidad. 

P- Eres ingeniero técnico aeronáutico y trabajas en la Agencia Estatal de Seguridad Aérea. Como profesional, ¿qué transportes crees que poblarán el cielo?

E. V. - Pues… es muy complicado especular y acertar pero ¿quién dijo miedo?

Lo cierto es que los combustibles fósiles se están terminando. El problema es que, mientras que el transporte por carretera y el marino no tienen problema con los motores eléctricos y las baterías; los aviones sí, porque no pueden volar si pesan mucho. Ese problema meramente físico, me lleva a descartar por pura termodinámica y economía energética los coches voladores de cualquier especie. No van a existir no porque tecnológicamente sean imposibles, sino porque económicamente y termodinámicamente sí lo son.  

Especulando con posibles transportes aéreos con baterías, quizá podríamos ver el cielo del futuro poblado por un tipo de aeronaves que es mezcla de dirigible y avión, enormes cuerpos sustentadores hechos de tela y rellenos de helio, que harían posible una aeronave de peso casi cero (por sustentación del helio) y que volaría muy despacio  usando motores eléctricos baratos y eficientes.  

El otro paradigma posible es más inverosímil, aunque nunca se sabe. Se trata de que se encuentre una fuente de energía realmente barata, eficiente y transportable (fusión o algo similar) añadido o no al descubrimiento de cómo manejar la gravedad (bastante imposible, por desgracia). Entonces sí, el cielo se llenaría de todo tipo de locas máquinas voladoras  que ahora solo están restringidas al reino de la imaginación de los escritores de ciencia ficción.  

P- La ciencia ficción ha especulado mucho sobre la conquista del espacio. ¿Cómo imaginas que tendrían que ser esas naves que nos permitirían viajar entre planetas? 

E. V.- Muy imposibles. Una vez más podemos lanzar la imaginación o dejarla aquí, anclada a la realidad probada y científica. Si nos atenemos a la ciencia, la barrera de la velocidad de la luz es infranqueable. Las naves que tuvieran como objetivo cruzar el abismo cósmico entre estrellas tendrían que ser, para empezar, muy longevas, porque sería muy complicado y lento acelerarlas mucho e igualmente complicado y lento desacelerarlas en destino.

La única propulsión que, ahora mismo, nos permitiría comenzar a pensar en una nave interestelar es la de propulsión por explosiones atómicas, un proyecto de los muchos que se manejaron durante la carrera espacial. Se trataría de propulsar la nave mediante una serie de explosiones nucleares controladas. El empuje que se lograría sería espectacular. Esa tecnología es, teóricamente, manejable, por más que su desarrollo sería un carísimo infierno que se comería gran parte del PIB del planeta durante cincuenta años.

Cualquier otra opción (y que quiera transportar seres humanos además) pasa por lo irrazonable. Aunque puede que se pueda realizar con una nueva física, aún no descubierta.   

Estudiar el pasado es considerar la fugacidad del presente, tanto del personal como del colectivo

La Historia es una constante en la obra de Vaquerizo, de quien algunas de sus novelas han pisado las aulas. La última noche en Hipatia fue protagonista en la ponencia “When Classical Antiquity and Present Meet: Travelling Through Time in Science Fiction” de un congreso en torno a este asunto. Danza de tinieblas ha sido objeto de una tesina y de una tesis sobre ucrónicas donde  trataban a la novela. Esto pone de manifiesto que existe cierto interés académico sobre esas obras. Esta es otra forma de acercarse a Eduardo, para quien esto le resulta "mágico". Como él mismo afirma, el que menos conoce su obra es su creador, por lo que quizá estos trabajos le permiten descubrir nuevas interpretaciones.

P- Aunque la ciencia y la tecnología marcan tanto tu vida, la Historia también es un tema base en tus novelas, ¿por qué te llama tanto la atención?  

E. V.- Un vez más, no lo tengo muy claro. La historia me fascina porque es un viaje en el tiempo que hacemos cada vez que la estudiamos. Me apasiona el pensar en cómo otros hombres, otras mujeres, en todo iguales a nosotros, pensaban y vivían con otros parámetros mentales. Para ellos el sol salía igual que para nosotros, del mismo color y la noche tenía las mismas estrellas y olía igual. Sin embargo ellos adoraban a Anubis, sacrificaban a otros humanos o se dedicaban a matarse unos a otros con sistemas y armas diferentes a los actuales.  

Al final, creo que lo que me vuelve loco de la historia es esa dualidad: los mismos seres humanos, pero tan diferentes a nosotros. Y la consciencia de que ha habido otros mundos, otras realidades, otras sociedades que se consideraban a ellas mismas, definitivas.

Estudiar el pasado es considerar la fugacidad del presente, tanto del personal como del colectivo. No solo no somos nada, sino que otros ya hicieron lo mismo que nosotros infinitas veces y con infinitas variedades.   Es posible que Danza de tinieblas sea una de las novelas más conocidas de Eduardo Vaquerizo, cuyo éxito no se esperaba en absoluto y que sostiene que nadie puede predecir ni premeditar un éxito literario. 

Para ello, citó cómo William Goldman, en su libro Adventures in the Screen Trade: A Personal View of Hollywood and Screenwriting (1983), que por más que se afirme que se conoce la clave del éxito, lo único que había aprendido en muchos años trabajando allí era que “Nadie sabe nada”.  

    P- Tal es el furor del mundo de Danza de tinieblas que ya hay fanarts e incluso coordinaste la antología Crónicas de tinieblas, de relatos ambientados en ese mundo. ¿Te gustaría que se hiciesen películas de la saga? 

E. V.- Sería algo maravilloso el poder ver lo mismo que veo en mi cabeza cada vez que imagino ese mundo pero reinterpretado por otros artistas. No iba  a ser igual, y eso sería lo bueno.

Llevo tiempo pensando que vivimos aún en los ecos de los románticos y su idea de que el individuo y su autoría, el creador, el artista  son algo sagrado, mágico, tocado por los dioses y las musas. Esa imagen ha hecho mucho daño cuando el arte en la historia ha sido un asunto de colaboración y artesanía. En los talleres de los grandes pintores se elaboraban las pinturas en grupo. La literatura tradicional era reelaborada cada vez que se volvía a narrar y los autores anónimos añadían, quitaban partes, mejoraban y cambiaban constantemente las historias y no pasaba nada.  

Esa era un poco el espíritu de Crónica de Tinieblas, que otros jugasen con mis juguetes y disfrutar todos juntos un rato.

La idea de que alguien hiciera una película, por un lado, es muy tentadora. Mis novelas son muy visuales, yo tengo  una imaginación muy visual y parte de imágenes para crear las escenas, casi de películas hasta con encuadre y efectos especiales y todo. De alguna manera yo ya he visto esa película y lo hice antes de escribir la novela. Verlo en la pantalla de tele o del cine sería algo increíble, un sueño hecho realidad.

P- ¿Será Alba de tinieblas la que cierre el camino empezado por Joannes Salamanca o tendremos más?

E. V.- Probablemente no, pero ahora mismo se me hace muy cuesta arriba seguir con la serie. Alba de Tinieblas ha sido una obra que me ha llevado mucho esfuerzo. He acabado exhausto. Necesito algo de tiempo para iniciar otra novela de la saga. Lo único que puedo decir es que cada vez más me apetece contar lo que le pasa Salamanca después de Danza de Tinieblas. Sería, por tanto, una continuación formal de Danza de Tinieblas, o sea, Danza de Tinieblas 2.

 P- En un momento dado comentas que “sin desafío no sabes escribir”. ¿Cuál crees que es el mayor desafío de un escritor? ¿Cuál ha sido el reto más grande al que te has enfrentado como autor?

E. V.- Terminar una novela, sin duda. Yo me crié como escritor en una época en que nadie escribía novelas porque nadie te las habría  publicado. Escribíamos cuentos y a menudo nos los publicábamos unos a otros. Eso a mi personalidad muy poco capaz de concentrarse mucho tiempo en algo le venía muy bien. Llegué a hacer una novela corta  pero el impulso no me daba para más.

Luego llegó Stranded, que es mi primera obra larga y el desafío de extender el esfuerzo en el tiempo y escribir trescientas páginas me pareció descomunal. Lo fue. Vencer a ese desafío y luego escribir cosas aún más largas y complejas es el combustible que, como decía al principio, me mantiene pegado a la tecla.

A parte de la longitud me he autoimpuesto otros desafíos potentes. El de aprender a hacer diálogos fue uno difícil y otro el  de crear personajes femeninos creíbles e interesantes. Son dos temas muy diferentes pero  los dos supusieron en su momento un gran desafío. 

Tengo más retos. Sí, varios: el humor es uno. El otro es la novela juvenil. Uno más: los libros para niños muy pequeños.

   P- El tema político y la crítica social son constantes en tus obras (esto se ve en las dos partes de Memorias del Gran Anillo, “Milites” y “Dioseros” y en la ya mencionada trilogía, entre otras novelas). ¿A qué se debe? ¿Crees que la ciencia ficción debe servir a estas cuestiones?

E. V.- Si hay algún género que trata ese tema es desde luego la ciencia Ficción. Se ha dicho a menudo que los personajes en las novelas de CF son las sociedades y las sociedades respiran política, son política, que no es otra cosa que el arte de ponernos de acuerdo, por mucho que el término y sobre todo sus actores, estén tan denigrados hoy día. Para poner las cosas en perspectiva basta saber que la guerra es el fracaso de la política.

Servir a esas cuestiones no, porque ningún arte debe servir para nada de forma premeditada. El arte no debe ser utilitarista sino estético. Eso no significa que luego tenga no una, sino muchas funciones; pero si empezamos a hacer arte con intención de algo llegamos enseguida al panfleto, al egotrip y a cosas aún menos deseables como la publicidad.

El arte no debe ser utilitarista sino estético

        P- En La aritmética del caos y en Nos mienten adelantas posibles futuros para España. Han pasado tres años desde la publicación de esa segunda novela, ¿piensas que la deriva del país será similar? ¿Piensas que el futuro será distópico?

E. V.- ¡Ya han pasado tres años! No me lo puedo creer. 
Bueno, a pesar de que mis escritos a veces son muy pesimistas, yo no lo soy. Hay pruebas, sobre todo estadísticas, de que vivimos en el mejor periodo de la historia; donde menos gente pasa hambre y donde hay menos muertes y guerras. ¿Eso significa que debemos relajarnos y volvernos neoliberales? No, queda mucho por hacer, muchísimo en muchos campos; no siendo los menores de ellos el cambio climático, el neoliberalismo depredador, la corrupción, las libertades individuales, el nacionalismo y el machismo.

Hay mucho que hacer pero quiero ser positivo en dos aspectos: las cosas tienen solución y la solución será científica, atea, tecnológica y racional. Todo lo que nos aleje de eso, es un error.

Las cosas tienen solución y la solución será científica, atea, tecnológica y racional.

P- ¿Qué nuevos proyectos literarios despegarán en lo que queda de año y en 2019?

En breve aparecerá una novela juvenil llamada Sueños de fuego, que me hace mucha ilusión. Es la aventura que me hubiera gustado leer de joven. El otro proyecto es otra novela juvenil que está ya terminada y que quiero reescribir para arreglar un problema grave que tiene y si logro revivirla, buscar un editor.

Para más adelante, tengo entre los dedos una novela “a la Miyazaki” no diré más.

Me gusta terminar con un apartado de recomendaciones, así que quiero pedirte que recomiendes:

a.                  Un libro (que nos haga viajar en el tiempo)

Pavana, de Keith Roberts, aunque es un viaje lateral, no longitudinal.  

  1. Una película (que haga pensar)

Stalker. Hace poco he participado en un podcast hablando de ella.

  1. Una canción (que nunca faltaría en tu lista de reproducción)

Shine on your crazy, diamond, de Pink Floyd. Es la banda sonora de La aritmética del caos.