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jueves, 22 de marzo de 2018

Biografías ficticias Volumen 5

Presentamos el Quinto Volumen de las biografías ficticias

Guacimar Delahoz

Calamity Jane

Martha Jane Canary-Burke nació en Princeton, Misuri, el Primero de mayo de 1852, siendo la mayor de seis hermanos.
Aprendió a leer y escribir en la Escuela para señoritas de Madame Hildegarde Meunier, hasta que se aburrió y lo dejó.


Sus padres desaparecieron misteriosamente, pero Martha Jane, inasequible al desaliento, se erigió en madre de los cinco hermanos y se los llevó a Montana.
Hechizada por la frontera y la aventura, aprendió a seguir rastros y sobrevivir en condiciones extremas. Aprendió también el manejo de las armas.

Un buen día de 1870 dejó colocada a la parentela y se inscribió en el segundo viaje a la Luna como colono, objetivo que logró gracias al poblado bigote con que la Naturaleza la había dotado.
Una vez en la Luna reveló su condición de mujer y, en lugar de instalarse como residente, se alistó en el Cuerpo de Exploradores, el mismo que acabaría siendo el primer Regimiento en las Guerras Selenitas.

Sus dotes como exploradora la ayudaron a progresar en el Regimiento, así como su magnífica puntería con el mosquete de rayos. De aquella época recibió el sobrenombre de Calamity. Cabe destacar su heroísmo y visión estratégica en la Batalla del Conejo, en la que por primera vez no murió nadie, y en la que se rindieron los selenitas dispuestos a negociar.
Fue al acabar esa batalla cuando el capitán Hicock pidió su mano en matrimonio, para consternación del Regimiento y deleite de la exploradora.
Sin embargo la vida de la colonia no sedujo especialmente a Calamity: poco después dejaba a Hicock y la Luna, y se enrolaba en el Universal Circus de Dragon Bill. Sus dotes de dragonista, unidas a su leyenda como luchadora en las Guerras Selenitas, hicieron de ella un espectáculo de renombre. 


En el Universal Circus acabó sus días, muriendo con el mismo heroísmo con el que había vivido, montando en su dragón y acompañándole en su neumonía final, el Tres de agosto de 1903.

Mikel Villafranca

Juana Azurduy Padilla

Juana Azurduy nació en Toroca, población ubicada en la Intendencia de Potosí del Virreinato del Río de la Plata -hoy municipio de Ravelo, el 12 de julio de 1780.
Sus padres fueron don Matías Azurduy, un rico blanco dueño de muchas propiedades y doña Eulalia Bermúdez, una chola de Chuquisaca. Fue bautizada en La Plata (hoy Sucre, Chuquisaca) por lo que se suponía que nació en esa ciudad. Creció en Chuquisaca y a partir de los doce años de edad se educó en el prestigioso Convento de Santa Teresa de Chuquisaca para posteriormente ser una monja y hablaba tanto el español como el quechua. Debido a su comportamiento rebelde fue expulsada del convento cuando tenía 17 años.
Juana contrajo matrimonio a sus 25 años con Manuel Ascencio Padilla en 1805.
Azurduy y su esposo se sumaron a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 1809 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, levantamiento que culminó a principios de 1810 cuando los revolucionarios fueron vencidos por las tropas realistas que el virrey del Virreinato del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, envió al mando del brigadier Vicente Nieto, condenando a sus cabecillas a prisión y al destierro.
Producida la Revolución de Mayo en la ciudad de Buenos Aires, la capital virreinal, los esposos Padilla se ligaron, a partir de 1811, al Ejército Auxiliar del Norte enviado desde Buenos Aires, para combatir a los realistas del Alto Perú y recibieron a los jefes revolucionarios Juan José Castelli, Antonio González Balcarce y Eustoquio Díaz Vélez en las haciendas de Yaipiri y Yurubamba.
Tras la derrota de las fuerzas patriotas en la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, el ejército del virrey del Perú, al mando de José Manuel de Goyeneche, recuperó el control del Alto Perú, haciendo uso de la artillería aérea a bordo de su flota de dirigibles, y comandando desde su aerobuque insigni “La venganza de Don Carlos”.
Las propiedades de los Padilla, junto con las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas; asimismo, Juana Azurduy y sus cuatro hijos fueron apresados, aunque Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco.

En 1812 Padilla y Juana Azurduy se pusieron a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte, llegando a reclutar 10 000 milicianos, Juana Azuduy resultó herida de gravedad en batalla y perdió la pierna derecha que fue sustituida por una prótesis mecánica.
Producido el Éxodo Jujeño, prestaron colaboración con la retaguardia comandada por el mayor general Díaz Vélez.
La popular entrada de Díaz Vélez en Potosí, el 17 de mayo de 1813, permitió que Juana Azurduy y su familia pudiera reencontrarse con Padilla.

Azurduy organizó luego el "Batallón Leales" que participó en la batalla de Ayohuma el 9 de noviembre de 1813, nueva derrota que significó el retiro temporal de los ejércitos rioplatenses del Alto Perú. A partir de ese momento Padilla y sus milicianos se dedicaron a realizar acciones de guerrillas contra los realistas.

El 3 de marzo de 1816, cerca de Villar (Bolivia), Juana Azurduy, al frente de treinta jinetes, entre ellos varias mujeres, atacó a las fuerzas del general español La Hera, les quitó el estandarte y recuperó fusiles.
Azurduy atacó el cerro de Potosí, aprovechando una revuelta de mineros que ella misma había alentado mediante entradas clandestinas en la ciudad para organizar a los mineros en Sindicatos, tomándolo el 8 de marzo de 1816.

Debido a su actuación, tras el triunfo logrado en el combate del Villar, recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 13 de agosto de 1816. Tras ello, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable a vapor (unido a una caldera de pequeño tamaño que calienta la hoja del sable haciéndolo extremadamente peligroso).

El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la batalla de La Laguna, tras la que recibió una nueva prótesis mecánica, su oído izquierdo, es tremendamente antiestética y por eso la oculto durante el resto de su vida con su larga y morena cabellera, su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte.
El cambio de planes militares, de abandonar la ruta altoperuana para combatir a los realistas afincados en el Perú por vía chilena, disminuyó el apoyo logístico a sus fuerzas por lo que se vio obligada a replegarse hacia el sur, uniéndose finalmente a Martín Miguel de Güemes. A la muerte de Güemes en 1821 se vio reducida a la pobreza.
En 1825 el libertador general Simón Bolívar, luego de visitarla y ver la condición miserable en que vivía, avergonzado la ascendió al grado de coronel y le otorgó una pensión.

Marina González

Jane Austen

Prolífica escritora inglesa famosa por novelas llenos de personajes femeninos y la obligación y presión que tenían para casarse.
No solo plasmó la sociedad en sus novelas, sino también escribió una serie de novelas acerca de la ciencia y de cómo se realizaban los experimentos en los talleres. Para ello visitó multitud de talleres, ferreterías, casas de inventores y aprendices y otros muchos lugares. Viajó por toda Inglaterra y Escocia y parte de Francia y Alemania para saber y conocer más acerca de los inventores y de la ciencia del vapor.
De esta labor de investigación, logró sacar 30 libros sobre el vapor, menos conocidos que las que le hicieron famosas, no menos malas, pero igual de buenas.
Debemos enfatizar que Jane Austin era una mujer culta y de grandes conocimientos científicos y sociales. Quiso cambiar el mundo y lo consiguió. Aunque solo se la haya recordado hasta ahora por sus críticas sobre el matrimonio.
Debemos sacar a la luz sus novelas científicas que explican detalladamente cómo era la ciencia en aquel momento en el que una mujer famosa podía entrar en un taller y que los inventores y su aprendices pararan expresamente su trabajo para firmar “las novelas de sus esposas, hijas o madres” (ninguno reconocería que los libros eran suyos).






jueves, 19 de octubre de 2017

Biografías de ficción Vol. 4

Este juego es uno de los más sencillos que hacemos, su mecánica es sencilla, solo tienes que escoger a un personaje histórico y reescribir su biografia en clave de fantasia de vapor, haciéndote la pregunta como seria la vida de Fulano o mengano en un mundo Steampunk, en esta cuarta edición han salido las siguientes biografías.


TREVITHICK, EL HÉROE OLVIDADO DEL VAPOR.

Hijo de un ingeniero minero cornuallés, Richard Trevithick se vio atraído por la máquina que por entonces estaba siendo un rotundo éxito: la de vapor. Es por ello, que a los 19 años empezó a construir sus propias máquinas.

Mas su más directo rival, James Watt, veía todos sus movimientos, y siempre trató de ponerle trabas en sus innovaciones, usando princip...almente la patente como método para llevarle a juicio. Pero ni aún con estas, el Capitán Dick (como se le conocía a Trevithick por su tierra natal) se rindió.

Las figuras de Watt y Trevithick fueron el Edison y el Tesla de la era Georgiana-Regencia (finales XVIII - principios XIX). Watt contaba con una máquina de vapor de tamaño mayor y más segura (presión atmosférica), además de una empresa que las suministraba a industrias y minas, pero más lenta y de menor rendimiento. Trevithick, por el contrario, construía máquinas más versátiles y pequeñas, además de más potentes (alta presión), pero por esa misma razón más peligrosas (no olvidemos que en esa época se empiezan a mejorar las técnicas de fabricación).

No obstante, sus encuentros en privado con William Murdoch, inventor de un carro a vapor en miniatura, le dieron la idea de poner una de sus pequeñas "puffer" sobre un carro y que anduviera por si sola. Y así lo hizo.

En 1801 construyó una caldera con ruedas y pistón, y en la víspera de Navidad, consiguió subir, junto con otros amigos igual de aventureros que él sobre esta bufante criatura metálica, "Puffing Devil" (Diablo humeante) la Cuesta de Camborne hacia Beacon. Con sumo esfuerzo y sudando tanto los pasajeros como la máquina, alcanzaron su meta, para regresar colina abajo. Por ello, para celebrar este triunfo, marcharon a la taberna local para celebrarlo, pero olvidaron apagar el fuego de las entrañas del carruaje a vapor.

Por suerte, un ingeniero minero que paseaba por allí pudo comprobar el prodigio de aquel invento, justo cuando se le veía resoplando más de lo normal. Cuando comprobó el nivel de agua, vio que ya apenas tenía, por lo que pidió a los paisanos que rondaban por allá que salieran de la zona, debido a la posible explosión que era de ocurrir. Estos gritos llegaron a oídos de Trevithick, que se lanzó cual rayo al sitio de su máquina, con tiempo suficiente para inyectar agua al interior y calmar así los ánimos de la bestia.

Tras liberar algo de vapor a la atmósfera y bajar la presión, Trevithick habló con el ingeniero, y este le propuso usar una innovación que había preparado para sus calderas en la mina, ya que el fogonero era un tipo bastante dado al alcoholismo. Le presentó una tuerca que contenía un poco de plomo en su interior, y tras instruir al Capitán Dick sobre que tal tuerca se colocaba entre el fuego y el agua de la caldera, y de cómo, ante la ausencia de la última, fundía el plomo, liberando la presión de la caldera al exterior y alertando al personal de tal hecho, pero sin peligro de explosión.

Trevithick, encantado con tal innovación, fundó una empresa de construcción de máquinas a vapor de alta presión, y lo cierto es que gracias a la innovación del tapón fusible, pudo crear una nueva patente que desbancaba a la de Watt. Tal fue el éxito, que Trevithic & Co. produjo los primeros carruajes a vapor fiables, además de otros transportes, como locomotoras, tractores, máquinas marítimas... Sin olvidar las máquinas fijas dedicadas a la industria.

Hoy en día, su fama aún retumba en Cornualles, pues se celebra anualmente una carrera de carruajes a vapor subiendo la Cuesta de Camborne hasta Beacon, conmemorando el famoso hito que catapultó a Trevithick a la fama.

Imagen: participantes de la Camborne Hill Competition (Mentira, está obtenido por Internet y desconozco el autor y su título, pero los carruajes están inspirados en el London Steam Carriage, construido por Trevithick en 1803, algo que viene de perlas para imaginar cómo sería la competición en honor al Padre de la Máquina a vapor de alta presión)

(NOTA ACLARATORIA: realmente Trevithick murió en la ruina, y cayó casi en el olvido debido a la sombra proyectada por ingenieros como Watt, Stephenson y demás, pero sus inventos y máquinas ayudaron a otros a tener el camino más despejado. Su "Puffing Devil" realmente reventó a causa de la falta de agua tras la prueba mientras Trevithick y compañía tomaban algo, pero no hubo que lamentar muertos ni heridos. Sus máquinas, a pesar de innovadoras, nunca consiguieron superar las pruebas debido a defectos de fabricación ajenos al diseño y/o falta de interés por parte del público/empresarios)


Aritz Irazusta

MOZAR Y SU REVOLUCION EN EL MUNDO DE LA MUSICA

Mozart fue un gran musico, concretamente, dentro de las áreas de composición y como pianista. Puede considerarse el promovedor de la introducción de las nuevas tecnologías en la música junto con Beethoven.
A diferencia de Beethoven, concentró sus esfuerzos en la mejora del piano y su elegancia. Introdujo grandes tecnologías a vapor en diversos instrumentos y unas cuantas vueltas de tuerca y aceite en la maquinaria del piano. La b...elleza del piano llegó a su perfección con la llegada de Mozart y su intelecto tanto en la composición como en la maquinaria a base de aceites y tuercas.
Tuvo sus desacuerdos con el violín al no poder perfeccionarlo más y por basarse en cuerdas. En cambio, el piano, como era un armatoste, podía introducir sutiles mejoras en las cuerdas y en las teclas.
El mayor fracaso de Mozart (y su mayor vergüenza, según sus propias palabras) fue no poder dotar al piano de vapor. El vapor impide llegar a ciertas notas agudas al tocar dos o tres más teclas a la vez. Pero gracias a sus fracasos (que fueron de todo tipo de índole), 250 años más tarde, otro musico pudo hacer su sueño realidad.
Mozart tuvo mujer, tuvo hijos, tuvo varias mascotas (varios pájaros, entre ellos un estornino, incluso un caballo), pero lo que más amó fue su adorado piano de última generación a base de aceite y de engranajes de color bronce. También amaba pintar los pianos de colores diferentes al negro clásico de los pianos. Quería que fueran como los violines. Colores bronce, colores claros.
Lo que pocos saben es que le encantaba el billar, juego de ocio que nunca pudo mejorar con vapor, porque su truco es según la puntería del jugador. Y él puntería tenía poca, irónico dada su agilidad y manejo de las manos en instrumentos musicales.
En cuanto a su vestimenta, se le podía describir como un David Bowie de la época. Estrafalario, colores que se salían de la norma, maquillaje alucinante, peinados y pelucas estrambóticos, zapatos con taconazos a lo bestia (recordemos que los tacones, originalmente, eran para hombres y con el paso de la historia, se adjudicaron a las mujeres, pues imaginaos a Mozart, como si fuera Lady Gaga, tacones que eran la envidia de sus admiradores hombres), chalecos con tuercas negras y marrones por todas las mangas en diferentes estilos, sombreros con toda clase de adornos (plumas, relojes, tarjetas…), pañuelos con plumas…. Un hombre estiloso en toda regla.
Mozart fue un pionero. Vivió rápido, disfrutó de países, de sus pianos y de sus composiciones, su fama recorrió el mundo entero y sus fans, tanto de la música como de la ingeniería de los pianos, se le echaban encima. Su mujer alucinaba con tales admiradores.
Era como una estrella del rock, pero inventando por el camino. Ya no quedan músicos como él que lleven la música no solo a la creación de composiciones, sino a la mejora de los instrumentos.
Marina González

Olive Oatman, la primera mujer blanca tatuada.

Olive Oatman fue una niña de una familia mormona que en el verano de 1851, se desplazaba con su familia de Utah a California, a causa de un conflicto entre su rama Mormona y la rama principal.
Fue en este viaje cuando todo cambió para ella, pues su caraban fue atacada por Apaches, que mataron a todos. Menos a Olive y su hermana Ann, hechas presas y vendidas por los Apaches a los Mojave, estos famosos por su crueldad y sus Tatuaje...s, símbolos de su poderío dieron un nuevo hogar a las niñas, Ann y Olive pasaron a ser parte de la familia del jefe, para evitar que fueran maltratadas las hizo tatuar en sus rostros.


La tinta azul tomó forma de flechas y líneas en la barbilla de Olive, quien vivió muchos años con los indios, hasta que los Aero cartógrafos de la división de cartografía de ferrocarriles la avistaron en las cercanías a un campamento indio.
El rumor de una esclava blanca en un campamento corrió de boca en boca, y el capitán Nathaniel Crush del 3º de caballería aerotransportada tomó la misión de rescartarla, más por ser un héroe de guerra que por la necesidad de Olive, que al ser adoptada por el jefe gozaba del respeto y el apoyo de los indios.
Ann Oatman enfermo y murió al poco de llegar al campamento, es por eso, que cuando la caballería descendió del dirigible y cargó contra los indefensos indios en una gloriosa victoria solo fue rescata Olive, Y así a la edad de 19 años regresó a la civilización, aterrizando en fuerte Yuma, ataviada con ropas indias,
Después de que el escritor Royal B. Stratton, escribiera en 1857, el libro que narraba las aventuras de Olive Oatman y su hermana Ann, Olive contrajo matrimonio con el ganadero John B. Fairchild, pero su matrimonio fue estéril y no tuvieron hijos, adoptaron a un niño en texas, Olive murió en 1903 a la edad 65 años, con una manifiesta añoranza a la tribu india en la que se crió y fue tan feliz.

Mikel V. Gómez

Todo el mundo sabe quién es Edgar Allan Poe, ese pobre hombre borracho autor de los cuentos de terror más escalofriantes y renovador de este género. Pero yo quise profundizar más en este personaje triste, de cara asimétrica y que portaba siempre un frasco de extraño líquido verduzco.
Así que decidí entrevistarle.
Fui a su apartamento, que no era más que un cuartucho de hospital abuhardillado en un pueblo perdido de los Estados Unidos.
Apenas había luz, salvo algunas marchitas velas. Un maullido del Averno me estremeció cuando penetré en lo que supuse que era el salón. Un par de ojos ambarinos se cruzaron conmigo, y un bufido me hizo dar un paso atrás.
-Tranquilo, es muy bueno. Pase.
No había reparado en él. Estaba esquelético, el traje raído le quedaba gigante, y su cravat se antojaba una horca casera. Le tendí la mano que sacudí con todo el cuidado que pude y, sin que pudiera añadir nada más, me sirvió una copa de whisky.
Apenas quería responderme. Tosía con dificultad y parecía muy enfermo. Pero sí que me confesó la mala experiencia de perder a sus progenitores incluso de antes de nacer. Contrariado, me explicó que sus "padres", los dos artistas de espectáculos ambulantes, eran un mero sustituto de los reales, una copia, un par de fantasmas.
-En ese mundo, -Decía- para ser el mejor tienes que ser eterno, indestructible. Y ellos lo eran. Lo que se marchó con ellos fue el cariño, el tacto. Sus cuerpos pasaron a ser piezas automáticas, metales, tornillos... Recuerdo haber pasado mis primeros años puliendo sus brazos y rodillas. Querían que yo fuera uno de ellos... Pero huí. -Silencio.- Entonces el tren en el que viajábamos reventó a causa de una explosión. Años más tarde sabría que fue porque un cuervo entró en la cabina del maquinista, despistándolo, y provocando la desviación y destrucción. Esos malditos pájaros...
Graj, Graj. Llaman a la ventana. Poe me pide que no la abra bajo ningún concepto, "Son los cuervos, vienen a llevarme..." Bebe. Bebe sin cesar. En un par de ocasiones da dos cabezadas y debo despertarlo. Le pido que me cuente acerca de su mujer, Lenore. Y sé que he hecho mal. Rompe a llorar como un niño desolado y el minino me bufa, restregándose contra él. Me levanto para intentar calmarlo y me fijo en las paredes: todo está empapelado de cuadros de mujeres que, de alguna forma, son todas la misma. Todos en un marco ovalado que produce pavor.
Graj, graj. Me despide. Dice que será la última que nos veremos. Probablemente la última vez que lo vea nadie. Con una suave palmada en la espalda lo animo, cubriéndolo de pelos sin querer.
Cuando salgo apenas brilla la Luna, solo se oye graznar a los pájaros. Y, como si subiera a un carro lunar tirado por las aves, lo veo salir por el alféizar sin miedo, ebrio de gozo.
No sé si reír o llorar, no sé qué hacen los humanos en estos casos.
Me encojo de hombres y me calo el panamá. Al día siguiente descubriría que lo encontraron muerto y perlado de sangre.
Trepé a su habitación y allí estaban todos sus escritos, además de un par de féminas que husmeaban. Mecido por la cólera, me dejé llevar y robé los manuscritos. Al salir, y con dos cadáveres en la lista, un cuervo gritaba:
-Nunca más, nunca más...
Baltimore, 1849, Firma (un manchurrón de tinta gigante con forma de huella de orangután)
M. M.



jueves, 16 de febrero de 2017

Biografías de ficción Vol. 3

En este juego se desarrollan biografías con elementos de ficción de personajes reales. Puedes encontrar las ediciones anteriores aquí y aquí.


Matsuo Bashō (Mikel Villafranca)

Matsuo Bashō nacido como Matsuo Kinsaku (Ueno, 1644 - Osaka, 28 de noviembre de 1694)
Fue el poeta más famoso del período Edo de Japón. Durante su vida, Bashō fue reconocido por sus trabajos en el Haikai no renga (俳諧の連歌).
Está considerado como uno de los cuatro grandes maestros del haiku; Bashō cultivó y consolidó el haiku con un estilo sencillo y con un componente espiritual, pero también escribió varias series de poemas dedicados a las máquinas, más concretamente a las calderas novedosas que permitirán hacer mejores aleaciones. Su poesía consiguió renombre internacional, aunque su poesía sobre maquinas a Vapor quedó eclipsada por el cuerpo mayor de poemas más espirituales dedicados a la naturaleza, y en Japón muchos de sus poemas se reproducen en monumentos y lugares tradicionales.
Vapor mueve
Mazo, hierro plegado
Alma de samurai
Este es talvez el poema de esta serie sobre máquinas de vapor más famoso, en el se ve como el Matsuo se conmueve al observar como un enorme mazo a vapor golpea el metal con el que el herrero está forjando una katana, plegando el metal sobre sí mismo una y otra vez para hacer una mejor hoja.
De esta misma serie es este otro dedicado a sistema de poleas y barriles que permite subir el agua de una forja para templar el metal, para regocijo del herrero que ve su trabajo mucho más llevadero.
Rueda agua
Mueve, silva hierro
Herrero canta.
Bashō empezó a practicar el arte de la poesía siendo muy joven, y más adelante llegó a integrarse en el escenario intelectual de la capital, para llegar a convertirse rápidamente en una celebridad en todo Japón. A pesar de ser maestro de poetas, en determinados momentos renunció a la vida social de los círculos literarios y prefirió recorrer todo el país a pie, viajando incluso por la parte norte del Archipiélago, un territorio muy poco poblado, para poder encontrar fuentes de inspiración para sus escritos, tales como parajes naturales, o turberas y arroyos de montaña donde podía ver algunas de estas maravillosas invenciones a vapor o maravillosos paisajes naturales.
Bashō no rompe con la tradición sino que la continúa de una manera inesperada, o como él mismo comenta: "No sigo el camino de los antiguos, busco lo que ellos buscaron". Bashō aspira a expresar con nuevos medios el mismo sentimiento concentrado de la gran poesía clásica. Sus poemas están influidos por una experiencia de primera mano del mundo que le rodea y, a menudo, consigue expresar sus vivencias con una gran simplicidad. Del haiku Bashō había dicho que es "sencillamente lo que sucede en un lugar y en un momento dado".



Vincent van Gogh (Ángela Ramos)
NOTA DE LA AUTORA: como la vida y obra de Vincent van Gogh es más que conocida, he decidido sacar a relucir una de las cartas que el pintor mandaba a su hermano Theo, las cuales se han recopilado, entre otras formas, bajo el título de "El pájaro enjaulado". Esta en concreto data de tres días antes de su muerte.
Entiéndase que este es tan solo un granito de los días postreros de la vida del artista.
26 de julio de 1890, Auvers-sur-Oise, Francia
Querido Theo,
¿Qué tal va todo? Espero con todas mis fuerzas que la suerte te sonría mucho más de lo que me mira a mí.
Te escribo esta carta desde la desesperación. No sé qué hacer ya. Creo que volveré al sanatorio pero, ¿por qué? No estoy loco, ¿verdad? Quizá sí, mi estimado hermano, ¿piensas qué lo estoy? Decías qué mis cuadros te transportaban a otro mundo. Y así es.
No lo digo en un sentido metafórico, Theo. Tenías razón.
Cada lienzo es una ventana a un universo alternativo. Ayer mismo comprobé como en ellos hay vida. ¡Cuánto te hubiera gustado conocer aquellos paisajes, aquellos seres!
¿Tienes en mente la pintura de aquellos campos amarillentos y sepiaceos? Allí hablé con los hombres cera. Hombres anchos, de trazo grueso, espesas cejas y claros ojos. Trabajan cultivando espigas y arando la tierra. No hablan nuestro idioma, sino que emiten unos extraños sonidos guturales y silban a la tierra a medio verdear para moverla. Son fantásticos, como nada que hubiera visto hasta ahora. Se alimentan de sopas de líneas finas, beben del recuerdo de las nubes.
Pero no solamente están los hombres cera, hermano.
Si miras bien, verás que los girasoles son en verdad muchachas dormidas, acurrucadas en sus tiernos capullos. Pero hay que tener cuidado con ellas. Jugarán contigo porque así es como entienden el amor. Te darán collejas, te harán la zancadilla y; cuando estén cansadas, se plegaran con sus faldas amarillas y sus cabellos castaños a dormir en el tallo brillante.
También sumergí mis pies en la arena donde varaban las barcas de Saines-Maries. Sentí el calor de junio en mi nuca y una tristeza sofocante. Allí se erguían, junto a las embarcaciones, las mujeres-vela. Jamás vi nada similar. Estaban crucificadas a los mástiles. Las gasas que cubrían malamente sus senos en punta hacían las veces de velas. Sus dedos se afanaban por desenterrarse de la grava, y su rostro estaba cubierto por un tremendo dolor. Me era imposible moverme. No podía hacer nada por salvarlas, nada por eliminar su imagen agria de mi memoria.
¡Oh, Theo! ¡Y aquella no fue la más horrible de mis visitas!
De repente estaba en la Habitación amarilla, arropado hasta los dientes por una manta roja, que no era roja, sino hecha de claveles cosidos. Me miré al espejo y vi mi reflejo más roto de lo que nunca antes he estado. Llamaron a la puerta.
En el cuadro no se puede ver. Pero están llamando todo el rato. Con suavidad y firmeza. Sin parar. Te prometo que, aunque yo al principio creí que era un fantasmagórico sueño, todo lo que pasó después fue real. No dudes de mis palabras.
Me decidí a abrir la puerta, no sin cierto temor.
¡El cielo de la más bella noche estrellada se presentaba a mis ojos! No había nadie.
Volví un paso más atrás, de vuelta a la habitación. Ahí estaba todo. Oliendo a café de ayer.
Contemple de nuevo el cielo colmado de candores brillantes, y una figura se acercó a mí.
Quizás la palabra correcta sea que «flotó» hacia mí. Porque iba desplazada por la niebla de mayo.
Era una dama joven. De piel blanca (no sonrosada como la humana), pupilas azules y una melena plata que ondeaba. Portaba un collar perlado magnífico y el resto de su cuerpo estaba oculto por una tela cerúlea y marina. Comprendí que era la Luna quien estaba ante mí. Sus pequeñísimas manos tocaron mi rostro, palparon el lóbulo de mi oreja izquierda y se detuvieron sobre mis párpados. Lloraba. Primero ella y luego yo, contagiado por su angustia.
No recuerdo nada más, si es que lo hubo. Solo que me dejó en la capilla que pinté en el cuadro y que desperté exhausto y con el estómago tan cerrado que no he podido probar bocado en estos días.
Es posible que lo achaques a mi mal llamada enfermedad. La que me permite descifrar otras realidades, la que me ha descubierto sueños eternos.
Puede que haya sido todo una pesadilla.
No lo sé.
Quizás sea por mi última recaída. Otra vez pensando en que mi obra es inútil y nunca guardará mi memoria. Moriré en el silencio.
No lo sé, Theo.
Vuelvo al sanatorio. Envíame tu respuesta allí.
Un abrazo,
Vincent van Gogh
PD: la Luna me sonrió y, antes de partir, me dijo al oído: "tu color dibujará el futuro"


Robert Schumann (Cecily Cogsworth)
¡La Máquina, la máquina!
Conocí a Robert Schumann durante los últimos 2 años de su vida. Todo que sé de él viene de las muchas conversaciones que mantuvimos cuando yo era enfermera de noche en el asilo para enfermos mentales del Herr Doktor Franz Richarz en Bonn.
Nunca escuché su música hasta oír los Kinderszenen en un concierto bastantes años después de la muerte de Herr Schumann en 1856.
https://www.youtube.com/watch?v=Fdms6u7fXF8 *
Solo vivió 46 años y me comentaba que comenzó sus estudios musicales a los 7 años. Ya a los 14 años escribió un ensayo sobre la estética de la música que a mí me gustaría leer y aunque fue obligado a estudiar la abogacía durante varios años, en realidad la vida de Robert Schumann dedicado a la literatura, a la música…
y a Clara, su dulce esposa.
Hasta el 1840, sólo compuso música para el piano, el bendito y maldito piano, pero en aquel año, cuando por fin pudo casarse con la mujer de sus sueños, compuso algunas de las más bellas canciones jamás escritas
https://www.youtube.com/watch?v=AwZFrb-mt8I **
Su matrimonio con la dulce Clara, una de las mejores pianistas de su generación, produjo ocho hijos. Solo pudieron casarse luego de un juicio acrimonioso instigado por el padre de ella. Lógico, en realidad. La gran parte de los ingresos de Friedrich Wieck vino de lo que cobraba su hija por los conciertos que tocaba por todo Europa.
Sé que Robert Schumann nació en Zwickau. Es difícil imaginar en Zwickau, el hombre melancólico quien yo conocí, paseando por las calles abarrotadas de los carros automáticos que caracterizan esta ciudad minera. Desde luego, si hay un avance de tecnología en el mundo, seguramente lo encontrarás en Zwickau. A mí, me da cierta repelús, imaginar las calles tranquilas de una ciudad germana convertidas en reductos de maquinaria llena de resortes y engranajes, el cielo nublado por malolientes humos, y todo para llenar los bolsillos de los industrialistas. Por lo que me han contado, los trabajadores que mantienen en marcha los colosos metálicos, viven en un estado lamentable, sin poder aprovechar de estos milagros de los tiempos modernos.
Supongo que es ahí donde encontró Robert los prototipos de aquella máquina maldita. Parece que los músicos son capaces de hacer lo que sea para mejorar su técnica y capacidad de interpretación.
Yo no puedo decir a ciencia cierta de dónde vino la idea usar la máquina, una prodigiosa combinación de latón, madera y muchos engranajes que presumía fortalecer los tendones de los dedos tercero y cuartos de la mano derecha - si lo había escuchado mencionar en una tertulia, o si intentaba hacer la competencia como pianista a su prometida, una auténtica niña prodigia...ella, la dulce Clara.
Lo que sí puedo asegurar es que hasta el último día de su vida, Robert Schumann tuvo pesadillas donde gritaba-¡La máquina, la máquina!
Terribles noches,aquellas, cuando Herr Schumann hablaba y hablaba durante horas para mantenerse despierto. Hablaba de su viaje a san Petersburgo cuando acompañaba a la dulce Clara en una gira de conciertos, de la novela que él escribió a los 16 años, de las aventuras de sus hijos cuando eran pequeñines todavía.
Hasta hoy día me acuerdo de sus nombres: Emil, Marie, Elise, Julie, Ludwig, Ferdinand, Eugenie, y Felix. Ninguno vino a visitar su padre durante los últimos 2 años de su vida. Ni tampoco ….ella, la dulce Clara.
Sé que luego de graves depresiones, Robert Schumann intentó abarcar una carrera como director de orquesta y en 1850, llegó a ser nombrado director musical en Düsseldorf, pero el pobre hombre era un director pésimo, inspirando hasta compasión en los críticos y una rebelión entre los músicos de la orquesta.
En una ocasión me confiaba él que en dos veces había intentado suicidarse. La primera vez después de la terrible epidemia de cólera de 1833, en que murieron su hermano Julius y su cuñada Rosalie.
La segunda, durante el las celebraciones de Carnaval en 1854, fué cuando Robert Schumann pidió el ingreso voluntario en el sanatorio donde murió 2 años más tarde. Siguió componiendo en el sanatorio, aunque casi todo sus obras fueron destruidos por orden de… ella , la dulce Clara.
Que sepa yo, solamente sobrevivió una obra que escribió Robert Schumann durante estos tiempos cuando yo le conocí, los Cantos del alba
://www.youtube.com/watch?v=weJcyE1AWes ***
Herr Schumann, artista consumado, vivió por sus dos amores, el piano, y...ella, la dulce Clara.
Escribió un concierto magnífico para ...ella, la dulce Clara.
Lo escuché hace poco. Es una obra que hace vivir y saborear la época cuando fue escrito,
https://www.youtube.com/watch?v=Nh07vG6EdRg ****
https://www.youtube.com/watch?v=vAFaqm3YmyE
¿Qué más puedo decirles sobre Herr Robert Schumann? Detestaba Wagner; consideraba su música pretenciosa, igualmente detestaba la música de Lizt. Amaba la lectura de nuestros grandes autores germanos como Schiller, Goethe, Jean Paul y Heine. Se inspiraba sobre todo en la naturaleza y la vida familiar. Fue creyente en el espiritismo.
Vino a verle por fin, dos días antes de su muerte..su dulce Clara. Él ya no pudo hablar y la verdad, ni sé si Robert Schumann reconoció la mujer elegante se sentaba a su lado durante 15 minutos.
https://www.youtube.com/watch?v=a2N7ycBfLzo
* Para mí, ningún pianista consigue expresar la melancolía tierna y austera de esta obra como sir Clifford Curzon
** La grabación es en vivo, del recital donde Fischer-Dieskau hizo su debut en el Festival de Salzburgo en 1956
*** Es muy difícil imaginar las condiciones en que Schumann escribió esta partitura.
****Esta interpretación legendaria fue grabado en el 1948, poco después que el solista, Dino Lipatti recibió un diagnóstico de linfoma de Hodgkins. Lipatti murió 2 años más tarde, a los 33 años.



Eduard Munch (Rafael González)
No hay muchos personajes en la historia que hayan sufrido el mismo nivel de incomprensión y frustración vital por los que tuvo que pasar Eduard Munch. Algo que se está logrando paliar en la actualidad, aunque solo en parte, gracias a iniciativas como la capilla aún inconclusa en Oslo, o la creación de la cátedra de óptica interdimensional en la Sorbona. Por supuesto, las contribuciones del señor Munch son conocidas ahora por la práctica totalidad de los habitantes de la Tierra. Pero al pensar en cómo era nuestro mundo antes de que se valoraran en su justa medida los logros del genio noruego, no es raro considerar que se ha producido un cambio revolucionario. Un cambio digno de considerar que estamos siendo testigos de una nueva era.
La azarosa vida de Eduard Munch tuvo como fuente principal de su pesar la enfermedad que entonces llamábamos tuberculosis, y que hoy día se conoce como Síndrome de Munch. Las memorias que redactó poco antes de su desaparición nos han dejado un nítido cuadro de dolor por las prematuras muertes de su madre y su hermana, que la dureza de carácter paterno nunca ayudó a aliviar. Quizás, como él mismo elucubró, la familiaridad del médico militar con la muerte le había endurecido tanto como para olvidar que su hijo no era un soldado y necesitaba ayuda para sobrellevar el duelo. Un trauma del que la mayor beneficiada fue la humanidad, pues la obsesión de Munch por la tuberculosis le siguió hasta la escuela de ingenieros de París.
Es necesario recordar que, en aquellos años, la enfermedad se achacaba en exclusiva a malas condiciones de salubridad y a una alimentación deficiente. Contra ello, el remedio que acostumbraba tener mayor efecto solo estaba al alcance de quienes disponían de una economía saneada: la estancia en un balneario. Aire vivificante, cuidados médicos continuos y una dieta sana. Y para los potentados surgieron los sanatorios volantes, esos gigantes que viajan en torno a las grandes cordilleras europeas para proporcionar a sus viajeros semanas y meses de tranquilidad lejos por completo del mundo. Pero incluso el más fastuoso de esos remedios no dejaba de ser una solución temporal, ya que las recaídas eran muy frecuentes y la salud de cualquiera que la padeciese quedaba debilitada de por vida.
Es por eso que resulta sencillo entender por qué se centró Munch en la aplicación médica de la ingeniería. En sus memorias recuerda con nostalgia las noches pasadas en vela, repasando planos de máquinas con las que esperaba replicar el efecto de purificación ambiental de un balneario. Desvelos que fructificaron en bombas de aire tan eficientes, que aún hoy se usa su diseño en minas y factorías. Sin embargo, al joven Munch le resultaron insuficientes; pues su empeño se había ido centrando en crear un filtro capaz de bloquear el paso de las partículas que portaban la enfermedad. En su mente soñaba con habitaciones donde el aire siempre estuviera limpio de miasmas, que podrían ubicarse en iglesias y ayuntamientos para dar servicio a jóvenes y ancianos enfermos. Atendidos por autómatas, sanarían a muchos de los que, por su condición social, estarían abocados a morir por falta de recursos.
Ese interés le condujo hacia la óptica. Los avances en microscopios y telescopios, unido a los postulados de energías invisibles para el ojo humano, le llevaron a pensar que podría diseñar un equipo capaz de percibir la presencia de partículas nocivas en el aire. En algunos de los diseños que se conservan, es visible el «detector de impurezas» que pretendía instalar. Así pues, investigó las propiedades de distintos cristales minerales y comenzó a experimentar fabricando lentes que contenían distintas proporciones de esos cristales: cuarzo, berilio, amatista, aguamarina... Trabajó con monturas de gafas de lentes superpuestas, para probar combinaciones de diferentes ópticas, siempre con el mismo resultado: negativo.
Por suerte para todos nosotros, su espíritu no se doblegó ante esos obstáculos y siguió experimentando hasta septiembre de 1882. Según cuenta él mismo, ese día se pudieron contemplar en París las auroras boreales más espectaculares de la historia.
«Me encontraba probando una serie de lentes mixtas, para las cuales había usado fluorita y barita en su composición, cuando mi laboratorio se vio envuelto en llamaradas de colores brillantes que entraban a raudales por la ventana. Al norte, por encima de Notre-Dame, la aurora boreal había prendido en el horizonte con el fuego de los dioses y su belleza me arrebató por completo. Dejé todo y corrí a la orilla del Sena, para verla mejor desde el Puente Real.»
Al día siguiente, al retomar la tarea inacabada, Munch hizo un descubrimiento sorprendente: mirando a través de aquellas lentes seguía viendo su cuarto como la noche anterior. Afectadas por la increíble energía emitida por la aurora boreal, «el mundo se me mostraba con un colorido intensificado, aunque distorsionado». Asombrado por semejante maravilla, probó suerte con varias combinaciones de lentes hasta lograr la imagen más intensa posible. Supuso que esos colores correspondían a energías invisibles del espectro, pero ignoraba a cuáles en concreto y la utilidad que pudiera dársele, así que lo mantuvo en secreto hasta que diera con la respuesta.
El propio Munch confiesa que, durante unos días, las gafas constituyeron su entretenimiento y casi una fuente de diversión. Las llevaba siempre consigo, y aprovechaba cualquier ocasión para comprobar el efecto de las que empezó a denominar como lentes boreales. Buscando pautas en la manera en que veía las llamas del fuego, la luz de un farol, de las estrellas o la luna. Algo que le pudiera orientar sobre qué aspecto oculto del universo se le estaba revelando.
Una respuesta que, como todo en la vida de Munch, le llegó de forma traumática. El día en que visitaba a un amigo, muy debilitado por la tuberculosis, y quiso animarle mostrándole la maravilla de las gafas. Él mismo dejó constancia de lo ocurrido de una forma insuperable.
«Para que supiera cómo funcionaban, me las puse yo en primer lugar. Y entonces, al mirar hacia él, descubrí con horror una presencia a su lado. Un ser pálido, de miembros famélicos, que se abrazaba a él como una amante deseosa. Pero cuando levantó la cabeza en mi dirección, lo que vi fue la mirada de un demonio. Incluso los colores de la sala los rehuían, formando un vacío de negros a su alrededor en el que el mundo mismo se retorcía, ofreciéndome una imagen monstruosa.»
Aquel día, Munch vio por primera vez a un íncubo. Con el tiempo, y tras múltiples observaciones, pudo relacionar la presencia de estos seres con la tuberculosis hasta estar seguro de que eran los responsables de la misma. Y fue en este momento cuando debió afrontar las mayores frustraciones de su vida, pues la explicación a tal descubrimiento no era fácil de aceptar por el resto de los hombres de ciencia: que aquellas lentes le daban acceso a un espectro del mundo que, como poco, podía considerarse fantástico. Y lo que ahora sabemos, que las auroras boreales son portales hacia el mundo de los espíritus, Munch debió hacérselo entender a una sociedad de descreídos.
Por desgracia, los profesores con los que intentó hablar para que le ayudasen a demostrar su postulado le rechazaron sin más. Pero quiso la fortuna que se cruzase con otros genios más receptivos: los hermanos Lumière. Buscando la manera de demostrar el potencial de las lentes boreales, acabaron por desarrollar la cámara espectral; gracias a la cual lograron plasmar por primera vez imágenes de esas criaturas que habíamos relegado a las leyendas y los cuentos infantiles, además de obtener instantáneas del mismo alma de quien se ponía frente a su objetivo. Un éxito que tardó en ser reconocido, pues las fotografías presentadas en una exposición resultaron escandalosas para el público. «Vampiro», «Ansiedad», «El artista y su modelo», «Pubertad» o «Trabajadores de vuelta a casa» mostraban al público una realidad incómoda para el espíritu de aquellos que creían que la ciencia había desentrañado ya los misterios de la esencia del universo.
El último capitulo de sus memorias nos desvela que había empezado a plantearse la posibilidad de combatir a los íncubos para erradicar la tuberculosis, o encontrar la manera de purificar la sangre de los enfermos de la ponzoña que les inoculan. Una tarea que se entremezclaba con el temor que estaba desarrollando a represalias de los íncubos, pues era obvio que su invisible presencia había sido descubierta. Pero desapareció a principios del siglo XX, sin que se sepa a ciencia cierta qué le sucedió, poco después de publicar su tratado «de las posibilidades de las lentes de fluorita y barita, tratadas con alta radiación boreal». Un legado que, junto con la colección de fotos que había realizado, llamaron la atención de Koch y otros científicos; de modo que en menos de una década las lentes boreales se volvieron comunes para descubrir la presencia de entes perniciosos en los hogares de los enfermos y en los sanatorios mentales. Permitiendo que alcanzásemos esta era de la medicina en que nos hemos librado de males para los que nunca creímos tener cura.


Gilgamesh  - Jose Castro del Alamo
Para conocer la Biografía de Gilgamesh, hay que transportarse hacia el 2700 o incluso cien años después, en el 2600 a.C. para encontrarnos con la persona histórica que protagonizará más tarde, entre algunos otros textos, la denominada Epopeya de Gilgamesh. 
Al parecer, fue rey de Uruk, estuvo interesado en el mantenimiento y la prosperidad de la ciudad, y se interesó por su engrandecimiento, construyendo para ello una muralla que la protegiera, y diera límite. Este hecho, aunque pueda parecer simple, no lo es. Conocer el límite de algo es definirlo, describirlo, y diferenciarlo del resto. Es lo que discrimina entre el orden y el caos, o si lo vemos desde otra perspectiva, es lo que marca la diferencia entre el gobierno de Gilgamesh, y lo que se encuentra fuera del orden y de su jurisdicción. Teniendo en cuenta que Gilgamesh consiguió la gloria de ser un gobernante ejemplar, cualquiera se queda fuera de las murallas de Uruk, donde cualquier contratiempo nefasto pudiera suceder. Mejor arrimarse a la zarza de Gilgamesh, rey de Uruk, jefe de la asamblea de ancianos de la primera ciudad-Corte, autónoma, donde los ciudadanos ejercen órdenes y son ordenados, que quedar a la intemperie, donde un león pueda darte un zarpazo, o un nómada buscando fortuna, arrase con tu cuerpo en busca de qué llenar sus bolsillos. 
Dice la leyenda, que Gilgamesh no consiguió la inmortalidad, al final de todos sus periplos. Pero yo he encontrado una tablilla, en una parte lúgubre, donde la gente disfruta de un humanismo oculto, ya que obtienen piezas que no pueden enseñar a nadie, ya que proceden del mercado negro, en donde se da un giro, por llamarlo de algún modo, a la versión de la Epopeya que conocíamos hasta hoy.
En este nuevo documento, inscrito en cuneiforme paleobabilónico, Gilgamesh obtiene al final de zambullirse en el Mar Eterno, una preciada planta, que no otorga la inmortalidad, como le dijo Utnapishti, sino que permite trasladarse, como el Sol, y como las rápidas y odiosas crecidas del Tigris y el Eúfrates, en el espacio y, si lo decimos en parámetros actuales, en el tiempo —ya que la concepción del tiempo en babilónico arcaico no es igual a la nuestra, no hay tiempos verbales, es otra cosa más compleja—. Así, Gilgamesh consiguió, según expone esta tablilla, ver lo conocido y lo desconocido, además de ver lo que pasa y lo que pueda pasar. Estuvo presente al ayudar al Santo Pablo, cuando dijo que era ciudadano romano, y pusieron cara de temor los soldados que le habían azotado; estuvo ahí cuando Ramón Llull recibió una visión, por la cual debía exponer su conocimiento de la fe verdadera en catalán, y no en latín. Y lo que más le preocupó, fue cuando contempló con sus ojos, y sintió con su sangre y su carne, como unos artilugios provocaban mediante el movimiento de unas tuercas, y la sacudida de una gran bocanada de aire de humo, que un caballo de hierro, o un gusano, había arrebatado el trabajo a los carros de guerra, decorados y suntuosos, que tanto costaba fabricar, y que tanto valor tuvieran, dando prestigio a quien los dirigiera con mano de hierro. Percibía que este mundo nuevo no valoraba lo que antaño era de oro: las murallas ya no protegían ni diferenciaban nada, sino que estorbaban y se tiraban; las calzadas se abandonaban; y los jornaleros ya no medían el tiempo por el paso del circulo solar, sino que la agricultura se había relegado a ser una fábrica sin techo; los pastores no tocaban la flauta, ni rendían culto a sus ancestros ni a los dioses por la buena manada de este año, en cambio, decidían llevar sus rebaños a unos recintos donde comían abundante y dormían, estabulados de forma perenne. 
Este nuevo documento, no ha cambiado la moraleja que guardaba la relación de tablillas que los sabios del acadio han traducido para nosotros al sermo vulgaris—que cuando trabajan parece que está reunido un sanedrín discutiendo sobre la Torá—. El paso del tiempo y el valor humano es lo que cierra esta tablilla: según el colofón del escriba, Gilgamesh, harto de viajar y contemplar siempre lo mismo, pero con distinta apariencia, decidió poner fin a su existencia dejando de viajar. Así, sin usar la planta mágica, conseguiría que el polvo que le molestó cuando fue alumbrado por su madre, fuese lo último en que se convertiría. Lo tenía, al igual que Alejandro Magno, todo premeditado y no dejó nada al azar. Cuando se acercaba la hora de su muerte, empezó a escribir en latín, lengua que le enseñó Ramón Llull: tempus fugit. Así, termina el relato de la tablilla que he encontrado, discreto lector, así acaba la biografía de Gilgamesh, señor de la ciudadela de Uruk, querida lectora.


Ludwig van Beethoven - Marina González
Gran músico y célebre y revolucionario creador del violín a vapor (su aporte evitó que las cuerdas se rompieran y ensangrentaran las manos de los artistas).
Es el último gran representante del clasicismo vienés del engranaje, consiguiendo trascender la música del Romanticismo del gasoil a un nuevo nivel más potente con la introducción de los robots creados a base de cachivaches y simple metal dorado.
Su producción incluye los géneros pianístico del vapor de termas (treinta y dos sonatas para piano), de cámara a base de violines a vapor, concertante con pianos y violes a vapor y con un maravilloso robot con 32 brazos; sacra (dos misas de órganos con metal refundido del submarino del capitán Nemo y un robot con alta inteligencia en poder afinar tal órgano) y orquestal, con instrumentos de viento, cuyo funcionamiento mediante engranajes son bestiales, entre otras obras.
Su familia era de clase baja, pero ya daba muestras de un gran talento y gran inventiva en la mejora de instrumentos musicales y con gran pasión por la creación de nuevos instrumentos (aunque todos explotaban al intentar darles mas potencia para que sonara mejor música, nunca se dieron cuenta que las mejoras que introdujeron ellos en los ya existentes eran las mas perfectas y posibles). Desde que el abuelo de nuestro músico empezó con el negocio de las mejoras, siempre le tuvieron mucha envidia a Stradivarius, todo el mundo decía que sus violines eran perfectos por la madera, pero la razón verdadera se debía a un simple aceite robado al mismísimo Beethoven con el que usaba para mejorar el engranaje de los violines y que era considerado el mejor en el mundo (y que era lo que necesitaban realmente los violines de Stradivarius, no por la madera, que todo el mundo sabe es mala, venga de donde venga)
Uno de los mayores sufrimientos del artista fue quedarse sordo, por eso, exigía a sus robots que mamporrearan fuerte los tambores y que engrasaran los violines con mucho aceite (de ahí que los invitados a sus conciertos temieran entrar y desnucarse, había una capa que cubría todo el suelo del teatro literalmente y fue tema de broncas con su familia al avisarle de que no tendría tantos fans de su música, hecho inverosímil, ya que el aceite del suelo se convirtió en símbolo de los conciertos de Beethoven)
Beethoven murió como vivió: a lo grande. En su lecho de muerte gritó un alegato a favor del aceite en los engranajes y nuevas mejoras en los clarinetes (instrumento que siempre se le resistió al aceite), pero nadie logró llevar a cabo tales mejoras. En su funeral, le rindieron los mejores honores enterrándole con el primer violín con engranajes de oro y plata para demostrar el valor de su música y de sus aportaciones a los instrumentos.


jueves, 4 de febrero de 2016

Biografías de ficción Vol. 2

En este juego se desarrollan biografías con elementos de ficción de personajes reales.

Theremin: el hombre que susurraba al espacio (Ángela Ramos)


San Petersburgo acogió el nacimiento de un gran físico, León Theremin, en 1896. La atracción que le generaron las múltiples oportunidades de las ondas electromagnéticas  de la radio es palpable en su vida y obra. Si a esto le sumamos su pasión por la música,  veremos como eclosionó con la creación más conocida, el instrumento que llevará su nombre: el theremín. Pero aún no es momento de hablar sobre su invento más conocido.

A Theremin también se le recuerda como a uno de esos modernos Prometeos, un amago de un Frankenstein decadente.  Para entenderlo, no hay más que ver la buena relación que había entre él y Lenin, a quién llegó a hacerle una demostración de su instrumento. El mismo líder de la URSS le motivó a dar varios conciertos.
El compositor era tan amigo suyo que cuando Lenin murió en 1924 pidió el cuerpo para aplicarlo un particular método de resurrección: este consistía en una primera fase de congelación para después administrar al cuerpo electricidad. El comunicado oficial reza que el experimento nunca llegó a llevarse a cabo, mas lo cierto es que este sí que llegó a celebrarse, solo que los resultados fueron tan nefastos que darían para escribir una novela tan gótica y tan terrorífica que sería un sacrilegio y una aberración para el alma.
Solo os diré que la única ayudante que participó en el experimento se quitó la vida al albor de aquella noche fatídica.

Theremin pudo devolverle la vida a Lenin, aunque hubo un error, un desastroso error. La noche moscovita cortó la corriente eléctrica. Aquello provocó que el cuerpo de Lenin cayese en un estado de agitación que descolocó al melómano científico. El laboratorio se llenó de sangre y gritos. Lenin respiraba agitadamente y sus cuencas viraban de un lado a otro, perdidas. Aquellas cóncavasviscosas miraban a Theremin, y de Theremin a la enfermera. Esta se acercó a Lenin para tomarle las constantes vitales, mas poco pudo hacer. La desconexión sonó como el estallido de un bomba de las de la Gran Guerra. Comenzaron los espasmos y los violentos ataques. El físico trató de resolver el problema, pero era demasiado tarde: la sangre manaba como en el mejor relato de realismo mágico por oídos, boca y nariz del antiguo líder. Theremin desconectó todos los aparatos y extrajo en una horrible operación el cerebro del que había sido un buen amigo; pues todo el mundo sabe que para este tipo de experimentos de resurrección es necesario que el cerebro se mantenga intacto. 

Sin embargo, Leon Theremin esconde otras muchas facetas tan interesantes -o más- que la de científico loco. 
upo aprovechar su llamativo instrumento para desarrollar su labor de espionaje. Allá donde iba de gira situaba nodos de información que hacían de este hombre un verdadero quebradero de cabeza. Moscú tuvo en él a un gran camarada de la patria, pues fue uno de los pioneros en instalar arcos de seguridad y otros sistemas de alarma en la prisión de Alcatraz. Ganó discípulos, entre los que destacamos al figura femenina de Clara Rockmore. Jugó algunos años a ser vendedor de aparatos novedosos e inútiles que tendrían éxitoapenas unos meses. en 1938 abandonó EEUU para volver a su país. 

A pesar de los increíbles esfuerzos que hizo para favorecer a al URSS, fue aprisionado en el gulag de Kolyma y llevado posteriormente a una sharaska tras su "liberación". En este laboratorio-cárcel de mejores condiciones que el gulag colaboró y trabajó codo con codo con Tupolev y Korolev, padres de la aeronáutica y la astronáutica soviéticas. 

No dejó de sorprender al mundo con su experto dominio de las ondas, y fue el terror de Stalin cuando desarrolló un sistema que permitía grabar conversaciones a distancia a partir de las vibraciones de los vidrios de las ventanas. 
Ya es hora de hablar del instrumento que llevaría su nombre, el theremín, que creó en 1919 y que fue uno de los primeros instrumentos electrónicos, con la peculiaridad de que no se tocaba físicamente: el sonido se manipulaba a raíz de la posición de las manos, la cual era detectada por antenas, lo que podrucía un impresionante efecto. 
Con el fin del stalinismo, Theremin fue relegado de su labor de espionaje y se centró en las infinitas posibilidades que tenía. Aquel instrumento, aparentemente inofensivo, sentó las bases de una carrera de visionario que llegaría más allá de nuestras fronteras. El comienzo de los sesenta le llevó a que una mañana cualquiera se encontrase a su theremín interpretando de forma autómata. Le costó algunos años percatarse de que aquellos sonidos repetitivos eran las letras de un mensaje, un mensaje que le rogaba: Toca para el espacio, Theremin.
Y Theremin tocó, sin llegar a saber a ciencia cierta si sus notas llegaba a propagarse por las Vías, las estrellas y demás planetas ajenos a la Tierra. Su música viajaba con ese toque melancólico, haciendo las delicias de los oídos extraterrestres que tenían en Theremin a un gran ídolo de masas. A los 97 años de edad falleció, allá por 1993.

Hay pocas personas que continúan ululando el theremín; y dicen que, en esas noches donde la dulce tristeza reina, se puede escuchar en las estrellas al hombre que susurraba al espacio.
 
Sun Tzu – El Arte de la Guerra en el siglo XXI. (ChristoffV)
También conocido como Sun Zi, su nombre real se perdió durante las guerras, pero debería ser algo así como QI20??S??N????, que es el código de registro de los nuevos “humanos”. Es un general oriental, netrunner y científico; quien fue activado alrededor del año 2040, aunque después de la hora cero esta fecha no es precisa.


Ensamblador del Arte de la Guerra, un ciberlibro en el que están encriptados las rutinas de combate y estrategias de asalto más efectivas hasta el momento, consiguió esta información navegando en la red durante dos días y accediendo a las ciber-bibliotecas de grandes corporaciones, en las cuales logro rescatar información que se creía perdida en los anales del tiempo y adecuarlas a las estrategias de combate modernas.
Inició su trayecto como un navegante novicio en los laboratorios a cargo de la corporación Qi pero luego este laboratorio paso a manos de la corporación Wu y le fue implantado un chip de un personaje histórico al inicio de sus procesos, rápidamente mejoro sus sistemas de invasión y obtención de información logrando avanzar su perfil a netrunner ingresando a la guerra virtual, fue absorbido por la corporación Wu la cual es administrada por el núcleo Helü. Bajo la protección de esta nueva corporación paso a formar parte de las filas contra los netrunners de otras siete corporaciones conocidas como Zhao, Qi, Qin, Chu, Han, Wei y Yan. En conjunto estas ocho corporaciones conforman el bloque oriental y mantienen una barrera virtual conocida como la Gran Muralla de Oriente con el resto del mundo.
En sus primeras misiones fue encargado de acceder a toda la información posible de al menos una corporación, sin embargo su logro fue mayor al lograr una red de espionaje efectiva capaz de obtener información de todos los navegantes y netrunners que poseían las otras siete empresas de oriente, esto atrajo las miradas de estas empresas considerándolo una amenaza inminente. Fue primero Qi la que decidió poner un alto a sus movimientos, la batalla tuvo lugar en la zona matricial de Wu la cual Sun Tzu conocía a la perfección, aplicando las directivas de su libro logro interferir comunicaciones entre el ejército de hackers que intento destruir las defensas de Wu, en un movimiento muy arriesgado, Sun Tzu decide enlazar una IP propia con la del general de Qi y logra descargar un virus que termina por destruir su ciberenlace a la red provocándole la muerte real. Esta fue una técnica que se creía extinta gracias a los sistemas de seguridad y aislamiento que se habían logrado desarrollar, sin embargo los códigos y rutinas que logro encriptar en su libro le permitían atravesar esos bloqueos con cierta facilidad.
Al poco tiempo, Wu logro dominar a Qi lo que disparó las alarmas entre las otras seis corporaciones. Sun Tzu estaba logrando balancear la guerra a favor de una corporación, la guerra en las calles era inminente. Con esto el mundo oriental entro en una crisis del miedo orquestada por Sun Tzu y peor aún es que su principal logro, La Gran Muralla de Oriente estaba perdiendo fortaleza.
Las escaramuzas de Wu eran efectivas, pero de corta duración, mientras que muchas otras batallas iniciadas por sus enemigos duraban días completos, cosa que debilitaba gradualmente la mente de los ciber guerreros. Sun Tzu estaba logrando dominar rápidamente el campo de batalla oriental, mientras seguía también planificando su escenario pos guerra.
Desde el inicio del conflicto ya han transcurrido 2 años, estamos en el año 2047 Wu tiene una posición de ventaja relativa frente a las otras corporaciones las cuales han declarado un cese al fuego entre ellas, en las calles la tensión se corta con un simple murmullo y la red se ha vuelto un sitio inhóspito. La Gran Muralla ha sido agrietada y algunos netrunners de occidente han logrado entrar a las fortalezas de oriente, esto manipulado por las tropas del general Tzu, a cambio de información y dinero han logrado crear un ambiente de cizaña entre los mandos medios de netrunners en todo oriente. Cada uno busca un responsable y aunque Sun Tzu es uno de los principales sospechosos, se consideran otros.
Poco a poco el concepto de Gran Muralla ha ido desapareciendo y estos mercenarios de occidente más que una amenaza se han vuelto una oportunidad para pequeñas batallas, quienes han considerado estoy tienen los recursos adecuados han visto los frutos de la guerra a su favor, mientras que otros han sucumbido. Otro de los planes de Sun Tzu ha conseguido cuajar finalmente haciendo un sitio de acceso a las mentes salvajes venidas del otro lado del mar.
(Web del autor:  http://el-grimlock.deviantart.com/ )
Aunque en el mundo “normal” estas guerras ya no generan el impacto que años antes si tuvieron, la posibilidad de derrocar a alguna de las corporaciones de oriente es un premio bastante grande para unos pocos. Esta guerra ya ha cobrado muchas vidas y el número empezará a crecer exponencialmente sino se pone un freno o hay un ganador pronto. Para este escenario ya había una planificación en marcha. La gran diferencia entre las corporaciones de oriente y los extranjeros es que unos ya estaban allí y otros tuvieron que entrar por algún sitio, una de las estrategias era poder tener un control de este nuevo ejército que lentamente estaba inundando oriente, Sun Tzu les dio la oportunidad de ingresar, pero su costo fue, ser codificados dentro de esta gran muralla, así como un emperador años atrás les pago enterrando a sus constructores como cimientos de la misma, Sun Tzu los tenía donde quería, reunió a su nuevo ejército y preparo su propia guerra, aún estamos a la espera del resultado y son pocos los que se aventuran a llegar al lado del general Sun Tzu. Será este el nacimiento de un nuevo control mundial o el futuro nos tiene deparada alguna sorpresa, algún día lo sabremos.
Fin de la transmisión.

 
Gottfried Semper  (Por Eric Ronnen)

(Hamburgo, 1803 - Dresde, 1850), arquitecto civil y primer presidente de la República de Sajonia.

Nacido en el seno de una familia de Hamburgo que pudo costearle una buena educación, el joven Semper demostró un vivo interés por las ciencias exactas, las cuales estudió en la universidad de Gotinga hasta los 22 años. Esta base le permitió viajar más tarde a Munich, donde obtuvo el título de arquitecto bajo las enseñanzas de von Gärtner, el cual le recomendó ante el afamado Franz Christian Gau, quien le tomó como discípulo en París en 1826. Allí además tomó interés por la ingeniería civil, maravillado por el complejo sistema de alcantarillados del que disponía la ciudad, y que más tarde en su vida supondría un hito ineludible de la biografía de este personaje. Según recuerda Semper en sus memorias, “la estancia en la capital abrió sus ojos a un mundo que desconocía, uno de sofisticación y crudeza a partes iguales”.

Probablemente, este último punto quedó grabado en sus recuerdos debido a la destructiva Revolución de Julio de 1830, la cual lanzó a la capital a un mes y medio de caos absoluto y que se saldó con la muerte de varios miles de ciudadanos que protestaron violentamente contra la monarquía. Aunque Semper no participó en la revuelta, ciertamente ésta influyó en él, y fue el inicio de su compromiso político, el cual se materializó desde el momento en que obtuvo una plaza como profesor de arquitectura en la Escuela Independiente de Alta Enseñanza de Dresde. El clima político reinante en la ciudad del Elba, joya cultural e industrial del reino de Sajonia, le permitió poner en común las ideas republicanas traídas de Francia con muchos intelectuales de su época, siendo elegido con poco más de 31 años, en 1834, miembro de la Junta Cívica. Semper contrajo matrimonio dos años después con Wilhelmina Heubner, con la cual tuvo dos hijos, ninguno de los cuales llegó a cumplir los 12 años, falleciendo a causa de una epidemia de fiebre escarlata en el invierno de 1848.

La floreciente ciudad, que en 1836 sufrió la muerte del rey elector Anton, y su sucesión por su sobrino Johann, supuso una serie ininterrumpida de oportunidades para el arquitecto, que empezó pronto a labrarse un nombre con una de sus obras más recordadas, la Sinagoga de Dresde, inaugurada en 1840, a la cual siguió un año después la que a día de hoy se considera una de las obras maestras del neorenacentismo germano, el edificio de la ópera, que quedó unido a su creador con la designación popular de Ópera Semper.

El ahora asentado y renombrado arquitecto pasó en esta época por una nueva crisis debido a acontecimientos ajenos a su control, aunque en esta ocasión éstos sucedieron a gran distancia de él, al menos en sentido físico, no así emocional: el gran incendio de su ciudad natal en 1842, supuso, en sus propias palabras en una carta a su maestro Gau ese mismo año “el repentino convencimiento de que sus obras, Dresde y todo lo que en ella había habrían de ser un día pasto de las llamas para desaparecer [...] sin dejar rastro”. Semper viajó de vuelta a Hamburgo para ayudar a la reconstrucción con sus diseños, y volvió 7 meses después de Dresde con nuevas ideas que propuso aplicar allí para evitar la desolación que venía de presenciar. El río Elba, se dijo, cruzaba ambas ciudades, y se podía aprovechar para protegerlas. Rápidamente contactó con expertos en hidráulica de las distintas instituciones científicas locales para elaborar un ambicioso proyecto para dotar las calles y plazas con sistemas de bombeo que permitieran traer el agua hasta cotas mayores y distancias considerables, cubriendo todas las zonas posibles con una red de tuberías y estaciones direccionales para dispensar agua fluvial a alta presión en los focos incendiarios antes de que éstos se expandieran lo suficiente para resultar incontrolables. A lo largo de los siguientes 6 años, Dresde fue recibiendo, no sin diversos impedimentos y varios rediseños, lo que desde entonces fue conocido de manera colectiva como el Canal de Semper. Paradójicamente, estas defensas fueron usadas precisamente para evitar que un fuego de otro tipo bien distinto se apagara.

Alentada por las distintas demostraciones que tuvieron lugar en casi todos los estados germánicos, Dresde también tuvo su propia revolución en 1849, conocida como el Alzamiento de Mayo. Numerosos miembros de la Junta Cívica, entre ellos el propio Semper, exigieron al monarca la aceptación de una constitución que transformaría el estado en una monarquía parlamentaria real, a diferencia de la existente, la cual estaba fuertemente supeditada al soberano. Éste se negó, ordenando sin éxito a la guardia de la ciudad que tomara presos a los revolucionarios, ya que el cuerpo municipal se puso de parte de éstos. El rey elector Johann se vio así obligado a recurrir al ejército, lo cual hizo que la situación escalara rápidamente, involucrando a la población, que comenzó a formar barricadas al comprender que podían ver frustrados sus anhelos, reflejados en la actuación de los representantes civiles, si los militares tomaban la ciudad.

Sin embargo, ciudadanos de una de las barreras improvisadas que no ha podido ser determinada con exactitud debido al desconcierto reinante, ante el avance de las tropas, decidió contraatacar aprovechando las defensa hidráulicas: modificaron los sistemas de bombeo de manera apresurada para que apuntaran, no a los edificios, sino a las calles, y repelieron sistemáticamente la que consideraban como una invasión. Las noticias rápidamente se extendieron, y otras barricadas empezaron a replicar estas actuaciones. De manera inesperada, el Canal de Semper se convirtió en la mejor defensa de la ciudad, lo cual sorprendió enormemente al propio arquitecto, que nunca hubiera pensado, como reconoció en el tomo inacabado de sus memorias, que pudieran usarse de esta manera. Ante la imposibilidad de los soldados de superar las barricadas, el Rey Elector Johann cedió a la abdicación a los tres días.

Semper fue designado como presidente provisional de la república que fue proclamada inmediatamente por petición popular, aunque tras los meses iniciales decidió continuar su servicio público en la Junta Civil, sintiendo que se sentía más cómodo pudiendo contribuir a una escala más reducida. Aún ostentaba su puesto en el consejo municipal cuando en una noche de diciembre de 1850 un grupo de antiguos defensores del viejo régimen le capturaron en la calle. Sabiendo de sus intenciones y aún muy afectado por la muerte de sus hijos sólo dos años antes, no opuso resistencia, como más tarde saldría a la luz. El propio Semper pidió únicamente ver una vez más el edificio de la Ópera, que siempre fue su obra más querida, antes de morir. La petición sorprendió tanto a sus verdugos, que accedieron, ejecutándole de un disparo sobre el puente de Augusto, desde el que cayó contemplando la reconocible silueta nocturna del edificio, cuentan, sin cerrar los ojos hasta que las heladas aguas le hicieron desaparecer.