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jueves, 7 de diciembre de 2017

Animales hidráulicos

El último juego literario de este año es el que puedes leer bajo estas líneas, un binomio fantástico que esperamos que sea del agrado de los participantes y de los lectores.

"Existencia de los animales hidráulicos"

Ahora, gracias a la tecnología al vapor y a los avances de los dos últimos siglos, podemos indicar que los animales, tanto tecnológicos como naturales, han evolucionado a lo bestia, incluso mas que nosotros.
Un ejemplo de ello son los lagartos, que antes eran pequeños, verdes y sin alas pegados al suelo y ahora lucen gloriosos con más de 12 metros de largo y unas alas hermosas a vapor y tuercas a golpe de inventos y mejoras.
...
Otro ejemplo es el de los elefantes, que pueden ser pequeños con un paso por la cámara a vapor frío con un toque de nitrógeno. Bendito será el vapor frío con nitrógeno, que como sabéis, ha podido minimizar animales tan grandes como los elefantes.
Y si echáis al vapor frío una gota de oro puro condensado al vapor, conseguiréis lo contrario, un animal gigante (como en el párrafo arriba mencionado de los lagartos)
Pero lo mejor son las anécdotas de los animales que vienen a continuación….
Gracias a los lagartos voladores, hemos podido viajar más rápidos y mejor que con los zeppelines y los trenes. Y con un despegue impresionante e increíble sin movimientos bruscos. Los lagartos son los dragones que siempre imaginamos pero más bonitos con esas alas metalizadas. Eso sí, las alas hay que revisarlas una vez al mes para comprobar que el sistema a vapor y el agua están en sus niveles óptimos.
Por otra parte, no olvidemos la cantidad de alimentos y utensilios que nos dan las gallinas en versión extragrande. Las cáscaras de sus huevos grandes han sido descubiertas como un nuevo material perfecto para crear saunas y casas donde fluya el vapor mejor y como mejores almacenes para resguardar los metales de la humedad.
No nos olvidemos de los pequeños elefantes que pueden transportar un peso que dobla el suyo gracias a los refuerzos en sus huesos con un nuevo bronce (como Lobezno pero en elefante) y con un sistema de vapor en los mismos que refuerzan sus músculos y que pueden ayudarnos a transportar las semillas a los cultivos de los enanos y duendes.
También debemos indicar que los metales utilizados en los animales son perfectamente adecuados para los animales y que los sistemas a vapor que mejoran sus características físicas también son adecuados a los mismos y no les suponen sufrimiento alguno.
Por ultimo, no olvidemos lo que disfrutan los animales al introducirles los complementos (solo hace falta ver a los animales alados para comprender su pasión por el vuelo y las alturas), lo que las connotaciones éticas, al principio mayoritarias por toda la población en su casi 100% (menos los científicos) han sufrido un retroceso. Aparte de que no se les hace mutilaciones ni los animales sufren dolores en la implantación de los arquetipos.

Marina Gonzalez

Sin titulo
- Señor Almirante, los dragones ha comenzado a colapsar.
- ¿Qué quiere decir con colapsar?
- Al alejarse del planeta, tanto las alas como el timón de cola han empezado a fallar. Se encuentran pocos siguiendo la ruta. Hemos perdido a varios, y los demás están cayendo.
- ¡No puede ser! Los dragones han hecho mil veces el trayecto de la Tierra a la Luna!

- Señor, sospechamos que se deba a la hidráulica. Hasta entonces sólo se había probado en dragones oceánicos. Me refiero a los... dragones mecánicos, señor. Debido a la huelga, es la primera vez que los mecánicos se emplean para el espacio. Y creemos que las articulaciones se han visto afectadas. La gravedad y el frío, señor. Los dragones vivos no se ven afectados. 
- Llame al ministro. Es urgente que apruebe los complementos que exigen los dragones. Parece probado que los dragones mecánicos sólo sirven para sobrevolar la Tierra. Maldita sea! Póngame con el ministro!
- Señor, sí, señor!
El Almirante caminó unos pasos sobre la cubierta soleada del zepelín, murmurando para sus adentros:
- Nunca te fíes de la hidráulica, nunca.
Guacimar Delahoz, Viandar, diciembre del 17


Lord Peet

(Aportación de Victoria Van Lis)

Caballos de vapor
Por Eric Rohnen

Eminencias del Comité Censor,

Escribo esta carta para interceder en favor de una de las más brillantes alumnas de la institución que presido por designio de la Corona. Han de saber ustedes que la señorita Caballero ha obtenido las mejores calificaciones en todas las asignaturas de automática desde su ingreso hace cuatro años. Proviene de una familia humilde y como tantas otras de nuestras internas fue identificada por sus dotes durante su formación elemental por la Misión Educativa de la Orden de Jesús, también dependiente del Comité.

El talento de Felipa ha supuesto una agradable sorpresa para nosotras tanto como para ustedes, entendemos. Aceptamos su desarrollo de un caballo autómata como un hito de calado para el país, y respetamos la decisión del Comité de requisar los planos como bien de interés nacional de cara a ponerlo al servicio de la ciudadanía. Ahora bien.

Han de saber no obstante que la señorita Caballero no tenía en mente el uso de su obra con el fin de sustituir a ninguna noble raza equina en las labores de tiro o de fuerza. Es de toda lógica que nunca se alcanzaría el mismo nivel de eficiencia que empleando, para labores similares, las bestias de la Creación. Su intención al replicar en forma y comportamiento a estos animales fue la de experimentar con la emulación de una consciencia no humana como parte de un proyecto personal tutorizado por mí misma. Afortunadamente vivimos en tiempos modernos y esto ya no se consideraría una herejía, o al menos esa es mi esperanza, eminencias, más que quizá en las estepas de Oriente donde los caballos conservan una posición ritual muy arraigada.

Al margen de la simulación, Felipa decidió dotar de libertad a su “caballo de vapor”, nombre que afectuosamente sus compañeras le asignaron, pretendiendo hacer un juego de palabras, a pesar de que el autómata funciona, como es de rigor, mediante un mecanismo de cuerda. Éste no aceptará ningún tipo de bozal o brida, ni tirará de un carro o un arado. La señorita Caballero eligió como modelo de comportamiento a los caballos salvajes, y no les recomendaría que trataran siquiera de ensillarlo.
El ejemplar que ha sido requisado, por el momento el único construido, había pasado todas las fases de pruebas físicas y lógicas. Sus especialistas de la Academias de Técnicas Aplicadas podrán verificar la existencia de un proceso de consciencia artificial corriendo en la matriz de platino de Rocinante tan pronto lo reactiven. Espero sin embargo que mi carta llegue antes de que lo intenten, puesto que han de saber que éste ha formado un vínculo fuerte con Felipa y sin su presencia es posible que no logren controlarlo sin sufrir daños, lo cual ciertamente sería una lástima, por el caballo y por los encargados de reactivarlo, por supuesto.

Por ello en su lugar solicito la devolución del autómata y la apertura de un proceso de adecuación de cara a simplificar los diseños en su haber actualmente. Sería un reto para las alumnas de segundo curso de la siguiente promoción de automática desarrollar una nueva versión que mejor pudiera servir al pueblo, sin la profundidad de carácter mencionada y un enfoque más funcional que la actual, la cual ruego que consideren una curiosidad académica. Por supuesto, espero para ello una generosa dotación económica para financiar la colaboración, siguiendo el espíritu de las últimas leyes en materia científica promulgadas por Su Majestad el Rey.

Sepan también que en ningún momento ha sido intención del Colegio ocultar la existencia de este proyecto al Comité Censor en su labor de catalogación e identificación de tecnología potencialmente útil para el Imperio. A su debido tiempo hubieran sido debidamente notificados, y lamentamos que la información les haya llegado a modo de filtración, dando a entender un mal interés o deslealtad alguna. Más bien al contrario, desde la institución que presido les agradecemos a los miembros de la Orden de Jesús que constantemente encuentren, por todo el territorio, a nuevas potenciales alumnas que ayuden a llevar tan relevantes materias como las que aquí enseñamos a nuevas cimas, elevando con ellas, esperamos, el prestigio de la nación.

Teniéndoles en mis oraciones, un atento saludo,

Lucía Montalvo
Directora del Real Colegio de Ciencias Exactas
Paseo del Imperio Ibérico
Madrid

Una acción radical
Por Mikel V. Gómez
(Este relato continua la historia narrada en campos de Chatarra)

Los parpados le pesaban tremendamente, y el cuerpo le dolía, fingía estar bien, pero en silencio, dentro de su diminuta y lúgubre clínica, gritaba en silencio, la angustia y el dolor le cegaban.

El contenedor de obra volcado hacia de tejado para el pequeño zulo oculto, la camilla y el material mecánico se agolpaba en la estancia en estanterías de hierro retorcidas, la estufa de carbón estaba encendida calentando con dificultad la estancia.

M4rx miro al cojeante doctor, si el antiguo sindicalista, ahora líder de la resistencia, hubiera tenido lacrimales habría llorado, pero como hombre de metal que era, hierro, latón, tuercas y tornillos... no disponía de esa función, no obstante sus faros oculares se atenuaron, y una porción de humo de humo salió de los conductos de evacuación faciales, colocados bajo los faros y encima de la trampilla de alimentación.

El Doctor Zimmerman dejo de contenerse, -No me mires así -le espeto, - Tu sabes por que estoy aquí.
El líder revolucionario miro al renqueante doctor que caminaba en círculos, rodeando la camilla, ahora vacía. - Doctor, todos valoramos mucho todo lo que has hecho- Dejo escapar un destello de sus focos- Yo se lo mucho que has sacrificado, allí en la ciudad y aquí en la marca.
El desnutrido doctor contemplo su rostro en el roto espejo que estaba clavado a la pared del refugio, las ojeras invadían su rostro, el hollín manchaba su cara, y su frente había ganado muchos centímetros de terreno. Abrió el grifo de la cisterna, el herrumbroso caño dejo caer un hilo de agua, introdujo las manos en el, mojando apenas los dedos, y con ellos se refresco la cara.

-Tenemos que hacer algo- Grito,- Yo no puedo salvarlos... Yo no puedo, yo no...- La melancolía teñía la voz del doctor.

M4rx se cruzo de brazos, sopeso una idea en su cabeza y por fin tras un silencio que duro varios minutos, con el cansado y tullido medico dando círculos y haciendo aspavientos, hablo- Confió en ti.- entonces sin decir más palabras salio de la estancia.

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El sonido en el taller se produjo con viveza, martillazos, remaches, el soldador, la maquina de escribir y la copiadora no paraban de dar notas en la canción discordante que el Dr. Zimmerman producía en su consulta.

M4rx estaba preocupado y tras dos días entro, lo que contemplo fue al doctor extasiado, con una sonrisa demencial donde sus ensangrentadas encías, y su piel amarillenta por los metales disueltos en el agua, junto con su febril locura sujetaba en sus menudas y nudosas manos a una criatura que batía sus hidráulicas alas, su pico se abría y cerraba entorno a la herrumbre, los tornillos y piezas de metal descartadas, que había en una lata vacía que hacia las veces de comedero, entonces soltó a la bestezuela mecánica, y la gorda paloma voló por la estancia, ascendió hasta llegar al techo y revoloteo con fuertes movimientos hidráulicos, finalmente se intereso en M4rx.

-Cuidado- Advirtió el doctor, pero era tarde, la cloaca del animal se abrió y de el se desprendió un liquido caliente y gris, que al dar en el hombro de M4rx se dejo una mancha, este la toco con sus dedos y la mostro al doctor- Solo es Zinc.

Con el excemento de zinc en la mano, volvió a observar la sala, toco una pila de papeles plegados que en su visita anterior no estaba allí.

Tomo un tríptico, lo miro con cuido y leyó en voz alta.- Manual básico de mantenimiento y reparación para personas de metal.- Miro al doctor y señalando a la paloma de metal, que descansaba sobre un estante casi desvencijado.- ¿Por que has creado eso?- Su voz si hubiera tenido un diferenciador tonal habría revelado curiosidad, pero sin dicho aparato era casi neutra.

-La paloma es un símbolo de esperanza- Dijo el doctor, y mirando la cara interrogante de su interlocutor, que le escrutaba con los faros faciales y dejaba entre ver una expresión de reproche en su ranura de alimentación, añadió- Además hecho de menos tener una mascota.

Devolvió su atención hacia los trípticos, leyó, esta vez mentalmente, uno de los numerosos puntos- Reparación de cicatrices mediante soldadura- y mirando de nuevo al doctor y con lo que podríamos denominar alegría mecánica, Pregunto- ¿Pensé que estaba prohibido enseñar a las personas de metal a curarse?

-Esta es mi acción Radical.

Animales hidráulicos
Por Ángela Ramos
-Amo, acaban de llegar los invitados.
-Hazlos pasar. ¿Está todo listo?
-Sí, señor.
-Excelente.-Se sacudió una mota de polvo de su toga y se giró para recibir a los recién llegados.
-¡Materno! ¡Cuánto tiempo, por Zeus! ¡Te ha encanado la barba! –Un hombre bajo que ocultaba su estatura bajo unas plataformas ocultas por la tela dio unas palmaditas en el hombre al regente de la Villa. 
-Yo también te echaba de menos, Teofrasto. –Se pasó las manos por el cabello blanco e hizo ademán de que pasaran a la estancia. Tras ellos, un séquito de esclavos y damas veladas les seguían con diligencia y en silencio.
-Han llegado maravillas a mis oídos, Materno, sobre extrañas criaturas que crías en tu Villa… Yo no lo he creído, ¡por Zeus! ¿Cómo tendrías hijos de Quimera entre tus paredes? –Río con sorna.
-Es probable que todo lo que hayas oído por boca de esclavos y eunucos sea cierto, incluso me atrevo a decir que escaso, querido Teofrasto, -Rodea su hombro con el brazo sin mangas- ¡Ven, ven y empapa tus  ojos de mis creaciones! –Lo hace pasar a una sala cubierta de mosaicos a modo de espiral que provocan a su acompañante ganas de vomitar.- No quiero enfurecer a los dioses, mas creo que esto es digno de salir del taller del mismísimo Hefesto, ¡contemplad! –Invita al resto de la comitiva. El esclavo prende las lámparas de aceite y, entonces, se ven orbes brillar en la penumbra.
-¿Qué-qué es eso?
Un sonido como de chapoteo comienza a agitarse, las mujeres se abrazan atemorizadas y los sirvientes tiemblan intentando retroceder. Ante ellos se erige una gigantesca poza que recuerda a las termas y, en ella, se mueven con cierta elegancia unos seres alargados y oblongos, con un largo y fino cuerno que sale de su cabeza como una protuberancia. 
-¿Qué son? –Teofrasto se agarra a la toga de Materno turbado. Hace varias reverencias seguidas y murmura plegarias a Poseidón antes de que su amigo le interrumpa.
-No, amigo mío, no son hipocampos ni los animales que llevan a las Nereidas ni sirvientes del señor del Mar. Estas bellezas –se acerca al agua, de la que sale un vapor blancuzco, y frota la frente de uno de esos seres peciformes- sino producto de mi intelecto y destreza. Acércate, no te harán nada a menos de que yo se lo ordene.
Toma los dedos de Teofrasto y los coloca con cuidado sobre la testa de uno de los bichos. Está caliente, burbujeante, parece que se escucha un latido constante (como una válvula). De repente, bufa y deja escapar más humo por un agujero en su espina. El senador se aparta asustado y cae sobre las teselas con un ruido hueco.
Una de las féminas se ha desmayado y los esclavos tratan de reanimarla. Materno ayuda a levantarse a Teofrasto y estalla en una risa dionisíaca.
-Estos, amigo mío, son (como me gusta llamarlos) narvales hidráulicos.

jueves, 13 de abril de 2017

Viaje de papel

El evento literario/gráfico para el blog de este mes es un juego del tipo "Binomio fantástico". Participar es muy sencillo: sólo hay que aportar un texto o una imagen inspirados por la expresión "Viaje de papel".



Ángela Ramos

“Las cortinas se abren y saluda un nuevo día. Hoy me visten con el traje de exploradora, salakot incluido. Será un día divertido.
Mamá ya ha hecho el desayuno y papá pone los platos de papel. Me hacen tomar leche machada de los vasitos coloreados. ¿A dónde me llevarán hoy? Las gigantescas manos que controlan todos mis movimientos me sacan de casa. El salakot se cae, el folio es un material inestable. Nuestra diosa me deposita en su regazo y coge un libro enorme. Cierro los ojos y comienza el viaje.
Me sube a un entre con una sola ventanilla. El cielo es azul con motas blancas. Suena la locomotora y se pone en marcha. Ya he estado en la ciudad de la torre roja. Oigo varias voces alrededor. ¡Ah, viejo amigo Fog! “Buenos días”, “¡Buenos días””, me inclinan la cabeza a modo de saludo. Nos montan en el tren de nuevo. Oigo sin escuchar la conversación dictada por la diosa. Miro a William y me encojo.
Llegamos a un barco que cruza un mar en 2D. Me quitan mi traje y me ponen una escafandra un poco grande.
El mar no hace ruido, los peces ni se inmutan. Tenemos que entrar en un submarino. Dicen a lo lejos “¡Será un viaje de 20000 leguas!” Suspiro. Una travesía tranquila… ¡Oh, espera! ¿Qué es aquello? ¡Un gigantesco monstruo con tentáculos! La diosa lo mueve a través de una pestaña. Un caballito de mar pegado a un palo de polo nos rescata. El submarino sube y baja con parsimonia. Del capitán solo vemos su cabeza por el buey de mar.
Salimos a superficie, despedimos a la tripulación y, aún con escafandra, subimos a u globo aerostático que eleva la mano de nuestra dictadora. Sustituye la aparatosa ropa de buzo por un lindo vestido amarillo con lunares y un sombrero con un lazo, mi favorito. Pero el viento inexistente, vil y cruel, lleva mi sombrero lejos. Me pintan lágrimas y, de repente, un señor identificable ataviado como un aviador e una bicicleta extraña lo recupera. Lo impulsa una pajita, lenta cual oruga. ¡Qué amable caballero”
Bajamos del globo a tierra firme, a una pradera con flores y, bajo un árbol, tomamos el té. Las tazas son muy planas, pero nunca les falta infusión. Los bizcochos y las tartas están mejor.
Nos coge en sus delicadas manos y, flotando, llega la noche. Es hora de volver a casa. Fog recalca que el recorrido ha durado menos de 80 días y todos nos alegramos.
Por fin vuelvo a mi casa grande y cómoda. Doy un besito a mamá y papá y me depositan en la cama. ¡Qué día tan cansado! Apagan la luz y duermo”.
“-¡Cariño, la cena ya está lista! –Se oye a lo lejos.
-¡Ya bajo! –Una chiquilla pálida y de cabello escarola tostada apaga la lámpara del cuarto y despide a su casa de muñecas de papel”
Una voz femenina lee en voz alta. Un hombre de barba espesa blanca sonríe satisfecho. La mujer cierra y el libro y los dos se van a dormir. En la portada puede leerse: Viaje de papel.





Marina González

Viaje de papel a través del tiempo y del espacio


¿Qué es la invención humana sino el invento mejor guardado de la humanidad?
Eso pensó el decimoquinto acompañante del Décimo Doctor Who, el cual, desde que tuvo que dejar a su amor verdadero en la Tierra por problemas espacio-temporales con un doble suyo con un solo corazón que podría vivir con ella una vida humana, tenía la mala suerte de que los siguientes acompañantes murieran todos en extrañas circunstancias (y ya eran tres salvando a la primera que era su amor).
Por lo que el decimoquinto decidió tomar cartas en el asunto.
¿Cuál es la mejor solución para evitar su muerte? Crear su propia Tardis.
Y creó la más perfecta maquina de viajar a través de tiempo y del espacio que jamás un terrestre creó.
Pero no funcionaba. El truco de la Tardis era que funcionaba estando el Doctor consciente.
Pero en este caso la maquina del tiempo-espacio del decimoquinto acompañante era todo de metal: sus engranajes, su perfecta caldera a vapor, su asiento reclinable para los visitantes, su caldera de aceite de repuesto… todo en unos colores magníficos dorados y cobres.
Tras mucho divagar, estuvo a punto de preguntarle al Doctor cómo mejorar la maquina, pero supondría que se enfadaría. El Doctor siempre le tenía dicho que viajar en el tiempo y el espacio era una cuestión de seres superiores como los de su raza. Que los humanos estarían preparados para viajar en el tiempo por su cuenta cuando fueran más responsables. Y si viajaban a través de él era gracias al Doctor, ultimo espécimen de los suyos (en ese momento le gustaba autodenominarse espécimen).
Por lo que buscó por su cuenta diversos métodos, más materiales, aleaciones nuevas de cobre, hierro, metal, nuevos diseños de la maquina… Pero sin resultado.
Y de la forma más tonta, consiguió que funcionara. Solo le hacía falta un mapa de papel impreso con todos los lugares de la galaxia y con parte de la Tierra e incrustarlo en el salón de mandos de su máquina del tiempo.
Y consiguió poner en marcha la maquina del tiempo. Lo malo de la misma es que el mapa no era totalmente preciso, porque el pobre acompañante no se había interesado lo más mínimo de la geografía del espacio exterior. Podía viajar perfectamente a lo largo del tiempo, pero no en el espacio. Visto desde la distancia viajar en el tiempo de primeras es un logro, peor para el acompañante no, se convirtió en una obsesión.
Y no lo consiguió. El Doctor tenía razón.
¿Qué paso? Que el mapa se incendió al encender la máquina y saltar una chispa al papel.
El pobre hombre acabó perdido en un planeta de los confines del universo. Lo gracioso es que no podía volver porque la maquina estaba estropeada y ese planeta estaba vacío, en ruinas y no había nadie. Se notaba que una de dos: o los habitantes del planeta se habían muerto todos por una guerra o se habían largado a otro por una guerra. Y NO TENIAN PAPEL. No lo habían inventado. Por lo que el acompañante se quedó en ese planeta solo sin poderle pedir ayuda al Doctor.
Pero es aun más gracioso el hecho de que este acompañante rompiera la maldición de las muertes de todos los acompañantes del Doctor. Aun hay más, el Doctor conocía los planes del menda porque tonto no era y conocía al dedillo a todos sus acompañantes tras pasar muchas aventuras con ellos.
El Doctor le dejó expresamente en el planeta para que aprendiera la lección. Realmente no fue dejar, sino no ayudarle.
Si tan listo era como para inventar una máquina similar a la Tardis, sería capaz de arreglarla.
Aún así no le quitaría ojo por si acaso.





Madame Eloise

Aristoensueño

Mapa, libro, diario, billete... Con un dedo trazo sobre el mapa el recorrido de mi viaje de papel, aquel que nunca haré y sólo sueño, enclaustrada en mi casa de campo, reconfortada por el sol de primavera y la suave brisa perfumada que se cuela desde el jardín por la ventana. El mundo es demasiado peligroso y complicado para un ser tan frágil como yo, pálida como el mismo soporte sobre el que escribo mis desvaríos, esos que tan bien se pagan.
Ensueño que voy en tren desde el apeadero, al que he llegado en mi plateado caballo eléctrico, hasta la Estación Central de Terápolis. Por la ventanilla contemplo el ir y venir de los obreros especializados y los diseñadores de deseos, algunos adustos y elegantes, otros fornidos, destaca también alguno diferente y estrafalario, de los que modifican su cuerpo y se recrean a sí mismos. Ellos me compran el fruto de mis elucubraciones, y las de muchos otros, para construir el mundo que llegará a ser algún día. Todo acabará siendo justo como queremos, si el Futuro lo permite, esa es la esperanza.
Sin salir de la estación, subo a la plataforma que me lleva directa al drombús y, en él, de camino a los exóticos lugares que siempre quise visitar. Cualquier lado se me antoja tan distante... Empero, flotando en este suave vuelo y en mi clara imaginación, no sufre mi delicada anatomía.
Llego pronto a Nueva Persia, donde las maravillas cristalinas y geométricas florecen bajo la implacable radiación aprovechada por ellas, surtiendo al mundo de energía. Como setas gigantes, las torres fotoeléctricas son el orgullo de la nación, faliformes contra el cielo casi blanco por el excesivo brillo. El esplendor de antiguas civilizaciones renace entre sus arenas insoportables, candentes y resecas, de manos de sus universidades-convento. Allí está prohibido todo misticismo y distracción: sus entregados estudiantes y maestros depuran el conocimiento venga de donde venga, hasta llegar a la dureza de la Matemática pura, su única religión, si puede considerarse así. Su entrega y dedicación no tiene parangón en ningún rincón del Universo.
Desde allí vuelo a Indoasia, el gran vergel, semivacío tras la Gran Emigración al Planeta Lejano. La gente más pobre que se hacinaba, y es extraño imaginar tan gran extensión de tierra superpoblada, en esa porción del continente, vio su oportunidad cuando se descubrió un nuevo planeta habitable y el modo de llegar hasta él, y partieron todos a repoblar otras tierras e intentar prosperar... Ahora, abandonada a la Naturaleza, las selvas y sus criaturas vagan a su placer, estudiadas por algunos científicos aventureros que se atreven a internarse en su mundo de verdor sin límites, calor y agua, mosquitos y fieras. Perderse sería un hecho cierto de no ser por los localizadores subcutáneos, que nos controlan a todos y delatan nuestra posición en cada segundo de nuestras vidas. Sobrevolar esta extensión es una imagen de lo que fue y lo que podría ser la Tierra si no estuviésemos aquí... Pero estamos, y lo modificamos todo a nuestro antojo, así sea. Se cuentan historias de gentes que vagan desnudas por esas nuevas selvas, hombres que fueron como nosotros, pero que no se pusieron el localizador ni emigraron, y lograron prosperar como animales... No sé qué veracidad tendrá eso, no los han encontrado nuestros científicos y, si se escondiesen bien, ni los encontrarán...
Paso a gran altura sobre Japonisia, arrasada por el rigor nuclear, bellísimo museo inerte que no dudamos los viajeros en contemplar con nuestros instrumentos ópticos. Lo de allí es mutación, viscosa vida que se retuerce sin llegar a forma concreta, más caos que orden, más quietud que movimiento. Líquenes naranjas y de otros extraños tonos intentan existir bajo los antiguos templos y monumentos preservados por siempre, no sólo petrificados, solidificados al fuego invisible para los milenios, sin viento que los erosione ni lluvia que los desgaste ni seres que los dañen. Sobrecogedor recordatorio de los peligros de nuestra tecnología si no sabemos controlarla.
Después cruzo las escarpadas montañas Emergidas, nuevas tierras que el vulcanismo hizo subir cuando los mares se desbordaron y con su peso volcaron las placas tectónicas... Los seres de allí, neosaurios, nos miran sin maldad ni temor. Parecen ser como los antiquísimos dinosaurios, pues sus condiciones ambientales son similares y evolucionaron del mismo modo; la vida vuelve hacia atrás cuando un camino se le cierra, para recorrer, tenaz, el laberinto de lo posible por otro similar.
El Nuevo Océano ocupa lo que antes llamaban América, tierra mitológica que, se dice, se hundió en tres días. Ahora, de un purísimo azul, se muestra calmado, aunque es famoso por sus tormentas eléctricas, tan pavorosas que los viajes en barco fueron prohibidos por aquellas aguas, y extraños fenómenos ocurren en sus dominios.
Y, ya, de vuelta en Beoria y sus terrazas flotantes, que nos preservan del cambio climático y la inversión de los polos. El hogar de la calma y la civilización. Mi lugar. El mundo es muy hosco y complicado. Aquí todo está tecnificado y la vida es sencilla y placentera. Tengo mis libros, mis diarios, mi jardín y mi imaginación... Casi toda la población del planeta habitamos en Beoria, con su magnífica y abrumadora capital, Terápolis, y los castillos donde vivimos los aristos, clase a la que pertenezco sin yo desearlo... Me decidiría a modificar mi cuerpo y lanzarme a la aventura científica, en Indoasia... No es verdad. Me gusta demasiado estar sola, y mis vestidos negros, mi pálida piel y que me paguen por pensar. Mi caballo plateado eléctrico, mis cosas y mi tranquilidad. Ya es la hora de tomar el té... Luego elegiré un hermoso vestido nuevo para el encuentro lunar con los de mi categoría.
En otro momento, viajaré por Elefantia, la isla enorme que quedó del centro del continente negro al subir los mares, llena de elefantes gigantes y algunos mineros subacuáticos en sus plataformas costeras, con sus rituales, sus danzas y sus enormes máquinas...







Mikel Villafranca

Compre su viaje de papel- gritó el vendedor en el atestado mercado, mientras tiraba del pequeño carrito de chapa, en él decenas de pequeños libritos de papel se apiñaban en un revoltijo.- Cambio, Vendo, -bajo la voz- compro -Subió la voz a casi un grito- descubra la verdedara historia del Urrucula, el peligroso Vampyro en sus aventuras amorosas alrededor del mundo, Viaje en zepelín en las aventuras de Mr. Moor un pirata del aire, pasee por la India…
Brona se acercó al carrito, con tono dubitativo- Tiene alguna de Miss Fear- señalando el carrito.
El buhonero miró de arriba abajo a Brona, estaba sucia y harapienta, tendió la mano exigiendo el pago, Brona rebusco en su delantal y sacó un librito y una moneda de cobre, la entregó, el buhonero guardó la moneda en su bolsillo y rebusco en el carrito, tendió la mano con el librito y guardó el que Brona le había entregado.
Brona no tardó en empezar a leer el librito, tan pronto llegó a su hogareña caja de madera en la cual vivía, encendió un candil de sebo y empezó a leer.
-La valerosa Miss fear contra los Clérigos ortográficos.
-Miss fear despertó....
Aquello era una de las cosas que más le gustaba a Brona, Miss Fear se despertaba siempre en una cama blanda no importaba si había tenido un tórrido romance con un caballero matemático de Pi o habia`peleado con con correctores teatrales demenciales.
…. Miss Fear, Ha sido denunciada por errores de su pronunciación dijo el Clérigo que vestía una chaqueta negra con un botón por cada letra del abecedario.
-Arrepientete -grito la clerigo que acompañaba al alto sacerdote- o pasarás la eternidad de la otra vida corrigiendo la acentuación de exámenes de grado elemental.
Miss fear miró a su alrededor, se encontraba en la cantina de la universidad, abochornada por la pareja de ropas de sempiterno negro con la H con diéresis de la orden religiosa cosidas en sus ropas.
La mujer agitó con violencia un fajo de cartas, Miss Fear se levantó de sopetón, sus abundantes senos botaron bajo la holgada camisa, había reconocida su correspondencia con Anna Serman.
La mea pilas de Anna la habia denunciado...
Brona paro la lectura, el caldil titilaba. Penso para si, espero que no sean de la orden de la H muda, alargo la mano para apagar el candil, y cayo dormida…
:.. Miss fear se encontraba en atribulada con sus deberes literarios como alumna de la universidad flotante, aun estaba azorada por la encerrona de los eclesiasticos, pero tenia que seguir con sus labores como bibliotecaria, cogio el libro de la parte superior de la pila, en su portada salía un simio de pequeño fumando mientras presumiblemente escribía a máquina, Miss Fear abrió el libro y comenzó a leerlo.
-Mr Timons era el mejor escritor de la redacción, poco importaba que fuera un chimpancé, y eso era bien sabido, cogió el cigarro lo llevó a sus labios y lo encendió con un fósforo.
Uuuuk- Dijo Mr Timons entre caladas, el editor levanto la vista, cojie los papeles que Timons le entregaba y comenzó a revisarlos.
¿Que clase de nombre es Brona?- Preguntó el Editor- Compre su viaje de papel - leyó el editor, balbuceo en voz baja durante media página y devolvió el texto a Mr. Timons que fumaba sin parar, -Llevaselo a Miriam, dijo refunfuñando
-¿Uuuuuuuuuk?
-Si para imprimir, dijo el editor, mientras devolvía su atención a una pila interminable de documentos.
A Miss Fear le encantaban las historias sobre aquel chimpancé escritor y su personaje principal la pobre huerfanita Brona...





Hluot-wig The Wolf Dubhghaill

El avión salió desde su origen a gran velocidad. Después de unos metros de recorrido alzó su morro y realizó un "looping" en el aire que dejó a ambos boquiabiertos. Samuel ardía en deseos de contemplar que otras sorpresas les guardaba el vuelo del avión y Jeremy disfrutaba de cómo el niño moría ilusionado por cada quiebro y giro que este realizaba. Después de infinitos y asombrosos movimientos una pequeña brisa de aire hizo que el avión subiera varios metros de altura y acabar su travesia allá donde la vista no llegaba.
- Guau! Esta vez ha sido genial, eh Samuel?
- Siii papá, este ha debido de llegar hasta el cielo por lo menos.

El sol comenzaba a ponerse y Jeremy decidió que ya era hora de volver a casa. Una vez allí, Jeremy bañó a Samuel y preparó la cena. El hombre intentaba que a Samuel no le faltara de nada aunque su posición económica y familiar no era la mejor. Jeremy se ganaba la vida arreglando zapatos, trabajo que no hacia llegar mucho dinero a casa.
Pero en 1835 era muy dificil conseguir dinero sin recurrir a la mendicidad. Pero ellos eran felices y todo el tiempo que pasaban juntos lo utilizaban en jugar juntos con aviones de papel, la mayor pasión de Samuel. Iban juntos hasta un barranco que tenian a un par de kilómetros de casa y desde allí los lanzaban. Pero no eran aviones cualquiera. Siempre usaban algún papel en el que antes habiam escrito algún recuerdo.
Samuel siempre escribia sobre cualquier cosa que le hubiera pasado con algún amigo o con Katty, la amiga de la familia que se hacia cargo de cuidarle. Pero Jeremy era diferente. Siempre le escribia cartas a su difunta esposa Margaret contándola su dia a dia con Samuel.
- Por qué le escribes a mamá y luego lo lanzas como un avión?- le preguntó un día.
- Para que cuando el avión llegue al cielo mamá tengo noticias de nosotros y sepa que no la olvidamos.

Y así al menos 3 veces por semana iban a ese barranco a lanzar sus aviones.

Pero un dia Jeremy enfermó. Samuel ya contaba con 22 años, una esposa y un hijo, Tommas.
Durante los últimos 14 años padre e hijo habian ido a lanzar sus aviones, pero el 31 de Octubre de 1849 todó cambió. Sumuel había llegado a casa de su taller de calzado y se encontró con la dura noticia, Jeremy, su padre, había fallecido por culpa de su enfermedad. El muchacho se limpió una lágrima y fué directo a un pequeño mueble, sacó una llave y abrió el cajón. De allí sacó varios papeles ya escritos, llamó a su hijo y de la mano salieron en busca de aquel barranco que tantas veces les habia visto a su padre y a él.
Al llegar Samuel hizo varios aviones con los escritos y con la ayuda de Tommas los lanzaron disfrutando de los vuelos de cada uno de ellos.
- Papá, que había en esos papeles? - preguntó Tommas
- Nada hijo mío, solo son cartas para el abuelo, para que cuando lleguen al cielo sepa que le queremos y le echamos de menos.





Laura López Alfranca

Grullas de papel

El viento meció sus ropas raídas y mojadas. Se preguntó si estaría encerrado en un espejo y cuántas veces había razonado y olvidado aquella frase fugaz. Allí en su pequeña isla perdida en la inmensidad azul y gris formada por el cielo y el mar, no había mucho que hacer, tan solo mirar la vida pasar hasta la muerte. Por entre las olas, llegó la bandeja de madera con su comida, la tomó como cada día y comió con apatía. Miró las servilletas de papel de colores y, como cada día, las cogió y escribió en todas ellas la misma frase:

«Estoy solo.»

Las volvió a dejar en la bandeja y el mar se las llevó al acabar. A todas horas y siempre lo mismo. Solo escribía la misma frase una y otra vez, sin sentido, sin sentirlo, tan solo para poder decir que había cumplido con lo que correspondía aquel día.
Siguió mirando la inmensidad, hasta que se tumbó encima de la tierra húmeda, echándose a dormir. Ya no sabía distinguir el día de la noche o si alguna vez existió algo así.

Despertar, aguardar a que la bandeja de madera llegara flotando a su isla, escribir con barro en los papeles su mensaje y ver cómo se alejaban sin recibir respuesta. Nada que pudiera variar su aislamiento en aquel pequeño trozo de tierra. 

Alzó su mirada al cielo y, para su sorpresa, vio puntos negros volando muy por encima de su cabeza. No sabía qué especie podrían ser, tampoco podía escuchar su canto… pero esas pequeñas motas lejanas le resultaron maravillosas. Alzó las manos, las unió y comenzó a moverlas intentando convertirlas en unas alas. Sorprendido, se fijó en que sus manos estaban manchadas, arrugadas y las uñas rotas y blandas. No sabía si antes eran mejores, pero era extraño redescubrirlas, las acarició, se tocó los dedos, se agarró las manos con fuerza. Le gustó, las notó temblorosas y con ganas de hacer algo útil, ese cosquilleo escalaba por sus nervios abotargados hasta llegar a su corazón. Aquello le hizo sentir vivo.
Llegó la comida y la tomó, la removió. Percibía que debía hacer algo o el cosquilleo desaparecería. Cogió las servilletas de papel, escribió en ellas… y sus dedos, aleteando, las movieron, doblaron y rompieron hasta crear un pequeño pájaro. Tiró de su cola y este aleteó en sus manos sin alejar. Sonrió, el dolor por los labios cortados y los músculos desacostumbrados fue intenso, pero valió la pena. Alzó la mirada y vio que la bandeja se volvía a marchar, asustado por no haber dejado sus mensajes, se lanzó al agua para evitar que desapareciera. Se caló, se le escapó y vio cómo su isla desapareció a gran velocidad… Podría haber nadado para alcanzarla, pero no estaba convencido de tener tantas fuerzas. Además, le daba miedo enfrentarse al mar profundo, quién sabe que podía esconderse allí abajo.
Volvió a su isla, asustado por no haber hecho lo que debía. Enfadado, miró de reojo la pequeña ave de papel. Quiso destruirla, la tomó dispuesto a hacerlo, pero volvió a tirar de su cola y, al verla volar, se sintió mucho más tranquilo. Pensando que se sentiría sola, por lo que le construyó más amigos.
Poco a poco, el suelo de la islita se vio cubierto con papel manchado con mensajes cada vez más elaborados que aleteaban nerviosos. Amontonaba los pájaros formando grandes cordilleras que le protegían de la inmensidad verde, azul y gris que siempre le había rodeado. Se veía feliz por verse con compañía, tanto que el tiempo parecía ir más rápido.

Pero un golpe de viento arrastró a las pequeñas aves y trató de recuperarlas. Saltando, gritando y rogando porque las palabras regresaran, pero se perdieron en la eternidad.
Triste, retomó sus costumbres: sentarse en la isla y esperar a que la muerte llegase, lenta y pesadamente, dejando mensajes en las bandejas de madera y sufriendo indolente los caprichos de tiempo y su prisión.

No supo cuánto pasó. Tan solo sintió un golpe en la nuca. Al girarse, se encontró como sus pequeñas obras regresaban al hogar llevadas por el viento. Estaban muy dobladas y sucias, la curiosidad pudo más y las deshizo para echarse a llorar: cientos de mensajes similares al suyo, personas que hablaban de su vida y buscaban su compañía.
Cogió los papeles de cada una de las comidas y creó más grullas, como las llamó alguien de sus cartas. Y se dedicaba a mirar en cualquier dirección para verlas llegar y ver como aquellas personas le pedían que las buscase.

Tras mucho meditar, y aun a pesar del miedo, comenzó a separar comida de las bandejas y, con todas sus fuerzas, las retenía en la islita. Rompió sus desgastadas ropas y unió las bandejas para formar una precaria embarcación. Dispuesto a arriesgarse en la aterradora inmensidad para acabar con su soledad. Antes de zarpar, lanzó las últimas grullas al cielo, esperando que anunciaran una llegada feliz. Se tumbó en la inestable superficie que había creado y se durmió, soñando con un futuro mejor.





Cecilia Cuesta

   -Activando secuencia 726/3. Proceso completado al 27%. Actualizando 37 nuevos archivos.

   Adoro mi trabajo. Reconozco que no gano mucho dinero con él, pero al menos me da para pagar el alquiler y dar de comer al gato. ¡Y a mí, por supuesto!
   Veréis, yo trabajo en un taller de actualización de autómatas. No de piezas, sino de información. Me dedico a actualizar los programas de información y reconocimiento de aquellos autómatas que se quedan obsoletos. La mayoría de mis clientes son abogados, funcionarios del estado, dueños de una empresa de taxis, etc., y vienen cada cierto tiempo a que actualice la memoria de sus empleados: leyes recién aprobadas, nuevos formularios de solicitudes burocráticas, actualización de recorridos, callejeros y cambios de sentido…
   Claro, dicho así podéis pensar que os estoy mintiendo: ¿Regodeándose con gente de clase alta y no le llega más que para sobrevivir? Bueno, teniendo en cuenta que como pronto vienen cada seis meses y que no es que paguen bien precisamente… pero ese es otro debate al que no quiero entrar.
   Y por supuesto, tampoco es que este haya sido desde siempre el trabajo de mi vida. Yo empecé a trabajar a regañadientes en este taller cuando tenía dieciséis años. Me negué a ser como mis hermanas, sumisa y predispuesta a ser madre, así que mis padres decidieron meterme a trabajar a ver si cambiaba de opinión. No lo lograron, por supuesto.
   A lo que yo iba: sí, casi todos los autómatas de mis clientes son de servicio y/o asistencia y lo único que tengo que hacer es conectarle un nuevo cilindro pregrabado. Pero de vez en cuando trato con un autómata distinto. Es el caso de Vincent.
   Vincent es el autómata que un obrero compró para su hija. Ella es especial: con 8 años que tiene ahora apenas habla, no presta atención cuando se la llama ni tiene capacidad de socializar; sin embargo, ha creado un fuerte vínculo con el autómata, por lo que se pasa mucho tiempo con él, limpiándolo, engrasándolo y abrillantándolo. A pesar de todo esa niña es muy inteligente para su edad, hasta el punto de hacerle pequeñas reparaciones ella sola.
   Lo que más le gusta a la niña es que Vincent le cuente historias, pero el sueldo de obrero de su padre no da para mucho, así que tuvo que conformarse con comprar uno sencillo con órdenes básicas al que por desgracia no incluyeron compartimento ni anclajes para añadir cilindros de memoria nuevos; durante el tiempo que trabajo en él no puedo aceptar otros trabajos, pero he de reconocer que me sienta casi como si estuviera de vacaciones.
   Y es que le tengo que leer los cuentos uno a uno. Durante tres semanas lo único que tengo que hacer es conectar la grabadora al cilindro interno del autómata y leerle en voz alta. Ya le había leído Frankenstein, las novelas completas de Dumas y algunas de Edgar Allan Poe. Ahora mismo le estoy leyendo las novelas de un nuevo escritor que he descubierto recientemente: Arthur Conan Doyle, creo que se llama.
   Como ya he dicho, la pequeña tiene mucho apego al autómata. La primera vez que acepté uno de sus encargos no pasaron ni 24 horas antes de que el padre regresara a pedirme que dejara a la niña acompañarme en el taller, ya que había sufrido una crisis por la separación. Por supuesto al principio me opuse, pero cuando me explicó la situación y vi que durante el tiempo de nuestra discusión la niña lo único que había hecho había sido sentarse en silencio junto a Vincent, cedí un poco y llegamos a un acuerdo en el que me pagaría un extra por vigilar a la niña y se haría cargo de todos los desperfectos que pudiera ocasionar.
Así que me siento delante del autómata y leo en voz alta la pila de libros que el propio padre me ha cedido, más otra pila de los que tengo en mi pequeña biblioteca. Al principio lo hacía de manera monótona, pero cuando ví que la niña reaccionaba a las historias, comencé a darles entonaciones y cadencias, como si más que leerlos, los viviera. Hoy en día, casi 4 años después de su primer encargo, lo hago de manera automática.
   Si es cierto que comencé haciéndolo por ella, he de reconocer -y esto no se lo he contado nunca a nadie- que si lo sigo haciendo es por el autómata. La segunda vez que me trajeron a Vincent para ‘enseñarle’ nuevas historias, me pareció percibir por el rabillo de ojo un ligero movimiento. Le miré, pero seguía inmóvil, con la cabeza ligeramente ladeada y mirándome a la espera. No le dí mayor importancia, así que proseguí. Dos días después me ocurrió lo mismo. Me daba la sensación de que no me miraba a mi, sino que miraba por encima de mi, como si tuviera la mirada perdida. Sé que es difícil de entender: es un autómata, ¿cómo va a tener la ‘mirada perdida’? No dejan de ser unos receptores de imágen…. Pensé que quizá el cansancio me estaba jugando una mala pasada, así que lo dejé y me fui a dormir. Terminé el trabajo sin más sucesos extraños una semana más tarde.
   Apenas pasaron 5 meses cuando volvieron al taller. El autómata le había contado las historias docenas de veces y querían algo nuevo, así que me puse manos a la obra y le dediqué todo mi tiempo. Y esta vez volvió a ocurrir: durante algunas lecturas, el autómata movía ligeramente la cabeza y los receptores de imagen. Parecía estar… ¿imaginando? Llamadme loca si queréis, pero juro que desde entonces, siempre que le leo las novelas que me piden se mueve ligeramente. Ladea la cabeza en los momentos de mayor tensión, echa hacia atrás la parte superior del torso -apenas unos grados- en escenas de sobresalto, se queda con los receptores de movimiento fijos en algún punto en momentos de melancolía… Incluso lo comprobé una vez. Durante uno de los últimos encargos, en un momento en que parecía estar mirando más allá de mí, me moví ligeramente hacia mi izquierda. Vincent se quedó fijo durante unos segundos, y como si se hubiera percatado del silencio en ese momento, giró su cabeza hacia mí en espera de más.
   Quizá sólo sea que el pobre Vincent empieza a estar tan saturado de información que le cuesta reaccionar durante la grabación y yo sólo quiero creer que empieza a reaccionar de manera autónoma a las historias. Y en realidad prefiero creer que Vincent imagina las historias que le leo. Quizá así la gente empezaría a pensar en ellos más como iguales y menos como simples máquinas de servicio.

jueves, 5 de mayo de 2016

Isla a vapor

En vista de la tremenda acogida que tuvo el "Día del Kraken del Aire", propusimos un juego creativo a todos, en este caso con una fórmula distinta. Se trata de un “Binomio fantástico”, en el que se fijan dos palabras que han de inspirar todos los trabajos presentados. Se trata en esta ocasión de “Isla a vapor”, estando abierto a todo tipo de colaboraciones literarias y gráficas. Los textos de cualquier tipo han de hacer mención o incluir la idea, aunque no se mencione explícitamente, de una “Isla a vapor”, con una extensión no superior a 1000 palabras, y en el caso de los relatos, con un final cerrado. En el ámbito visual, se acepta cualquier montaje, ilustración, fotografía o similar que esté inspirado por el tema propuesto.

¡Muchas gracias a todos los participantes, esperamos que os hayáis divertido siendo creativos!

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Greetings to all steamers around the world! In light of the splendid reception we had for our literary celebration of Air Kraken Day, we at Steampunk Madrid decided to open our traditional literary game of “The Fantastic Word Pair” to the retrofuturistic world. What is “The Fantastic Word Pair” literary game and how do we play it? A pair of words related to Steampunk are chosen by popular vote at the Steampunk Madrid Facebook page and then everyone is invited to participate with a contribution of either texts of up to 1,000 words, or poetry or graphic arts which illustrate or depict the “The Fantastic Word Pair”. A “Steam Powered Island” won the hotly contested election as the subject of the game.

Thanks to everyone, we hope you had have fun being creative and above all, being splendid!




Janacek Jadehierro


Does freedom beckon,
Flying free of Earth’s embrace?
No regrets? No pain?

Haiku inspirado en la ilustración de Janacek Jadehierro, por Cecily Cogsworth



Natalia Marea Irisada

Allí estaba yo. En un mar de brazos alzados con un mechero encendido en la mano. La noche era oscura, por supuesto, porque a la noche lo mismo le dan estrellas que mecheros, pero ha de ser necesariamente oscura en un concierto. Y yo, al fin, estaba en el momento adecuado en el lugar adecuado; con una cerilla encendida amenazando quemarme el pulgar y el índice en los cinco largos minutos que duraba la canción. Mi canción. Nunca nadie mereció compartirla conmigo. No entiendo cómo pude olvidarme el mechero. Y suerte que tenía aquella caja de cerillas perdida durante tres años en las profundidades del bolso. Y suerte que, ahorrando para el concierto, no había cambiado de bolso en siete años.

Me concentré en tu voz, me concentré en el sentido de las palabras, pero un beso de calor construía un aura alrededor de la yema de mis dedos. O apagaba la cerilla o la dejaba encendida. Una suerte de parálisis me impidió decidir, mientras tú cantabas, cantabas,tu voz sonando repentinamente vieja, como con catarro temporal; una infección de años. Pero aún era mi canción.

El fuego comenzaba a quemarme, el dolor era tan insoportable traspasando la inocencia de mi piel con su indiferencia, que la letra de la canción se me hizo profundamente estúpida, o triste como una vida sin retorno, o anodina, o lejana, mientras el fuego de la cerilla se extendía al pelo de la mujer llorando de emoción a mi lado: me sacaba una cabeza.

Y las historias desarrolladas en castillos suecos improbables, y los callejones tendidos como ropa en las explanadas de mi cerebro, y los sueños negándose a marchitarse ante el avance del desierto, fueron convocados por el latido de la muerte a reivindicar su oportunidad. Y tu voz, y tu voz, convertida en una isla a vapor cuando chocó el agua de las mangueras contra el incendio.

Me costó tanto escapar de los bomberos...Hacer del desastre un hogar. Navegar sobre este terreno incierto,resbaladizo, hecho de mí, donde no siempre me reconozco. Con el combustible limitado.Porque de nada me sirve talar los árboles de mis entrañas para prender calderas: el vapor se convertirá en agua, apagará el deseo. Mientras por ti muero.



Cecily Cogsworth




J.J. Soto C.

La Isla Mecánica


Velas hinchadas al viento, la proa corta las olas, el agua golpea la cubierta, el horizonte es solo una línea, solo veo agua y cielo.

El balanceo me desestabiliza, mis pies se mueven sin cesar, cuando no estoy sujeto a algo estable, mi estómago se resiente en ocasiones, mi cabeza nota el vértigo, a esto le llaman marear, quizás por la sensación que produce.

Cuando las olas elevan el barco pierdes peso, parece que flotas en el aire, pero al bajar, parece que una mano invisible, te comprime hacia abajo.

Estaba en la cubierta cuando de improviso alguien gritó.

-Humo por estribor.

Todos instintivamente miramos hacia allí, viendo una columna de de humo, en la lejanía.

Solo podía tratarse de algún barco incendiado en apuros, pues todos los barcos estaban construidos de madera, impulsados por velas; o simplemente se trataba de algún islote.

Me dirigí en busca del capitán, y los encontré revisando las cartas de navegación, de aquella zona, junto con el timonel del barco, por ellos pude saber que en aquella zona no había ninguna isla ni islote.

El capitán mandó poner rumbo hacia donde se veía el humo, y al rato pudimos ver desde cubierta algo que nos pareció extraordinario.

Se trataba de una pequeña isla, en la cual se veía en su centro, un volcán activo, que desprendía una gran humareda.

El capitán decidió volver al rumbo anterior, después de más de una hora de navegación, nos alejarnos a prudente distancia.

Pero sorprendidos vimos que la isla parecía estar a la misma distancia, y seguir nuestro rumbo, aquello era muy extraño, pues las islas no se desplazan, y menos a la velocidad a la que navegábamos.

Nuevamente el capitán pidió cambiar de rumbo, después de navegar a toda vela durante dos horas, curiosamente la isla se encontraba detrás de nosotros a la misma distancia, y nos seguía.

Finalmente el capitán decidió reducir la velocidad, e investigar aquel extraño fenómeno, arriamos un bote, y el segundo de abordo y tres de nosotros recibimos la orden de bajar a la isla a averiguar lo que ocurría.

Remamos a buen ritmo rumbo a la extraña isla, pronto llegamos a una playa, de fina arena, donde poder desembarcar.

Bajamos a tierra y varamos el bote, la isla tenía una espesa vegetación, con altos cocoteros y plantas típicas de zonas tropicales.

Seguimos hacia el interior, abriéndonos paso con machetes por la vegetación, después de notables esfuerzos, llegamos al pie del volcán, desde donde salían espesas columnas de un humo denso y negro.

Rodeamos la base del volcán, y encontramos unas extrañas ruinas de piedra, con extraños signos y figuras labradas, también vimos unas escaleras, que conducían a un recinto superior, en el que había una puerta, para acceder al interior de la montaña.

Al cruzarla, descubrimos que el interior, estaba perfectamente iluminado, por una luz azulada que no pudimos identificar, ni tampoco su procedencia.

Fuimos avanzando intrigados y llenos de curiosidad, había un largo pasillo, al fondo se escuchaba un ruido constante, como de una máquina en funcionamiento.

Recorrimos el pasillo, y llegamos a unas escaleras que conducían al interior de la montaña, el ruido había aumentado, y el calor empezaba a hacer su aparición, continuamos descendiendo, la curiosidad había hecho mella en nosotros, bajamos con prudencia, el oficial había sacado su revólver, y lo empuñaba firmemente, detrás le seguíamos los demás.

Al llegar al final de la escalera, encontramos una enorme sala, repleta de maquinas y tuberías, en el centro de ella, se veía lo que parecía ser una enorme caldera, con un fuego intenso, alimentada por algún tipo de combustible, procedente de un grupo de tuberías.

Aquello nos dejo paralizados, quien había hecho posible, que aquella isla fuera impulsada mecánicamente, y dirigida por alguien, con suficientes medios, para instalar toda aquella maquinaria, y simular inteligentemente, un volcán en el centro de la isla, por donde salían los humos de la caldera que la impulsaba.

Alrededor de la sala había gran cantidad de puertas metálicas, finalmente nos decidimos por abrir la que parecía mejor conservada, penetramos por ella, encontrando un corredor poco iluminado, desde donde se veía una intensa luz al fondo.

Recorrimos el pasillo con prudencia, llegando a una sala de mando, repleta de tuberías, válvulas, manómetros, y un panel repleto de grifos de control, con extrañas inscripciones que desconocíamos.
En una de las paredes había un ventanal, desde donde se divisaba el mar, y a lo lejos se veían nuestra nave, que navegaba a buen ritmo con todas las velas desplegadas.

En aquel momento creo que todos pensamos lo mismo, había que detener aquella maldita isla como fuera, y regresar a nuestro barco lo antes posible.

Una euforia nos invadió y empezamos a cerrar válvulas y mandos para detener aquella máquina infernal, la presión en los manómetros de control empezó a subir peligrosamente, pero vimos que perdía velocidad.

Entramos en las otras salas, donde también había mandos y válvulas que cerramos, las maquinas se detuvieron progresivamente, cesando el sonido, y pudimos ver que se reducía la velocidad, hasta parar.

Después salimos corriendo hacia la playa, donde teníamos el bote en el que habíamos venido, lo empujamos hacia el mar, y el oficial que nos acompañaba lanzo una bengala de señales. Vimos como el barco disminuía la velocidad, hasta acercarse a nosotros, remamos intensamente y al poco lo alcanzamos, pudiendo subir a bordo.

La isla había dejado de humear, el barco se alejó a toda vela, pero al rato nuevamente se vio una columna de humo, en la dirección donde habíamos dejado la isla, y pudimos ver que nos seguía, esta vez a mayor velocidad.

Pero la suerte estuvo de nuestro lado, pues pronto empezó a anochecer, así que apagamos todas las luces y en la obscuridad, cambiamos nuevamente de rumbo, navegando a toda velocidad, al día siguiente vimos con alegría que la isla había desaparecido, y con ella el peligro y misterio que encerraba.


Tony Rottenaple

Sus hijos le decían que tenía que ser más sociable o acabaría solo en la vida. Él contemplaba su inocencia con una mueca de preocupación cuando hacían oídos sordos a sus advertencias sobre la naturaleza humana y las consecuencias que podrían tener los cada vez más alarmantes acontecimientos diarios. Quizás su intento por aislar a sus pequeños del salvajismo y la crueldad que para él suponía la humanidad había tenido más éxito del deseado.

El hambre y la tragedia en su propia infancia habían hecho de él un amargado misántropo, más concentrado en su trabajo de ingeniero en las forjas estatales que en formar parte de una sociedad a la que despreciaba profundamente. Sin embargo, tras la muerte de la madre de los pequeños poco después de su nacimiento, se juró a sí mismo que no permitiría que sus hijos se convirtieran en lo que era él. Los niños crecieron en un entorno amable y protegido y con el tiempo, los pequeños se convirtieron en unos jóvenes vivaces, ambos grandes profesionales en sus oficios, buenos ciudadanos y aún mejores personas. Sin embargo temía que esa dedicación para alejarles de la secreta infelicidad crónica de su progenitor hubiera hecho de ellos personas demasiado ingenuas, y temía que eso les dejara demasiado expuestos a un mundo cada vez más violento.

Sus advertencias empezaron a intensificarse. Advertencias acerca de la corrupción del ser social o la temible influencia de la figura del emperador del pueblo, un eufemismo de dictador que había acuñado el órgano de comunicación de la Nueva República para denominar el puesto del nuevo regente totalitario.

El padre de los jóvenes les advertía acerca de cómo las órdenes de trabajo en la forja en la que trabajaba habían pasado de turbinas de vapor domésticas a dirigibombarderos y lanzallamas acorazados a reacción. Ellos le tachaban de alarmista, le besaban en la calva y le deseaban buenas noches antes de irse a la cama.

Con la mirada fija en las llamas danzantes de la calefacción por combustión de leña que ardía en el centro del salón de su casa, comprendió que su labor de padre había fracasado estrepitosamente.

Mientras la gente en las calles de ciudades cada vez más decrépitas y oscuras se apuñalaban por una hogaza de pan negro, mientras naciones enteras eran aniquiladas a manos de militares rabiosos a las órdenes de políticos endiosados y la beligerancia internacional se convertía en un espectáculo de gladiadores para un público cada vez más desprovisto del más mínimo sentido moral, sus hijos seguían siendo el más claro ejemplo de ignorante felicidad. Tan solo eran víctimas, como tantos otros, del engaño nacional acerca de que la terrible situación que atravesaban pronto terminaría. Que tras la victoria sobre el reino vecino y su consecuente anexión de sus ricos terrenos de cultivo y sus vastos recursos naturales, nadie volvería a pasar hambre y toda la población sería resarcida por aquellos momentos de acuciante necesidad. Y sin embargo la guerra no parecía acabar nunca.

Él ya era mayor para ir al frente, pero sabía que no pasaría mucho tiempo hasta que reclutaran a sus hijos, o hasta que su estúpida ceguera les empujara a alistarse voluntariamente.

Unos brillantes científicos, tal vez compartiendo su preocupación por la situación que atravesaba todo el Planeta Tierra crearon una máquina capaz de abrir agujeros dimensionales capaces de conducir a la población a otro mundo. Un mundo virgen y nuevo donde se podría volver a empezar de cero, aprendiendo de los errores cometidos en la Tierra. Un mundo maravilloso que la ilusión de los colonos denominó como Lejana. La población se movilizó en masa huyendo de un mundo cada vez más acabado. Aquella emigración de la que pasó a llamarse Vieja Tierra en favor de Lejana se denominó Gran Éxodo.

El viejo ingeniero no tardó demasiado en comprender, como tantos otros, que aquella era la vía de escape para él y sus hijos que tanto tiempo llevaba esperando. Vendió apresuradamente todo aquello que no podía transportar, y compró tres permisos de viaje para atravesar el portal a Lejana. Sin embargo pronto la ilusión por una nueva vida se convirtió en horrible decepción. El ingenio que permitía el viaje ínter dimensional fue destruido producto de una enorme explosión. Nadie supo cual fue la causa de la misma ni qué fue de quienes inventaron el portal. Algunos culpaban en voz baja a la cúpula de la Nueva República, acusándoles de temer que el Gran Éxodo de Vieja Tierra les dejara solos en un mundo que ellos mismos habían dejado morir. La versión oficial era que habían sido los mismos habitantes de Lejana quienes habían dinamitado la comunicación entre ambos mundos con el fin de no compartir las riquezas del Nuevo Mundo.

La decepción de los que quedaron en Vieja Tierra se tornó en rabia. Rabia hacia los habitantes de Lejana. Una rabia que al no poder descargar sobre estos se tornó en un resentimiento interno que convirtió la guerra internacional en una vorágine de violencia total que se extendió por toda Vieja Tierra.

El anciano ingeniero no necesitó mucho más para quitarles la venda de los ojos a sus hijos. Privados de la posibilidad de huir a Lejana no les quedaba más remedio que hacerlo hacia el único territorio de Vieja Tierra que aún no había sido víctima de la guerra: el océano.

Juntos recuperaron y se pusieron a trabajar en un antiguo proyecto que el viejo ingeniero guardaba en secreto. Una enorme plataforma flotante móvil auto suficiente, equipada con el radar más eficaz que existía y que albergaba en sí misma su propia flora y fauna. Se impulsaba con un reactor que evaporaba agua de mar para hacer funcionar los motores, dejando tras de sí una característica nube de vapor salino. La última y más importante aportación del viejo ingeniero: La isla que no aparece en ningún mapa. El atolón que huye del ser humano. El último reducto de cordura de un mundo asesinado por el Hombre.

Marina González

Isla a vapor

Las luces al fondo del horizonte impulsaban a seguir adelante en el viaje del misterio. Las islas colgantes del cielo iluminaban el atardecer como estrellas, mientras el barco volaba entre ellas.
La niña salió a la cubierta, cogió una cuerda y la tiró fuera del barco para acercarse a una de las islas y con una enorme casa de bienvenida a los extraños.
Dentro de la casa había extraños aparatos donde había uno impresionante: ¡un gran robot!
A la niña le encantó, pero no supo darle vida girando las llaves que tenía en la espalda. Hasta que sus padres cabreados y muertos de miedo aparecieron en busca de ella. La niña lloró y lloró por el pobre robot abandonado.
Los padres, ante la insistencia de la niña, decidieron llevarse el robot de la casa. Pero es malo llevarse un robot si no se ha leído su manual de instrucciones previamente y se ha tocado sin más sus llaves de funciones….
Continuaron con su viaje entre islas colgantes del cielo. Y de casualidad, tras muchos intentos por hacerlo funcionar, un día descubrieron cómo funcionaba realmente el robot al dejarlo abandonado en una esquina del barco. Tuvieron un escape de vapor, que dio en la boca del robot y empezó a echar aceite por ella, se abrieron sus ojos….y se presentó por su nombre (su nombre era un montón de chirridos) y explicó que lo habían creado para demostrar la existencia de la vida más allá de la materia orgánica.
Avanzó lentamente por todo el barco para conocer su nuevo hogar, mirando brevemente por la borda al mar, y se tiró al mar. Había una caída libre desde las alturas al mar de unos dos kilómetros, por lo que había pocas posibilidades de sobrevivir a la caida y al golpe con el agua, aun siendo robot.
Resulta que el mayor sueño del robot era buscar al kraken, lo que no sabía es que las caidas libres de dos mil metros al mar no ayudan a estar enteros para buscar al kraken ni que el agua salada oxida el metal... Y, por supuesto, el robot necesitaba vapor para sobrevivir… Lo tenía todo.
La niña fue detrás de él. Y así es cómo intentaron prohibir los robots pensantes…



Guacimar de la Hoz

-Lorza, no te va a doler, criatura. No vas a notar nada. Pardiez, si llevas el caparazón cubierto de un bosque de buen tamaño.
La tortuga se agitó, movió las patas angustiada y se formó un pequeño oleaje junto a los acantilados donde trabajaban los ingenieros. Uno de ellos gritó:
-¿Aún protestas? No he visto ser más irracional... ¡Vamos, que se nos va la luz!
Las poleas volvieron a moverse, y poco a poco la máquina fue bajando sobre una amplia zona de caparazón, la más despejada de arbolado, y más cercana a la popa de la tortuga. Tras aceptar la nueva carga sin haber dado muestras de haberla sentido, la inmensa criatura permaneció quieta un buen rato.
Poco después, el sonido de pistones, bielas y hélices moviéndose a buena velocidad se impuso sobre los murmullos de trabajadores e ingenieros.
-¡Ya está, Lorza! ¡Hemos acabado! 
La tortuga se movió al principio lentamente, pero en seguida ganó velocidad y se perdió de vista rodeando el cabo.
-Ya llegado el primer mensaje, señor - avisó el telegrafista desde su mesita. Uno de los ingenieros se volvió. - La tortuga parece encantada con su nueva velocidad, y los pilotos se muestran satisfechos con la estabilidad de la turbina.
- Excelente, excelente. Señores, hay que celebrarlo. Las islas a vapor son un hecho.



José Antonio Sancho Sánchez



Reflejos no son
de la isla de vapor,

Sino recuerdos.

Haiku inspirado en la ilustración de José Antonio Sancho Sánchez, por Cecily Cogsworth

Madame Eloise

La isla a vapor galáctica

Según nos acercábamos a la costa, el silbido era cada vez más intenso, urgente, agudo, inquietante, como si una pava al fuego hubiera llegado a su punto de máxima ebullición, pero nadie la retirara del fogón, aunque era mucho más fuerte y profundo, y más grave y terrible. La costa, por añadidura, se iba retirando más y más lejos, mostrando como tierra seca el fondo marino, descubriendo los secretos de las olas y los refugios de las criaturas de Neptuno, ya por millas y millas. Me podía el espanto al ver la magnitud de lo que habíamos provocado, la cabeza me daba vueltas intentando encontrar una solución, pero nada era tan grande y efectivo. Nos habíamos condenado sin remedio.

En este hemisferio con cénit en la brecha, la nubosidad y la bruma dejan ver aún menos el Sol, empequeñecido y en disminución según nos vamos alejando de él, y el calor húmedo es sofocante. Nos llegaban noticias de tormentas eléctricas tremendas y sin fin cerca del enorme geiser. La apabullante magnitud de la columna de agua no ha llegado a comprobarse, sólo tenemos cálculos y estimaciones, puesto que el mar entra en ebullición mucho antes de acercarnos siquiera, y las corrientes que se forman arrastrándolo todo al abismo son insuperables. Numerosos peces y cetáceos escapan desesperados en dirección contraria al centro del vórtice hasta vararse y perecer... Es una catástrofe a todos los niveles.

Nunca imaginamos que perforar en el centro del océano Atlántico tendría tan terribles consecuencias. Sólo queríamos construir la primera plataforma petrolífera oceánica del siglo... Y nuestra ambición nos costó cara. No podíamos imaginar que esa fosa de magma llegaría tan cerca de la superficie del fondo marino. Todos nuestros estudios geológicos resultaron inútiles. Pinchamos la Tierra, como un niño pincha un globo y lluego llora al ver el resultado. Nuestra minúscula perforación fue a dar en el lugar más vulnerable, que se agrandó enseguida por la presión. Sólo pudimos huir mientras contemplábamos la enorme energía que se abría paso, primero como ralentizada, después en brutal y cósmica fuga. Las enormes olas fueron las que nos arrastraron muchos kiómetros tierra adentro, en un tsunami gigantesco que asoló países hasta bien entradas las montañas... Ahora que se han calmado las aguas, porque están siendo expulsadas al vacío, ahora que ha pasado tanto tiempo, estamos volviendo...

Ahora suponemos que el centro del planeta es en gran parte líquido y, al romper la corteza dura que separa nuestro mundo sólido del magma ardiente, hemos desencadenado algo similar al estado primigenio de la Tierra, la era de los grandes volcanes, pero de modo artificial e imperfecto. El chorro de lava que pugna por salir se enfría en los bordes de la grieta con el agua del mar lo suficiente para no vaciar nuestro mundo en una columna de fuego y rocas derretidas, pero en su lugar, un chorro de vapor de inimaginable temperatura y fuerza sale despedido a la estratosfera... En suministro eterno hasta que se agoten los océanos, y lo harán, porque nuestra preciosa agua se pierde en el espacio, con parte de nuestra atmósfera... Y nos impulsa fuera de órbita, cada vez más lejos del Sol... Y se irá perdiendo la energía y temperatura del núcleo... Nada volverá a ser como antes, ya no tiene sentido hablar de día o de noche, de estaciones o años... De momento vamos arrastrando a nuestra Luna con nosotros, pero con graves desajustes gravitacionales, no sabemos si se alejará de nosotros también... Y el planeta, la Tierra, se desliza fuera del Sistema Solar y pronto fuera de la galaxia como una isla a vapor de vida entre la oscuridad del Cosmos... ¿Pereceremos a manos de la justa Naturaleza, crudelísima con los que se pretendían sus tiranos, o su magnanimidad nos llevará cerca de otra estrella, otro Sol que nos ilumine y nos haga ser mejores?



Ángela Ramos

Isla a vapor

Cuando la noche se cierra y hace tanto frío que incluso las articulaciones de los autómatas se congelan, entonces, aparece en la bahía aquel monstruoso complejo; que yo llamé “la isla a vapor”.
Corrían mis tiernos treinta cuando la vi por primera vez. Al igual que mi padre y que mi abuelo yo era pescador en el tranquilo pueblo de Gammel. No me había casado ni tenía intención de hacerlo, pese a la insistencia de mis progenitores. Mi único amor era el mar. Las aguas añiles despertaban en mí los más dulces pensamientos y, muchas veces, me escapé de la escuela cuando no era más que un chiquillo para jugar con la espuma.

En fin. Aquel helador  mes de enero me encontraba intentando pescar un escurridizo drøm, de esos de color plata que parecen desaparecer en la arena. Pese a mi experiencia, no advertí que mi barcaza de madera se alejaba silenciosamente de la costa. En el momento en el que me quise dar cuenta era demasiado tarde: mi bote había pasado la línea pesquera y se acercaba a los peligrosos hijos de Malstrøm. Ni que decir tiene que la inmensa tranquilidad de nuestra aldea se debe a la incapacidad de los marineros para salvar sin daños aquel cinturón de mortales corrientes. Por otro lado, las abigarradas montañas nos guarecían desde el interior.

Entonces recé a todo lo que pude sabiendo que mi vida estaba perdida, mas fue justo en ese momento en el que asomó la impresionante isla a vapor. En mi imaginación se cruzó la imagen de una gigantesca tortuga carey que porta en su caparazón la Tierra, leyendas de infancia. Cerré los ojos esperándome lo peor.

Algo que se me antojó pegajoso aunque no del todo desagradable me despertó. Di un respingo cuando mis ojos se cruzaron con las gigantescas pupilas de un animal similar a un calamar, aunque bastante más grande de los que estaba acostumbrado a ver. Sus ojos negros saltaron para atrás y una voz me habló:

-No se asuste, caballero. Está usted a salvo. ¡Ha sido un milagro que pasáramos por aquí! -Un hombre alto, algo rechoncho y con un bigote más amplio que su cara me tendía la mano- Soy el coronel Roger Frelser, ¿usted? –Su sonrisa era tranquilizador.

-Lyam… Lyam Wrestler. Mucho… mucho gusto.

Me incorporé sin saber adónde mirar. Ante mí se abría un vasto paraje cubierto de césped y algunos árboles. Varias casas rurales se distribuían a lo lejos. El cielo se nublaba al pasar varios dirigibles pequeños. Aquella criatura de ojos saltones y boca amenazadora seguía mirándome, curiosa.

-¿Dónde estoy? –Pregunté asombrado.

-¡Qué descortés por mi parte! –Se disculpó Frelser- ¡Sea usted bienvenido a nuestra Isla! -Entonces caí que estábamos sobrevolando el mar. El coronel pareció leer mis pensamientos.-La Isla funciona con varios motores a vapor. Es totalmente autosuficiente. Nos abastecemos del agua marina después de tratarla. Aunque en verdad, es más un refugio que una ciudad al uso.

-¿Un refugio?

-Sí. Mire, Lyam –y señaló al calamar aquel extraño- Aquello que usted ve es un kraken, para ser exactos una cría de kraken de aire. Es una especie de calamar, pero mucho más fiero e inmensurablemente más grande. –El bicho gelatinoso y tentacular distaba mucho de resultar peligroso, con ese rostro donde solo había espacio para los ojos.- Hace tiempo encontramos un nido de krakens de aire, con la mala fortuna que la madre había muerto intentando proteger a sus retoños de unos cazadores. Tomamos a los bebés y los cuidamos. Cuando hayan crecido lo suficiente, los devolveremos a su entorno natural. Esta es la misión de la Isla. –Y abrió los brazos en una acción orgullosa.

Aquella noche cené al calor de un buen vino y mejor compañía. La gente que vivía en la Isla venía de todo el mundo. Se habían ido sumando poco a poco, desde que el viejo Skaber creó el complejo. Además de humanos, en la Isla los autómatas tenían un papel muy importante a la hora de ayudar en el cuidado de los seres que recogían. Mientras dormía a la intemperie soñé que me quedaba allí por siempre. Era lo más bonito que me había pasado jamás.

Pero a la mañana siguiente desperté en la orilla de mi aldea. Vivo y con una resaca horrible. Nunca le conté a nadie lo que había visto, me habrían tomado por loco. Y muchas veces pensé que todo aquello había sido una alucinación causada por la caída a los remolinos.

Han pasado más de veinte años, y no ha habido día en que no haya soñado con la Isla a Vapor. Todos los colores, olores y recuerdos se mezclan en mi memoria como un onírico calidoscopio.

Esta noche todo cambia para mí. El viejo Lyam Wrestler ha visto a un señor drøm. ¡Menuda captura! Me he acercado al borde del agua y el pez parecía jugar conmigo. Me incitaba a seguirlo. Le he sonreído y me he adentrado en el agua. ¡Hacía tanto que no sentía ese frío tan sereno! El pez trotaba como un caballo. Me salpicaba. Quería decirme algo. Entonces la vi: la Isla a Vapor caía como una pluma sobre la espesa negrura. El drøm relinchaba eufórico. Percibí una silueta: era la mano firme del coronel Frelser. El tiempo se había cobrado algunos dedos que ahora relucían metalizados bajo los rayos lunares. Me eché a reír y subí a la Isla a Vapor. El drøm flotaba a nuestro alrededor. 
Me despedí con una última mirada de mi pueblo natal y me uní a la tripulación. ¡Ah! Poca gente sabe que fui una de las pocas personas en coger a un drøm, que quiere decir “sueño”.




Denis Morozov


Объявления в газете «Северная почта, или Новая Петербургская газета» 1878 года

5 апреля 
Здесь на днях откроется магазин товаров с Парового острова, о коем в свое время подробно будет объявлено. 

19 апреля 
В минувший понедельник, 17 апреля, открылся здесь, в доме господина Кусовникова, противу Адмиралтейства, магазин
механических диковин с Парового острова. Содержатели сего магазина есть известный инженер Александровский и здешний купец Кузнецов.

26 апреля 
В магазине механических товаров с Парового острова инженера Александровского, открытом ныне в доме Г. Кусовникова против Адмиралтейства, продаются также и скобяные товары других отечественных фабрик. Продажа всех сих изделий отечественной промышленности идет с великим успехом, не взирая на то, что их не выдают за иностранные, как то доселе многими продавцами делывалось и делается еще из одного напрасного опасения, что будто бы Русских товаров не станут покупать. Сколь несправедливо такое предположение, доказывает нам между прочим упомянутый новый магазин. Таким образом, можно наверное надеяться, что если только неуместная скромность и предрассудок перестанут свое рукоделие выдавать за чужеземное, то вскоре и общий вкус переменится: тогда может быть случится и иностранное называть Русским, для удобнейшего сбыту. И будет это касаться не только новомодных диковин с Парового острова, прилучивших всемирную известность, но и простых товаров. 

20 мая 
В новооткрытый здесь магазин инженера Александровского привезены были на первый случай часы карманные с месячным заводом, фонари электрические и батареи к ним, шкатулки музыкальные на 50 мелодий, и прочие предметы отличающиеся тонкостью исполнения и дешевизной. Равномерно ожидаются вскоре новые товары Островного изделия. Таким образом, вопреки мнениям некоторых, не может быть у нас недостатка ни в количестве, ни в качестве всякого рода собственных механических изделий, коими наполняются уже здешние магазины. 

1 июня 
В открывшемся недавно магазине инженера Александровского продается светоскоп и диски к нему, с изображением новейших событий в дальних странах. 

1 июля 
В здешний магазин механических товаров инженера Александровского, на сих днях в продажу выставлено новое чудо произведенное на фабриках Парового острова – самобеглая коляска. Сие новшество вызвало небывалый ажиотаж у здешний публики. 

9 августа 
В магазин механических товаров инженера Александровского  поступили на сих днях в продажу новые товары, как то: механические игрушки, новейшие электрические ледники,  паровые машины для замеса теста. Сверх того, в оный магазин вскоре получены будут разные скобяные товары  лучших Тульских и Московских фабрик. 

19 августа 
В открытый недавно инженером Александровским магазин  механических товаров поступили в продажу полученные на сих днях из Тулы с тамошней фабрики купца Грачева новые замки превосходной доброты, как для лабазов, так и для домашних  сундуков. 

7 октября 
В магазин механических товаров инженера Александровского  состоящий в доме Г. Кусовникова, получены вновь с Парового острова самобеглые паровые коляски в количестве пяти штук.



Capitán Hluot-wig "The Wolf" Dubhghaill y Cecilia





Mikel Villafranca

Geraldine sentía adoración hacia su hermano, no la típica adoración fraternal, sino la que profesa en las iglesias.

Heindrich era un dios en vida, eso era indiscutible, incluso para ella, el había transgredido las leyes de la física, solo con su ingenio, había hecho un milagro.

Cuando mirabas a cielo podías ver su gran milagro, y maravillarte.

Las islas De vapor, eran un archipiélago, que flotaba, las 12 islas Tenían en su interior unos mecanismos de relojería muy complejos, que las hacia flotar geoestaticamente , regulándolas se las podía hacer ascender o descender a placer, y Heindrich era el monarca de ese reino de los cielos.

El archipiélago no era muy grande, en la isla de mayor tamaño tan solo cabía un pueblo pequeño, con casa bajas de madera y techos a dos aguas, plagado de depósitos de agua en los patios, tenia un aspecto muy rustico, y en el vivían personas muy rusticas, el resto de islas Eran muy pequeñas en ellas solo había en el mejor de lis casos una hectárea de huertos o un campo para que las cabras pastaran, pero en la menor de las islas Estaba la meca de los relojeros, el monumento de Hendrich Al mundo, la piedra de propiedad, una losa en la que el Relojero había puesto sus ultimas palabras y deseos.

"La relojería es la ciencia de controlar el tiempo, y si controlas el tiempo, todo esta bajo tu dominio"

al leer estas lineas Geraldine no pudo reprimir una lágrima, que abrió el caudal de sus ojos, perdió el equilibrio y dejo que su cuerpo aterrizara sobre sus frágiles rodillas.

Tras agotar las lágrimas de sus ojos limpio sus gruesas lentes con su pañuelo de seda y prosiguió la lectura.

"Estas islas son el testimonio de ese hecho. Es mi deseo que en ellas todas las buenas personas puedan vivir en paz, pero no sera así mientras otros Deseen esta técnica para fines bélicos.

En este texto que es mi epitafio  se encuentra el secreto de la relojería de levitación, para que los futuros relojeros den buen uso de la mecánica para la paz."

Estas eran las palabras del dios de relojería, algunos dicen que salto al vacío y su cuerpo se encuentra enterrado por efecto de la naturaleza, otros dicen que el Ejercito de Prusia le atrapo y se encuentra encerrado en algún lugar, la verdad es distinta, y yo que la conozco no puedo decírselo a Geraldine, lo cierto es que hay un relojero que viaja por todo el mundo arreglando desde los mas sencillos hasta los mas complejos mecanismos, pero nunca arregla aquellos que se usan para la guerra o la violencia, y yo se que ese relojero es el que un día fue llamado el dios del engranaje, el rey de las manecillas, el amo del tiempo.

Y aunque yo lo se, y el fue mi amigo no puedo ayudarle, ni siquiera ahora que su hermana aun le llora, y al no poder cumplir con su deseo de protejarla, te pido a Ti que me ayudes, joven relojero, no repares armas ni vehículos de relojería, no participes en el guerra, y mira a la muchacha leyendo La inscripción y dime,Quieres ayudarme a que la paz dure?


Eric Rohnen

Alba Terra
[...] La primera mención de que se tiene constancia referente a ella se encuentra en una copia parcial de la Geografía de Estrabón que se conserva en Gotinga. La ubicación por supuesto es prácticamente aleatoria, pero su descripción apenas deja lugar a dudas: una masa de tierra alargada, el doble de ancho que de largo, con un único pico en el centro de un característico tono blanco, despojado de vegetación como una montaña nevada. La naturaleza real de esta tierra en cambio no llegó a Europa hasta que los viajeros y comerciantes del siglo XIV trajeron de Arabia y la India relatos fantásticos sobre las maravillas de Oriente, popularizándose éstos con rapidez.

Aparentemente, todas las culturas de orillas del Índico, tanto en África como en Asia, cuentan con narraciones ancestrales en torno a una isla mágica que aparecía y desaparecía, a capricho de sus respectivas deidades. Coinciden habitualmente en su carácter sagrado, y en la totalidad de los casos, en su color. Los relatos de aquellos aventureros hablaban sobre “una Alba Terra que vaga incesantemente por el mar meridional”. Actualmente, además de ese nombre genérico en latín y sus variantes en diversos idiomas, se suelen emplear otros populares como la Perla de los Mares del Sur o la Isla de los Tres Emperadores.

Esta última designación le viene del peculiar incidente acaecido en 1689 cuando navíos pertenecientes a la Corona Ibérica y al Zar de Todas las Rusias emprendieron la competición por ser los primeros en reclamarla para sus respectivas naciones. Siguiendo cartas navales y rumores de avistamientos en los últimos años, ambas expediciones acabaron siguiendo una ruta convergente que provocó que desembarcaran en la isla de manera simultánea. El enfrentamiento no duró demasiado, ya que ambos contingentes se vieron sorprendidos por uno considerablemente mayor, enviado en su persecución por el rajá de Jaffna y Madrás, que se mostró naturalmente sorprendido al enterarse de que dos monarcas extranjeros pugnaban por el honor de haber descubierto un lugar que tradicionalmente y desde hacía siglos se asociaba con la realeza tamil.

Ambas potencias europeas desistieron rápidamente en sus intentos expansionistas, pero ciertamente los diplomáticos rusos fueron más hábiles, ya que solicitaron al rajá la constitución de una misión comercial y científica permanente en la isla, que supuso la primera población estable de la misma. A estos investigadores se les debe la determinación de la naturaleza de la isla como una gran masa flotante de la roca porosa que se conoce como piedra pómez. Sus dimensiones, 34 km de largo por 15 km de ancho, y con una altitud máxima sobre el nivel del agua en la cima del cono central de 626 m, dotan a Alba Terra de una estabilidad sobre el movimiento marítimo que hacen sencillo olvidar que cuando se está sobre ella, los pies no están sino sobre una gran balsa natural. Académicamente, las hipótesis sobre su origen son aún variadas, pero se sospecha que puede ser una escisión de un gran campo de pumita que el devenir geológico ha sumergido, eventualmente saliendo a flote por sí mismo, posiblemente hace milenios. Esto se ve apoyado por los restos de animales marinos y los depósitos de sedimentos que cubren parte de su extensión, y que constituyen el suelo sobre el que crece en ella la vegetación tropical característica del océano Índico.

A lo largo de todo el siglo XVIII, distintas potencias y empresas privadas lograron concesiones por parte de la monarquía tamil para crear asentamientos en la roca, pero no fue hasta 1796, tras más de cien años de presencia en ella, cuando se creó la Compañía Comercial de la Isla Errante como fusión de las distintas empresas extranjeras ubicadas en ella: compraron la isla al entonces rajá de Jaffna, que aunque había retenido la propiedad tácita de la misma, se hallaba en guerra con sus parientes continentales, por lo que se encontraba necesitado de fondos. Los representantes de la Compañía se declararon como estado independiente del control de sus respectivas metrópolis, y empezaron el proyecto por el que hoy goza de mayor fama.

La isla siempre había seguido un recorrido vagamente periódico y en forma de lemniscata, llevada por las dos corrientes circulares del Índico, la más pequeña delimitada por India y Arabia, y la meridional ubicada entre el ecuador, África, Madagascar, y la Tierra de Kerguelen al sur, donde se encuentran las ruinas de Lemuria. [Para detalles sobre esta ubicación, su descubridor, y el papel que tuvo la Isla Blanca, dispone de otros materiales de nuestra editorial] Con las actuaciones llevadas a cabo por la Compañía en la primera década del siglo XIX para la cartografía de la porción submarina de la roca gracias a un barco sumergible de fabricación Ibérica, se determinó la existencia de una hendidura longitudinal, posiblemente provocada por un choque con una cumbre bajo la superficie en algún punto de la vida de la isla. Rápidamente se aprovechó este hecho para iniciar un ambicioso proyecto por el que se instalaría un propulsor sumergido en la parte posterior de la misma, el mayor del mundo con gran diferencia. El diseño corrió a cargo de un equipo de ingenieros de las universidades de Calcuta, El Cabo y San Petersburgo.

Tras más de un lustro y descartarse distintas opciones, algunas por su coste, otras por las limitaciones técnicas y de fabricación de la época, en 1816 se inició la construcción de la que sería la primera instalación de potencia térmica, más adelante expandida y sustituida varias veces, y el primer juego de hélices direccionales en la popa de Alba Terra, las cuales tardaron siete años en estar operativas. Inicialmente servían para controlar en los momentos adecuados la orientación pero poco podían afectar a la rapidez. Desde la segunda ampliación se pudo dotar a la isla de una velocidad distinta a la que las olas le conferían, en 1847, a la vez que se mejoraba su pista de aterrizaje de dirigibles [...]

Extracto de la guía de viajes “Maravillas de los Mares del Sur”, de la editorial Marco Polo (Roma, 1889)