jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz 2016

MEMORIA DEL 2015 Y BIENVENIDA DEL 2016

Este año ha sido un gran año para Steampunk Madrid. Hemos crecido como un grupo de amigos y conocidos mucho mas allá de lo que podíamos imaginar.

Hemos colaborado con empresas culturales como Fnac, La Casa del Libro, Fundación Telefónica, Editoriales Nevski y 2.0… entre otras para la difusión de los retrofuturismos, especialmente del steampunk.

También hemos tenido la suerte de poder participar en varios medios de comunicación como la revista digital “Engranajes, vapor y lámparas de gas”, blogs, radio “El estado mental, Benelux” e incluso televisión en un programa de difusión nacional de TVE1 “Alaska y Segura”.

Celebramos por San Isidro nuestro Primer Aniversario en un fabuloso picnic en El Retiro que ninguno olvidará. Rompimos todas las expectativas de aforo en la Primera Feria Retrofuturista de Madrid, como parte de los eventos de la Eurosteamcon de este año, donde además de venir mucha gente estuvo llena de grandes momentos, duelos de té, talleres, coloquios, sorpresas y el broche final de oro con el concierto de Duendelirium.

Por supuesto ha sido un año con muchísimos eventos. Hemos pasado de la idea inicial de por lo menos un evento al mes, a realizar hasta cuatro o cinco. Todo ello sin dejar de aportar momentos únicos y nuevos amigos en cada visita a museo, talleres, cine-forums, conferencias, paseos... y muchas tartas de zanahoria en el café Ajenjo. Todo ello sin cobrar con fines lucrativos por nuestra parte a los participantes y sin exigir un <Dress Code>.

A lo largo del año hemos creado grandes lazos de amistad con otras asociaciones. Empezando por nuestros amigos The Golden Gear en nuestra ciudad, a los amigos de otras ciudades como Valencia, Mallorca, Zaragoza, Andalucía... Y una mención especial para Barcelona por como nos han acogido y por permitir que la Profesora Cecily y Lord Alberot pudieran disfrutar participando en la organización de la maravillosa Eurosteamcom que celebran ahí.

Y por último, y no menos importante, queremos darte las gracias a tí que nos estas leyendo. Ya seas un lector ocasional, un conocido de alguna quedada o una de las personas que más participas en el grupo, queremos darte las gracias porque sin vosotros todo lo que hacemos no tendría ningún valor.
Durante el 2016 seguiremos luchando porque Steampunk Madrid no sólo sea un medio de difundir los retrofuturismos, sino porque siga siendo cada vez un grupo más grande de amigos, con ganas de expresar su creatividad artística y pasarlo bien. Porque recordemos que ante todo esto NO ES UN DISFRAZ, ES UNA ACTIDUD.

Directiva de Steampunk Madrid


Cuando miro a todo lo que hemos hecho en Steampunk Madrid durante el año 2015, veo que todo ha sido el producto de colaboración, organización, empeño y amor por el Steampunk.

Desde los comienzos del año con nuestra participación en la mesa redonda de la conferencia sobre Steampunk en la Fundación Telefónica y nuestra participación en las Primeras Jornadas de Steampunk en la Casa del Libro, ¡no hemos parado!

Hemos estado en la televisión nacional. Hemos tenido visitas a museos y exhibiciones. Hemos celebrado nuestro primer aniversario a lo tradicional, con una merienda en el Retiro. Hemos organizado sesiones de cine-forum. Hemos mostrado lo que somos capaces de armar para organizar nuestras jornadas dentro del marco del Rolutaku 2015.

Luego vino el EuroSteamCon 2015, un evento que consagró Steampunk Madrid cómo entidad retrofuturista. Y luego, más visitas a museos, incluyendo una visita guiada por don Miguel Ángel Delgado a la exposición: Julio Verne. Los límites de la imaginación.  

Eso es solo un catálogo parcial de las actividades del grupo. Los miembros individuales también han mostrado creatividad y compromiso. Los artículos escritos para la revista Engranajes, Vapor y Lámparas de Gas, la actividad en el blog de Steampunk Madrid, las visitas a los eventos de otras comunidades de los retrofuturismos en España y las presentaciones de libros escritos por miembros de Steampunk Madrid son testigos a una creatividad impresionante.

¿Qué nos espera hacer en 2016? ¡Mucho más y a todo vapor! Invito a todos a venir con nosotros a explorar los horizontes del mundo retrofuturista y deseo a todos un año lleno de bienestar y felicidad. Y steampunk. Mucho mucho steampunk.

Prof. Cecily Cogsworth


La Navidad, más que ninguna otra celebración, condensa el espíritu Victoriano, no sólo en su parafernalia, sino en el deseo ya expresado por Dickens y sus contemporáneos, de devolver a la sociedad la esperanza perdida y la dignidad que nos diferencia a las personas de la simple naturaleza. Hoy, en este nuevo mundo por construir, cobra de nuevo sentido celebrar la Navidad, una Navidad de ilusiones y deseos de un mejor futuro. Feliz sea, por tanto, para todos vosotros.

Janacek Jadehierro


Feliz año nuevo a todos. Que este 2016 os haga un poco más felices a todos. Que este año nuevo saque lo mejor de todos y que todos saquemos lo mejor del 2016. Que vuestra compañía sea siempre igual de enriquecedora. Que sigamos brindando por nosotros y por Steampunk Madrid. Y sobre todo que el crecimiento personal no cese, que aprendamos los unos de los otros y nos convirtamos en mejores aún si cabe. Os deseo de todo corazón que 2016 sea nuestro año, el año del Steampunk.

Cap. Hlout-wig Duhbghaill


Tanto si al cerrar los ojos contemplas las maravillas de un mundo que respira vapor y come carbón, plagado de las sinfonías del repicar de martillos sobre yunques, o puedes ver a los metálicos habitantes de la barriada de chapa, como si sólo disfrutas de la estética y el recuperar prendas u objetos y dotarles de una nueva vida. Si ya te preciamos entre uno de nuestros entusiastas jinetes del vapor, o domadores del metal. Si gozas explorando las posibilidades de un pasado que nunca ocurrió... como si acabas de conocernos, bienvenido. Feliz Año.

Mikel Villafranca


Ojalá pudiera
empezar de nuevo.
romper con todo
arrancar de cero.
El año que viene
irá mejor.
El año que viene
conseguiré que funcione.
Se repite cada ciclo
como golpes de martillo.
Sudo sobre las piezas de metal
en busca de un error.
Me sumerjo en la maquinaria
a la caza del fallo.
Los pistones me golpean
el vapor quema mi piel
los engranajes giratorios me hacen cortes.
 Porqué adelanta
porqué retrasa
porqué no consigo
que dé la hora exacta.
Un ajuste…
otro…
en invierno
en verano.
Hay quien dice
que estoy obsesionado.
Hay quien se atreve a usar
la palabra loco…
No pido tanto
solo ambiciono
el mecanismo perfecto.
Sé que puedo conseguirlo.
Sé que soy capaz de hacerlo.
El año que viene
el próximo ciclo.
Me lo susurra el engranaje
me lo recuerda el pistón
me lo silba el vapor.
Antes de que el mundo acabe
antes que mi vejez me mate.
El año que viene…
sí…

Antonio Torrico


Este año mi felicitación va a Steampunk Madrid. Casi un año entero juntos y que sean ¡¡muchos más!! ¡Os deseo un feliz año nuevo a tod@s! Espero que este año 2016 esté cargado de engranajes y futuros retro futurismos. ¡¡¡¡¡Feliz año 2016!!!!!

Silvia Abiol

En este nuevo año que viene asomándose por la ventana, ya escuchamos esos ecos de felicidad, no bien todo es risa y alegría, también pena y dolor lo acompañan, pero, espera un poco, no me pongas esa cara de llanto, pon tu mejor cara, tu mejor sonrisa, esa que tienes guardada tantos años en tu cajón, porque ya es fin de año, es hora de ascender a un plano de fiesta, porque es momento de hacer cosas, de todas esas cosas que año a año decimos que vamos a hacer, pero esta ocasión, vas a intentarlas, vas a otear el firmamento y cortar el velo del destino para hacer tu propio futuro, tu propio dos mil dieciséis y empezar con los pies en el suelo para llegar a lo alto de las montañas, las montañas de la satisfacción, la aurora de la dicha y así por fin poder gritar a los cuatro vientos, muchas gracias por todo lo que he aprendido hasta hoy porque tuve la fuerza de intentarlo y lo lograse o no, estoy aquí, en mi casa, en mi sitio favorito, con los que quiero y me lo estoy pasando de lujo, con ellos, por ellos y siempre adelante.
MUY FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!

Vuestro ChristoffV


A miles de pies del mundo y cientos de millas de distancia, entre mis balsámicos y cálidos vapores se puede ver el mundo como una magnífica maqueta con sus pueblos, ciudades, campos. Zonas civilizadas y salvajes. Sus habitantes se me antojan pequeños seres vivos, deseandoles a todos un próspero y feliz 2016. Los sueños son alcanzables, lo difícil es saber cuáles son.

Caronte


Hoy quiero sumar a las de mis compañeros una felicitación para el año entrante, pero también una invitación. A que os unáis a esta comunidad, abierta e incluyente, igual que he tenido yo el placer y la oportunidad de hacerlo en 2015; a que disfrutéis del Steampunk y dejéis que llene vuestra vida de una estética distinta y una ilusión desbordante; y a que seáis creativos y busquéis cosas nuevas en 2016, porque sólo así es como se crece y se aprovecha el tiempo al máximo. Gracias a todos los que habéis estado ahí este año que acaba y lo habéis hecho tan maravilloso, y gracias de antemano a todos los que tenéis el firme propósito de que el año nuevo sea mejor en todos los sentidos.

Eric Rohnen


jueves, 24 de diciembre de 2015

Un bocata de tuercas

Uno de los más complejos juegos hechos hasta el momento.

Un bocata de tuercas es complejo debido a su sencillez, las reglas son sencillas, el relato ha de contener un objeto descrito, o citado, este es "Un bocata de tuercas" tener una extensión de 2000 palabras y ser una historia con un final cerrado.

Los relatos participantes.

Anécdotas mecánicas 
(Eric Rohnen)

El viejo caballero se aclaró una vez más la garganta y terminó su explicación:

-Total, que cuando me quise dar cuenta, llevaba horas enfrascado en ello y seguía sin conseguir que la vieja tetera de mi tía funcionara como era debido, ¡pero con todo lo que le había hecho, al menos ahora servía para preparar unos gofres deliciosos!

El resto de los presentes rió la ocurrencia preguntándose qué tendría de realidad y qué parte eran imaginaciones del mariscal Stenovic, que solía pasar días enteros en la sala común del Instituto compartiendo recuerdos inverosímiles con cualquiera que se pusiera a tiro. En esta ocasión tenía tres acompañantes, descontando al autómata sirviente de uno de ellos, el cual esperaba pacientemente de pie cerca de su amo.

    -No imaginaba que ocurrieran esas cosas durante los ejercicios de campo de su regimiento de fusileros pneumáticos, mariscal. - La alta voz de madame Cherneshevsky, con su acento eslavo, contrastaba con la vacilante y rasposa habla del militar retirado. Sus ojos azules se clavaban en cualquiera que recibiera su atención.

    -Uy, si yo le contara, milady. - Volvió a toser con un puño ante la boca. - Un hombre tiene que hacer frente a los retos allá donde se presenten, y además…

    -Me disculpará si le interrumpo, mariscal, pero me veo obligada a añadir que no sólo los hombres. - La menuda jovencita de pelo moreno corto y pantalones de taller con tirantes alzó una mano para acompañar sus palabras desde su sillón, enfrente al del viejo. - Sin ir más lejos, yo tuve que arreglar hace unos meses el carrillón del reloj de la torre del ayuntamiento de Módena de prisa y corriendo con lo que tenía a mi alcance, que era únicamente un juego de levas en su eje y una reductora de velocidad múltiple.

    -Hummm, ¿y cuál era el reto, señorita Mutti? - El mariscal parpadeó repetidamente al preguntar, intrigado. - Con esa maquinaria debería bastar seguramente.

La mecánica de corta estatura se echó hacia delante sobre su asiento, apoyando las manos en ambos reposaderos y marcando los músculos de sus hombros y espalda, acostumbrados al esfuerzo físico, por debajo de la camisa.

    -Pues que eran descartes de una hilatura, el conjunto medía 34 pies de largo, !y pesaba 6 toneladas!

    -Oh. Entiendo.

Los demás volvieron a reír. En esta ocasión, el único que no había hablado aún intervino.

    -Estoy seguro de que el mariscal no tenía intención de ofender, Roberta. - Miró a ambos conciliador. - Todos aquí hemos enfrentado problemas complejos en más de una ocasión. - Alzó casualmente su mano derecha, cuya historia ya conocían los demás.

    -Gracias, Herr Folkvanger, muy cierto, muy cierto. - El viejo se volvió hacia ambas mujeres y se inclinó aparatosamente a la vez que se levantaba brevemente. - Les ruego disculpen la falta de cortesía de este viejo.

    -No se preocupe, mariscal Stenovic. No sería la primera ni la peor ocasión en que un hombre me pone en una situación comprometida. - La mirada de madame Cherneshevsky y el discreto movimiento para asegurarse de que no había nadie más cerca de ellos, les decía que iba a ser una confidencia que no debería contar pero que de todas formas iba a relatarles. - ¿Recuerdan ustedes al último Duque de Oro?

    -Claro, incluso tuve la ocasión de conocerle antes de jubilarme. Un personaje curioso, algo obsesivo. Reconozco que no me sorprendió demasiado la forma en que acabó. - Mutti y Folkvanger asintieron, corroborando las palabras del hombre mayor.

    -El caso es que vino a verme para proponerme que trabajara con él. ¡Pretendía que yo modificara un huevo de Fabergé para esconder en él un explosivo! Menuda desfachatez. Tenía en mente, por supuesto, atentar contra el zar. Como pueden imaginar, le dí largas y avisé de inmediato al servicio secreto imperial.

    -Ah, eso explica lo que le pasó entonces. - El viejo inspiró hondo y se hinchó como una paloma. - Qué orgullo y alegría ver que es usted una fiel defensora del orden tradicional, mi querida dama.

Madame Cherneshevsky soltó una risa elegante pero muy sonora a la vez que volvía la cara de nuevo para mirar a su alrededor, bajando ahora la voz.

-¿Monárquica yo? Me ha malinterpretado usted, mi querido mariscal, el principal motivo para negarme fue que no podía permitir que alguien destrozara una obra de arte, ni yo ni ningún otro. - Ladeó la cabeza con picardía al ver el gesto de sorpresa en los demás. - Además, la zarina organiza unas fiestas espléndidas, lamentaría no poder volver a casa de los Romanov.

En esta ocasión sólo Folkvanger se rió, aunque por lo bajo, conocedor del gusto por las fiestas de la alta sociedad de la profesora invitada por el Instituto para compartir su experiencia durante ese año.

    -Veo que tú me entiendes, Kassius. - La dama y él eran ya amigos desde hacía unos años. - Eso fue poco antes de que llegaras a San Petersburgo con Hans, que en paz descanse. Tengo entendido que este autómata te lo cedió él, ¿no? - Señaló a la máquina humanoide que se encontraba de pie tras del sofá del ingeniero.

    -En efecto, Ruriek fue un regalo del profesor Linge, aunque desde entonces le he hecho unas cuantas mejoras. - Le guiñó el ojo.

    -¿Como cuáles? - La curiosidad de mecánica de Roberta Mutti saltó sin pedir permiso a la palestra.

    -Bueno, últimamente he estado refinando su cerebro para darle una suerte de iniciativa. - Gesticuló de forma vaga con las manos. - Estuve jugando con la ampliación de su percepción del contexto y la realización de conexiones espontáneas entre conceptos de su base de datos interna mediante un mecanismo de aleatorización. - Se mordió el labio inferior. - No está aún donde pretendía llevarle, pero estas modificaciones han provocado que aparezcan una serie de guiños inesperados, como por ejemplo,...

En ese momento llegará el camarero a preguntarles si estaba todo en orden y recoger el juego de té.

-¿Desean que les traiga algo más?, ¿quizá algo de pastel de zanahoria?

De repente, antes de que ninguno respondiera, Ruriek se puso en marcha y se acercó al muchacho con la bandeja, poniendo suavemente una mano sobre su hombro.

    -A mí si es tan amable, tráigamente un bocadillo de tuercas, joven.

Tras el momento inicial de sorpresa y silencio, ambas mujeres se rieron ruidosamente, acompañadas luego por el mariscal. Todos miraban no al autómata, sino a su dueño.

    -Como iba diciendo, guiños inesperados. - Sonrió disfrutando de lo oportuno del momento. - El más habitual de los cuales es una especie de sentido del humor.


Bocata de tuercas 
(Ángela Ramos)
-¡Aceite usado! ¡Se vende aceite usado!
Las sucias calles retumbaban con el repiqueteo de aquel carromato conducido por una vieja. Aaron asomó su pequeña cabeza. Tenía frío y hambre. Pidió un tarro del néctar que no podía tomar. Se lo llevaría a sus padres. Pagó con las monedas que había conseguido mendigando. A sus grandes ojos grises y voz de porcelana no se les podía negar nada. Con el grasiento botín marchó a su mísera casa.
Aaron era huérfano, fue abandonado en un orfanato que cerró varios años atrás. Tras vagar por los peores barrios fue acogido por la pareja Asimovsky. Eran dos autómatas que habían servido a un gran noble. Pero al morir fueron despedidos ya que a los hijos del anciano no les gustaban aquellas “frías máquinas”. Mas Aaron no creía que Ruthera (antigua cuidadora) y Pietor Asimovsky (chófer y mecánico) fueran un saco de engranajes sin sentimientos. El conde de Asimovsky era considerado uno de los grandes creadores de autómatas, autómatas que muchas veces eran más empáticos que algunas personas.
-Os he traído aceite. –Dijo Aaron.
-¡Oh, cielo! –Respondió Ruthera con una mecánica aunque afable voz- ¡Eres un sol! –lo abrazó- ¿Quieres un bocata de tuercas?
El bocata no era más que dos planchas de metal oscuro con algunas tuercas de diferentes tamaños y colores. Aaron nunca rechazaba un bocata de tuercas, pues las piezas que lo formaban era bien de Ruthera bien de Pietor, quienes lo hacían con su mejor intención. Aquello le ponía muy triste. Entonces, vio como a Pietor le costaba doblar un brazo: el bocata era de él. Con una melancólica sonrisa tomó el manjar y anunció que iba a salir. Aaron canjeaba las piezas por alguna fruta, pan, agua y, con suerte, un plato de sopa y carne.
Un día, mientras cantaba en la plaza del pueblo para ganar unas monedas, un hombre muy alto y muy bien vestido se acercó a él:
-Tienes una voz preciosa. Dime, jovencito, ¿quién te ha enseñado a cantar así?
-Nadie, señor. –El hombre de bigote fino le miró asombrado.
-¿Te gustaría venir a la Academia de Música? Allí podrías mejorar mucho…
-No tengo dinero, señor. –El hombre sonrió.
-No te preocupes. Mañana vendré a escucharte otra vez, y tal vez pueda conseguirte una plaza grates, ¿vale?
Aaron asintió y vio como el hombre se alejaba.
Pasaron los días, y el señor Muslov (profesor de la Academia) escuchaba a Aaron, dándole consejos y enseñándole él mismo en su casa mientras quedaba una vacante. Unas semanas más tarde, Aaron vino con una bolsa llena de monedas. Lo que el profesor no sabía era que aquel dinero era el trueque de muchos bocatas de tuercas.
Aaron entró en la escuela y, mientras el progresaba y medraba, los Asimovsky iban destrozándose paulatinamente:
Ruthera había perdido una pierna por completo y su mecanismo fónico apenas funcionaba. El rostro de Pietor se había reducido a lo básico y se podía ver parte de los cables y engranajes internos que lo hacían funcionar. Apenas podía arreglarse a sí mismos.
Aaron pasaba todo el tiempo en casa del profesor Muslov. Ya no volvía por las calles de la decrépita vendedora de aceite usado. Un día llegó su primer gran concierto; le sucedieron muchos otros, y vio en Muslov a un nuevo padre. ¡Si el profesor hubiera sabido la verdad oculta!
Han pasado varios años desde que Aaron creció y se hizo un gran cantante que vivía en caras mansiones, siempre con su profesor. En eso, el profesor contrató a una autómata para que se ocupase de la casa y de su cuidado, pues ya era muy mayor. Aquello le trajo a la mente la pareja Asimovsky. Como si tuviese una suerte de resorte bajó corriendo a su antiguo hogar.
Cayó al suelo, sus lágrimas tiznaron los escombros:
Como estatuas principescas mutiladas por la golondrina, tan solo quedaban los dos corazones que latían con un ritmo moribundo entre las paredes caídas. Aarón se acercó a recogerlos empapado de angustia. En su mente resonaban las palabras de la dulce Ruthera y del bueno de Pietor, eco que ya no lo abandonaría, que lo convertiría en un carcamal oxidado, solitario y hermético en su propia prisión, con aquellos dos corazones guardados con cariño en una vitrina; esas palabras que le traían unos recuerdos inolvidables, esa sonrisa mecánica más cálida que cualquier humana…
-¿Quieres un bocata de tuercas?

¡Menos zinc y mas hierro! 
(Mikel Villafranca)

Todos conocéis los hechos de la pasada primavera y cómo los trabajadores autómatas se rebelaron contra su blandito opresor, y claro está que conocéis su lema “Menos zinc y mas hierro”. Pero creo que ninguno conocéis el germen de este lema y de esta revuelta.

Para empezar a contaros esta historia tengo que presentarme. Mi nombre es Marcus Zinerman, y soy doctor de autómatas, vivo y trabajo en la barriada de la chapa. El peor barrio de autómatas de la ciudad, justo encima del “Tuercas y Tornillos” Cafetería ferretería.

Y fue en ese lugar donde se prendió la chispa de la revolución.

“Marchando un bocata de Tuercas, y vaso grande de aceite de motor” Anunció la metálica voz vagamente femenina con tonos de clavicordio, la camarera robot era una máquina de la “Serie 7” mucho mas humanoide que las anteriores, la chapa que cubría su esqueleto y maquinaria había sido moldeada con las típicas curvas femeninas, y se la había programado con ademanes de mujer joven, por eso se llevaba una mano a la cadera quedando en jarras y con la bandeja en la otra mano.

El autómata obrero sentado a mi lado en la barra levantó la cabeza, y con la mano se quitó la visera de pana mugrienta, y anunció agitándola que era el deseoso consumidor de dichos manjares. Volví a bajar la mirada, delante de mi estaba la laringe mecánica de aquel individuo, entre mis patatas fritas y mi hamburguesa casi al punto, bebí lo que quedaba de mi batido, y volví a atornillar la tapa del filtro, accioné manualmente el mecanismo para comprobar si funcionaba bien, si aquello ya estaba mejor, guardé el destornillador en el estuche de tela enrrollable y mientras sin levantar los ojos di mi opinión médica al paciente sentado en la mesa junto a mí, “es el polvo de carbón, ha atascado el filtro de la laringe mecánica, te lo he limpiado, y ya vuelve a funcionar, pero no durará mucho, necesitas un filtro nuevo”.

El autómata- 7645A (creo que ese es su nombre) al que había llamado desde hace años Alberto, me miró mientras recogía la pieza, y la colocaba en la cavidad bajo su mentón mecánico. Su voz sonó mecánica, era una pieza anticuada que producía una voz imperfecta y llena de ruidos. “Ya hemos hablado de eso doctor. Es una pieza cara e innecesaria para el trabajo”- Y estrictamente era cierto.

Asentí, mientras veía como agarraba el bocata de tuercas, dos obleas metálicas de chapa fina recubriendo tuercas metálicas de métrica 5, cientos de ellas. E introducía el conjunto en su abertura facial, justo debajo de los faros oculares la portilla dentada se cerró rompiendo la oblea con sumo cuidado y empezó el proceso de digestión mecánica.

“Este bocata tiene mucho Zinc” Espetó Alberto, acompañó su expresión con dos bocanadas de vapor saliendo del tubo de escape facial, algo que yo había aprendido a reconocer como enfado, a partir de este momento yo me convertí en un mero observador.

“Es cierto” corroboró un autómata de la serie 1 que estaba apoltronado cerca de el buffet de tuercas y tornillos, “todo tiene mucho Zinc” su voz era un conjunto de chasquidos mecánicos y conos micro perforados, su vocabulario de unas doscientas cincuenta palabras “todo mas zinc que antes”. Yo di los últimos mordiscos a mi hamburguesa, y acabé mis patatas, mientras un coro de voces mecánicas de muchos timbres distintos creaban una cacofonía.

Todas las voces se callaron de súbito, habían alcanzado un acuerdo, “Ahora todo tiene mas zinc, y por ende es menos alimenticio y mas barato de fabricar”- Sentenció un autómata de la serie 5 , yo era su médico y como tal le reconocí en el acto, era Sirius, el sindicalista, “La pregunta es qué vamos a hacer al respecto. Vamos a dejar que los “blanditos”-Me señalo con su dedo largo y cromado- nos envenenen con comidas de mala calidad,-Bajó la voz drásticamente- No va por usted, Doctor, sabemos que usted es bueno con nosotros- subió la voz hasta casi un grito agónico- o vamos a hacer algo al respecto”

El prorrumpir de chasquidos y quejidos metálicos llegó en el acto, y un coro de muchas voces mecánicas y con tonos dispares empezó a corear un eslogan que pronto causaría miedo y dolor “¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro!...”

El local se vacío casi en el acto, y una muchedumbre metálica invadió la calle, golpearon en las paredes de chapa de la barriada, y gritaron y hablaron a sus ocupantes, de la veinte original ya solo se veía su nutrida retaguardia, con el sindicalista a la cabeza, y cada vez mas autómatas en una turba que crecía y crecía cada vez mas, yendo hacia el centro de la ciudad.

Acabé mis patatas fritas y miré a la Camarera de la Serie 7, que aun seguía allí plantada. La única de todos los autómatas que seguía en el local, “¿qué ocurre? -pregunté.” y ella contestó: “se han ido sin pagar”- su voz sonó con verdadera afectación en agudos - apenas pude contener una sonrisa. “ponme otra hamburguesa y pásame la cuenta de todos ¿quieres?, antes o después todos me pagaran lo que deben. - y reí como no había reído en años.

Siempre he defendido que cuantos mas autómatas diseñábamos mas humanos hacíamos cada diseño y aquella escena era un claro ejemplo de que la tesis era cierta. Era tan cierta que en mi opinión habíamos jugado a ser Dios y para nuestra desgracia habíamos triunfado, es por eso por lo que en mi puesta ponía Doctor y no Mecánico, es por que los autómatas eran mas humanos que los humanos a los que llamaban despectivamente blanditos.

En la radio no tardaron en hacerse eco de la noticia y mientras la camarera barría y limpiaba el local yo degustaba mi segunda hamburguesa completa, al principio los periodistas humanos hablaban de un virus mecánico que había afectado el comportamiento de decenas de autómatas, y mas tarde de una turba de manifestantes. “Pon la Emisora Trece, por favor- Dije a la camarera”, que accionó el dial del dorso de su mano para complacerme.

“Cientos de hermanos mecánicos se congregan a las puertas del senado gritando “¡Menos Zinc y mas Hierro!” esto es una revolución”- Graznaba la mecánica voz del locutor. “parece que ya llegan las tropas de choque metalizadas para disolver a los manifestantes, que esta ocurriendo no lo puedo ver bien.... …... ….. Me informan que se ha iniciado una batalla campal entre los blanditos y los manifestantes estos últimos apoyados por las fuerzas de choque metalizadas..... ….. - unos minutos después sin emisión y se reanudó- parece que los blanditos han movilizado al ejercito y los reservistas blanditos, y ya llegan a la refriega, lo que empezó como una revuelta pacifica se ha convertido en una matanza, hay líquido de transmisión por todos lados y carcasas agujereadas, o por la Santa Tuerca parece que han abierto fuego contra los manifestantes....- La trasmisión se cortó y ya no volvió a restablecerse.

Los blanditos habían ganado. La revuelta había sido extinguida.

Y las consecuencias ya las conoces, así que dime una cosa ¿tú que crees? ¿fueron unos revolucionarios o una panda de dementes? Y es importante que lo decidas tú, por que de tu decisión depende el futuro. ¡¡¡¡“Menos Zinc y Mas hierro”!!!!



 Venn
 (Antonio Torrico)


Un sonoro tic tac me sacó de mi sopor mucho antes de volver a ser consciente de cosas tan sencillas como quién era o dónde me encontraba. La cabeza me dolía horriblemente y apenas podía ver más allá de unos párpados que se negaban a abrirse del todo. Cuando volví a ser dueño de mis sentidos y recuerdos, la situación casi me lleva al desespero. Me encontraba en el interior de un gigantesco mecanismo, sobre una extensa plataforma de madera. Una plataforma que se estrechaba y dividía en varias pasarelas que recorrían los recovecos de esa enorme maquinaria en la que me encontraba. Y en el centro de aquellas pasarelas de madera, un único raíl metálico parecido al que usan los moto tranvías que recorren la ciudad de la que provengo.
La gigantesca estancia está en constante movimiento. Engranajes girando unos sobre otros desde sus ejes al son de ese omnipresente tic tac que se colaba en mis entrañas. Un enorme péndulo de cobre se balanceaba bajo mis pies, oculto su extremo en una caída infinita hacia la oscuridad. Toda la estancia era iluminada tenuemente por una luz lunar azulada que traspasa la traslúcida esfera de un reloj de proporciones imposibles, llenando la estancia en la que me encontraba de sombras inquietas y recovecos oscuros. Una habitación que no descansa nunca. Un lugar que no conoce la quietud. Recordándome con cada movimiento de aquel segundero que se intuía al otro lado de aquella resplandeciente esfera tanto la mortalidad del Hombre como la magnitud de mi derrota.
Me avisaron contra el Doctor. Me dijeron que no le persiguiera, fuera cual fuese la recompensa que ofrecían por su captura. Ojalá les hubiera escuchado. Pero jamás creí que aquel anciano pudiera tener la capacidad de vencer a mi estoque, escapar de mi trabuco o esquivar mis expertos puños.
Un feo reguero de sangre seca recorría mi frente señalando con su origen la herida que había provocado mi inconsciencia. Maldito sea ese desquiciado científico y sus aparatosos artilugios de combate.
Pronto fui consciente de que no estaba solo dentro del cronógrafo. Otro artilugio mecánico se acercó a mí mientras estaba enfrascado en golpear la esfera del reloj con una tabla que había conseguido desprender de la pasarela con el fin de hacerme con una vía de escape. Se acercó a mí sin que me diera cuenta y me sobresalté al ser consciente de lo que se encontraba a mi espalda. Sobre ese estrecho cilindro que le permitía moverse a lo largo del riel se encontraba un deforme cuerpo metálico con multitud de brazos, cada uno acabado en una herramienta diferente. Todas ellas artilugios retorcidos que recordaban más a instrumentos de tortura que aparejos de tornero. Uno de esos brazos acababa en una escuálida zarpa de acero. Esta sostenía un trozo de pan que albergaba dentro tuercas de metal. Alargando aquella extremidad, abrió aquellos dedos puntiagudos para ofrecérmelo. Sobre aquel tronco de chapa, una cabeza a la que su creador no había dado prioridad me miraba deforme con algo en ella que mi desesperación me hizo interpretar como algún tipo de gesto.
Llevaba dos días sin más sustento que el agua de lluvia que se filtraba por las rendijas de un techo que la oscuridad nunca me había mostrado, por lo que me lancé a por aquel trozo de pan ignorando el riesgo a mi seguridad que aquellas extremidades suponían. Dejé caer al suelo de madera las piezas metálicas mientras devoraba con fruición el pan que mi nuevo amigo sin alma me había traído. Este miraba las tuercas rodar por el suelo sin comprender apenas porqué desperdiciaba tan suculento acompañamiento.
Debía ser parte del mecanismo del reloj. Lo ajustaba y engrasaba cuando era necesario. Y de alguna forma, ahora me consideraba parte de ese complejo entramado mecánico, porque cada día llegaba a la misma hora con aquel bocadillo de tuercas del que yo solo aprovechaba el pan. Como si se ocupara de una pieza que funciona mal. Como si hubiera pasado a formar parte de su protocolo de mantenimiento.
Intenté hablar con él sin conseguir la más mínima respuesta. Sabía que era inútil intentarlo pero pronto mi creciente soledad empezó a jugarme malas pasadas. Le puse nombre, esperaba con ilusión su visita diaria y pronto empecé a considerarle como a un amigo. Me reía de mí mismo cuando pensaba en aquello, prisionero como estaba en aquel reloj ideado por una mente enferma. La mente de un hombre que me había encerrado dentro de aquella máquina eterna para verme perder la cordura con cada bocadillo de desperdiciado embutido metálico que deglutía. Con aquel infinito tic tac que me estaba robando la vida. Con aquel amigo que su creador presupuso que no podía saber lo que era la amistad. Aquel error le costó la vida. 
Aunque es difícil admirar la prisión en la que te encerraron durante tanto tiempo, así como la obra de quien odiaste hasta matarle, no puedo menos que sonreír al contemplar la torre del reloj desde la ventana de mi cuarto. Una obra maestra de ingeniería que seguirá funcionando mucho después de que todos nosotros hayamos muerto. Mi amigo se ocupará de que así sea.




jueves, 10 de diciembre de 2015

Primera semana de diciembre - Crónica

Ya se está convirtiendo en una costumbre esto de tener evento día sí y día también, encadenados y hasta varios el mismo día. El mejor ejemplo, esta semana pasada.

La escenografía Steampunk del Circo Price
Empezamos el jueves con una oportunidad para asistir al ensayo general de la función de navidad del Circo Price, el día justo antes de su estreno. Y es que este año, la temática elegida ha sido Steampunk, con ese toque navideño que no podía faltar por supuesto. El espectáculo, que gustará a niños y no tan niños por igual sigue un hilo conductor en el que una chica y su abuelo exploran la fábrica de éste, donde buscan crear las navidades perfectas, por el camino encontrándose con todos los miembros de la misma, los cuales harán exhibición de sus mejores talentos para disfrute del público. La escenografía creada para la función, de la que mostramos parte y que esconde sorpresas para los que vayan a verla, junto con los vestuarios elegidos, son el broche perfecto para la labor de este veterano circo madrileño.

Balconada interior del
Museo Lázaro Galdiano
El viernes, primero de mes (tomad nota), el museo Lázaro Galdiano abre sus puertas de manera gratuita, y no nos lo podíamos perder tampoco. La colección privada de quien fuera uno de los más adinerados caballeros a caballo entre los siglos XIX y XX está ahora a disposición del público en su residencia original. Sorprende no sólo por la calidad de las piezas, sino por la cantidad, que hace que tengan que estar en gran parte almacenadas en cajones bajo los expositores, los cuales también se pueden ver. Arte religioso y objetos litúrgicos, ropajes (incluso alguno perteneciente a personajes como el Cardenal Cisneros), arte sobre azulejos, armas (sección que gustará a todos los apasionados de este tema, tanto blancas como de fuego, os lo garantizo) y por supuesto, escultura y pintura: un Bosco, un supuesto Da Vinci, y varios Goyas, rodeados de muchas otras, y con una ambientación que tampoco desmerece. Aún con suelos y paredes remodelados, los techos siguen resaltando por sus decoraciones y sus imágenes, entre las que están muchos de los grandes genios de las artes patrias y universales (Cervantes, Lope, Velázquez, pero también Wagner, Verdi,...) Especialmente disfrutable por el silencio que reina en la casa.

Eric Rohnen
Dos presentaciones de libros Steam en un día, podría parecer algo excepcional o extraño, pero la primera semana de este mes eso es lo que ocurrió. En un sólo día había sendas presentaciones de "Faraway Crónicas de Lejana" y "Páramos Lejanos".

Presentación de Faraway en "El Mono Araña"

En en la tienda El Mono Araña, se presentó de mano de Victoria Vanadis y Janacek Jadehierro "Faraway Crónicas de lejana", una antología de relatos Steampunk, que expone historias de unos colonos, en un mundo hostil que arrastran sus defectos hasta un nuevo mundo. Es y esta es una de sus innovaciones una antología abierta donde su autor Janaceck nos invita a crear historias en su mundo y compartirlas. Se realizó un juego policíaco cuyo ganador se llevó un juego de las potentes y evocadoras ilustraciones de Victoria Vanadis.

Presentación de Páramos Lejanos
 en "Manhattan Cómics"

Y  ese mismo día por la tarde, se realizó en la céntrica tienda de Manhattan Cómics de Madrid, la presentación de "Páramos Lejanos", una obra narrativa dentro del Greenpunk; en ella se realizó un pequeño concurso de makers y artistas, y que tuvo como colofón una interesante conversación sobre reciclaje y obsolescencia programada entre otras cosas.

Mikel Villafranca.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Steampunk Madrid visita el Museo Geominero

El domingo 22 de noviembre, justo con la llegada de los fríos vientos de invierno, y tras una improvisada convocatoria esa misma semana, un grupo de curiosos aventureros nos acercamos a conocer uno de los museos más injustamente olvidados de Madrid, que no es otro que el Geominero, en Ríos Rosas.


Nada más entrar uno comprende rápidamente que se encuentra ante un edificio señorial, pensado desde su origen en la década de 1920 precisamente para albergar la colección que aún hoy esta a disposición del público. Los altos techos sostenidos por esbeltas columnas, la escalinata de subida, las vitrinas con ese aire tan añejo, decoradas todas con el emblema del museo, las vidrieras que decoran el edificio, y por encima de todo, la sala principal, donde tres niveles de balconadas dominan la colección principal. Mención especial a los sillones con radiadores camuflados en su interior, muy de agradecer ahora que aprieta el frío.



Cada uno a su ritmo y guiados todos por la curiosidad, la mañana se pasó volando entre especímenes de rocas y fósiles de la más diversa procedencia nacional e internacional. El museo invita a recorrerlo sin prisa, disfrutando de sus piezas y las explicaciones que las acompañan, para aprender sobre la historia minera de España, o las distintas eras geológicas. Uno se distrae un momento contemplando la vitrina de los meteoritos y al levantar la mirada descubre que el resto de sus compañeros están cada uno en un lugar distinto, algunos en el patio y otros en los niveles superiores, admirando la cabeza de tiranosaurio del primer piso, el cuerpo de un mastodonte que ocupa el centro de la estancia, las muestras de piedras preciosas y minerales de vivos colores, o el relato de cómo se dejó de extraer Uranio en las minas del país.


En resumen, una visita muy recomendable que seguro tenemos que repetir, esperemos, más pronto que tarde.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Ensalada literaria Vol.1


La ensalada literaria es un juego literario que se jugaba por puro placer, sus normas ya descritas en una entrada anterior, se pueden resumir como: reunidos un grupo de jugadores escogen una serie de clichés que serán los ingredientes, y dentro de un limite esteblecido de palabras, escriben un relato, es decir aliñan esos cliches, produciendo un relato de su invención.

Para la convocatoria usamos las siguientes reglas:


  • Cualquier genero
  • Finales abiertos o cerrados
  • limite 750 palabras titulo no incluido
  • Clichés:
  1. Mujer no en apuros
  2. Artefacto que nadie sabe para que sirve
  3. De tez morena y Lampiño
  4. Se golpeo el dedo meñique con el sinfonier
  5. un barco en mitad del mar
  6. una casa en la nieve
  7. no pudo reprimir la angustia.
Y estos son los resultados de cada jugador:

La pequeña historia de Irène Daaé (de Angela Ramos)

Los copos caían despacio sobre la colina. Irène se desperezó. Abrió las cortinas: una fantasía en verde pino y blanco. Desde que había comenzado a producir máquinas la habían echado de su pueblo, santiguándose y arrojando sobre ella agua bendita. Suspiró. Sin abrir los ojos salió de la cama… “¡Ouch!” gritó. Se acababa de golpear el dedo meñique del pie con el sinfonier. ¡Qué dolor y qué rabia!
Miró con malos humos al mueble, insultándole. En eso, el sinfonier hizo unos ruiditos tristes, arrepentido. Dos ojos lánguidos empezaron a moverse y las patas del sinfonier (patas de bestia) corretearon rápidamente hacia otro lugar. 
-¡Espera, lo siento! ¡Vuelve aquí!
Con legañas se apoyó en el umbral de su casita en la nieve. Su refugio particular. Vino a saludarla un can mecánico que meneaba la cola rítmicamente. Sonrió. 

Se calzó unas botas altas bajo la falda granate. Se ciñó su corpiño sin pestañear y cargó en su espalda una gigantesca caja de herramientas. Silbó a su amigo sin pelo y cerró la puerta con las ideas bullendo como una máquina de vapor en su cabeza.
Empezó a caminar sin mirar a su hogar. Necesitaba aventuras, y las necesitaba ya. Estaba cansada de vivir como una loca bruja que ardería en el Infierno. En poco tiempo vio el mar. Un mar frío, desde lo alto de un acantilado que anunciaba una muerte segura. 
Abandonaba Bodo sin una lágrima. Tomó en brazos a Frankiewinnie, sintió su bomba de calor que subía y bajaba mientras este le propinaba lametones de aceite. Con un silbido, el gigantesco sinfonier, como un buey manso, se acercó y cerró tras de sí la puerta. Aquel mueble guardaba algunos de los instrumentos que Irène podría necesitar.

No le fue difícil alquilar una embarcación no demasiado grande que nunca devolvería. Una vez lejos del puerto, sacó de su mochila un autómata bajito y rechoncho. B-B le ayudó a colocar un motor y una pequeña caldera para mover el barco sin apenas esfuerzo. 
Con el viento en su rostro claro y cabellos largos y almendrados zigzagueando sin control navegó algunos días. Aquel barco se había convertido en toda una isla que la proveía de todo lo necesario: una diminuta desaladora, un huerto trepador alimentado por placas solares (o almacenes de Sol, como las llamaba ella.), una suerte de espacio ahuevado que mantenía el calor gracias a Frankiewinnie y un remero fabuloso, Suzette, el sinfonier… Pero, un día, algo cambió en su tranquilo viaje.
Empezó a escuchar voces borrachas y acordes mal tocados a guitarra, y pronto supo de donde venía aquel horrible sonido: un enorme velero con cañones rotos se alzaba ante sus ojos azules. Entonces, un hombre de tez morena y lampiña comenzó a gritar:
-¡Caballeros! ¡Una dama! ¡Una dama! –Unos cinco hombres se asomaron a punto de caerse. -¡Venga, milady! ¡Le llevaremos a tierras seguras! ¡No tiene nada que temer!
      Irène arrugó el ceño.
-¡No soy una “milady” ni necesito vuestra ayuda! –Respondió con marcado acento sueco. Los hombres se miraron sorprendidos. 
-¡Así que una dama que no está en apuros! Y, dígame, preciosa, ¿adónde va?
-¡A usted no le importa! –Dijo enfadada.
-¡Nosotros vamos al Polo! –Vitoreos de fondo- ¿Se viene, milady? –Irène sacó una completa brújula compuesta por ella y miró al grupo variopinto suspirando.
-Vais en mala dirección. Terminaréis cogiendo las corrientes chillonas y vararéis. 
El capitán Jack, Jack Nothing, de tez morena y lampiña, no pudo reprimir la angustia. Era el capitán de un barco en mitad del océano. Estuvo a punto de echarse a llorar. ¡Su empresa se hundía! Su rostro se curvó trágicamente, sus ojos se humedecieron, cayó al suelo con una expresión deprimida. 
 Pidieron ayuda la chica que no estaba en apuros los apurados marineros. Al final, Irène decidió subir al barco seducida por la idea de estudiar un artefacto del que ninguno sabía su uso.
Una noche, noche en la que ya veían la aurora boreal, en la que sus roces de desconocidos habían amainado, aquel aparato de sendas dimensiones cubierto por una sábana brilló. Todos quedaron en silencio, petrificados. Parecía una especie de portal.
Irène se adelantó con Frankiwinnie dispuesta a analizarlo. Suzette metió con timidez una pata, sintió arena. Se asustó y saltó hacia Irène. 
-¿Qué será? ¿Adónde irá? –Abrió uno de los cajones de Suzette y sacó varias lentes de aumento para verlo mejor. 
-Nunca lo sabremos si no lo atravesamos. –La tomó de la mano- Después de usted, Irène.
Y caminaron el capitán Jack, Irène, Suzette y Frankiwinnie con paso decidio, seguidos, después, por el resto de la tripulación que pasaron abrazados unos a otros.
Detrás de ellos se cerraba un mundo.

La casa en la nieve (de Eric Rohnen) 

El gruñido ahogado la despertó en mitad de la noche, sacándola al instante de lo que fuera que estaba soñando. Cuando abrió al máximo la llave de la lámpara de gas junto a su cama para iluminar el camarote por completo, comprobó con un gesto de disgusto que su sospecha era cierta. Elevó los ojos al cielo y espetó con un siseo, no queriendo subir mucho la voz:

-¿Te parece apropiado? ¿Colarte en la habitación de una dama en mitad de la noche?

-¡No es lo que parece, Helga! - El muchacho se apresuró a responder, pero su principal preocupación era sujetarse el pie derecho desnudo con la mano izquierda mientras se apoyaba en el mueble contra el que lo había golpeado en la oscuridad. Su rostro afeitado y teñido por el sol de los últimos meses era una máscara de dolor. - Tenía que volver a verlo…

-¿Y no podías esperarte a mañana cuando lleguemos a puerto, Kass? - Resopló, colocando el camisón en su sitio antes de sacar los pies de la cama y buscar las zapatillas acolchadas. Echó a andar en dirección al sinfonier anclado al suelo y a la pared para que el movimiento del barco no le afectara.

-¡No! No he podido dejar de pensar en esa cosa desde que la encontramos…

-La encontré yo, no te olvides. - Le dedicó una mirada con la que le desafiaba a llevarle la contraria de nuevo. Señaló al pie magullado. - ¿Estás bien?

-Lo sé, lo sé, lo siento. Y perdona por colarme, ¿vale? - Volvió a apoyar la planta e intentó recuperar la compostura, pero era evidente que seguía doliéndole algo. - No te preocupes, sobreviviré.

-A menos que se te ocurra entrar en mi habitación de noche nuevamente. - Le lanzó un gesto de advertencia muy breve pero explícito con un puño cerrado ante sus narices. - ¿Qué es lo que buscabas, la llave?

-Sí, la tienes tú, ¿no? - Se volvió un momento hacia el mueble. - Pero no la veo.

-Je, normal. - Tiró de un cordel que llevaba al cuello, apenas visible bajo el nulo escote del camisón, hasta revelar la pequeña pieza de plata. - Esta no se aparta de mí ni de día ni de noche.


-¿En serio? - El chico la miró con incredulidad, una ceja levantada.

-Has venido a por ella, así que parece que fue buena decisión después de todo, ¿no? - Ella apretó la boca. - Bueno qué, ¿bajamos a la bodega? Total, ya que me has despertado y sigues vivo para contarlo, lo mismo da.

-Milady, detrás de usted. - Hizo una profunda reverencia servicial a la vez que le abría la puerta, pero incluso con el rostro hacia abajo su sonrisa era bien visible.

-Sí, claro, en camisón. Anda, sal y espera en el pasillo. - Y se apresuró a añadir, marcando cada palabra. - A puerta cerrada.

Kassius salió tirando de la puerta, comprobando con alivio que seguía sin haber nadie más rondando la zona de camarotes a esa hora de la noche. El dedo le dolía horrores, pero se obligó a no prestarle atención. Se calzó las botas que había dejado allí mismo antes de entrar para no hacer ruido contra el suelo de madera. Antes casi de darse cuenta, Helga salió como una bala de su habitación con la llave en la mano. Él reprimió un comentario mordaz acerca de lo poco que había tardado comparado con otras veces y la siguió en silencio por el pasillo y una estrecha escalera de caracol que llevaba a la cubierta más inferior. Al momento habían atravesado la escotilla con cierre mecánico de la bodega, y mientras ella buscaba con la mirada, él encendió una lámpara de aceite. Apenas hizo falta porque Helga ya había ubicado el pequeño arcón compartimentado donde había colocado algunas de las piezas recuperadas en la excavación, así que depositó el farol sobre una caja de madera bien claveteada. El corazón le latía rápidamente, en parte por la excitación de volver a ver aquello que le había cautivado al aparecer en unas ruinas de la selva de Brasil, pero también, y esto trataba de disimularlo más arduamente, por estar con ella.

-Aquí lo tienes. - Helga se incorporó con aquel objeto en la mano.

Él quedó cautivado de nuevo por el oopart, dudando si alguna vez alguien averiguaría qué hacía allí esa pequeña esfera de cristal, y por qué dentro había una casita sobre la que no cesaba de nevar.

Sin titulo (de Janacek Jadehierro).

Ahmed levantó uno de aquellos objetos que no servían para nada y los estudió brevemente. Su rostro moreno y lampiño se contrajo en un gesto de perplejidad cuando al agitar la esfera vio caer la nieve sobre una diminuta casa de cuento. Enseguida cogió otra bola y quedó embelesado con el barco que agitaban unas minúsculas olas de color azul. Entonces sintió los pasos silenciosos de ella a su espalda y, nervioso, tropezón con el sinfonier y soltó un quejido más alto de lo que hubiera deseado estando ella presente. Siempre conseguía parecer ridículo en su presencia. Pero ella le perdonó aguantando la risa.

Las irreflexivas aventuras de una dama aventurera. (De Mikel Villafranca)

Enrriequeta vazquez Santjames, no era una chica normal, era una científico y aventurera, en ese sentido se parecía a su lampiño y moreno padre, Raúl, un hombre que había perfeccionado el arte de la aventura, para el la aventura era una corista americana, llamada Lula, que tenia el honor de ser la madre de Enrriqueta, aunque no se habían visto en mas de diez años, pues estaba muy ocupada lapidando su fortuna, adquirida por casamiento, en los casinos de medio mundo y los restaurantes mas selectos del mundo.

Enrriqueta quedo al cuidado de su Tío Mauricio que vivía en un caserón, en mitad de los pirineos, una casa aislada por la nieve la mitad del año, Gracias a Mauricio se intereso por la ciencia de un modo genérico, convirtiéndose en una muchacha excéntrica, Su tío había viajado al polo sur en una expedición y había traído “El cubo” que estaba enterrado en la nieve, una historia que contaba a menudo y que despertaba la curiosidad femenina de Enrriqueta y de cualquier persona presente, gustaba de relatarla sentado junto al fuego fumando su larga y fina pipa de cerámica.

Ahora daba la vuelta al extraño artefacto, lo denominaban “El cubo” y su objetivo era una misterio, era vagamente cubico, de un metal indefinido y con teclas, parecidas a las de un piano, era tal el misterio del objeto que ejercía una extraña fascinación, y por ello ahora navegaba en el “Imprudente” hacia el polo sur, hacia días que no se veía ni tierra ni barco alguno.

El barco se zarandeo por culpa de las olas y ella perdió el equilibrio, golpeándose el meñique de su pie contra el sinfonier de su habitación, sin el cual no viajaba a lugar alguno, el dolor era tremendo y de hecho se rompió una uña por el golpe, algo que abría sido trágico para cualquier damisela, pero para ella estaba claro que estar en apuros no era una opción, aunque no pudo reprimir la angustia, pues le dolía mucho, pero se mordió el labio y se centro en el extraño artefacto.

Según se acercaban hacia el polo, “El cubo” sufría considerables cambios, algunos puramente estéticos, como el color de sus teclas que muto del metal negro a al blanco y negro del marfil y el ébano, y al pulsar las teclas se hacia el mas absoluto y armónico silencio, un silencio casi musical, que acallaba los crujidos del barco en la tormenta, y el rugido de los olas al descargar su furia contra el navío.

El “Imprudente” estaba comandado por un curtido capitán, y por marineros muy veteranos, tan veteranos que la muerte en una travesía hacia el polo les parecía hasta atractiva, hacían chanzas sobre sus respectivos achaques, pero según navegaban hacia el sur y con el comienzo de los hielos parecieron serenar su jovialidad y mutarla en una seriedad afectuosa.

Llegar a tierra no fue un problema, pues el hielo rodeo el barco y caminar desde allí hasta hasta lo mas profundo del continente fue tan solo una patética caminata entre la ventisca y el deslizante hielo.

Ella sabia que aunque los demás miembros de la expedición estaban rilando se cual mirlos, ella no tenia esa opción, camino hasta lo profundo de una caverna para refugiarse y pulso el aparato que hace rato que funcionaba de manera autónoma, al pulsar sus teclas un estallido de armónico silencio invadió el lugar y la mas maravillas se produjo según tocaba sus teclas que deformaban con sus emisiones de silencio el rugir de la tormenta, en una maravilla de canción.

Empujada solo por sus fuerzas viajo hasta el barco, con los marinero desaparecidos y sin molestarse en pedir ayuda, pues nadie podía ayudarla, y desde luego prefería morir a convertirse en una dama en apuros, puso el velero en rumbo a mar abierto, no sin algún traspiés, fijo la ruta con la ayuda de su ingenio y desde el puente y atando sogas y maromas acá y allá consiguió salir a mar abierto, donde el barco empezó a deshacerse en pedazos, la tormenta había arrancado cachos entero y hacia aguas, el “imprudente” se hundía irremediable.
Con su fiel sinfonier de Nogal, un palo de fregona de origen incierto y unas floridas enaguas consiguió llegar en el mas curioso navío visto nunca en los puertos de la Patagonia.

Lo que ocurrió despumes y como llego a su casa, y cual fue el fin de nuestra geriátrica tripulación es otra maravillosa historia que ya contare, o quizás no...

Oceano infinito. (de juan Carlos)
El monótono y perezoso gran océano acaricia con su oleaje el casco de mi nave, el olor del combustible quemado con el agua del mar alegra mis pulmones con su mezcla de olor óxido con el salitre, evocando grandes recuerdos con sus alegrías y tristezas. Llevamos semanas cruzando este gran gris azulado, de las cuales muchos días lleva la radio muda, sólo recibe ruidos caóticos sin ningún mensaje. No sabemos nada ni de nuestro origen ni del destino, salimos en tiempos de tensa paz, antesala de crueles y fieras conjuraciones y confabulaciones en las sombras. Nuestra misión supuestamente es de reconocimiento científico y recogida de muestras en zonas aún no exploradas del gigantesco anfitrión donde hemos entrado. Como capitán recibí un sobre lacrado con claras instrucciones, no abrir hasta por lo menos las quince semanas de navegación y el contenido debe de ser secreto incluso entre mi tripulación.
Con kilómetros de tuberías mensajeras de millones de bares de vapor bajo mis pies, circulando en intrincados y emocionantes laberintos de válvulas, codos y cruces cuyos secretos pocos conocemos consulto el calendario. El día donde debo de romper el sobre lacrado es hoy. La experiencia y la lógica me lanzan un mensaje poco prometedor, cuando las órdenes visten de velos y capas hiladas de secretos no suelen ser ni buenas ni agradables. Mi sentido del deber me empuja a abrir el lacre, leer su contenido, y cumplir las órdenes.
<<A la Atención del Capitán del Leviatán de los Mares.
Siguiendo los planes de los Magníficos y Excelentísimos Administradores, entraremos en guerra antes de su llegada al destino, el Puerto de las Olas Grises de nuestro forzado aliado. Cuando llegue ya no será un aliado sino el terrible enemigo nuestro, siempre ha sido así y nos hemos cansado de tratar con esos piratas sin escrúpulos.
Su Leviatán no es un navío de guerra, a pesar de tener cierta potencia de fuego, además su nave llegará sola, no tendrá ningún tipo de apoyo ni refuerzo. Parece una misión suicida sin ningún tipo de posibilidad ante el fuertemente defendido Puerto de las Olas Grises, de ahí la naturaleza de su auténtica misión. Su misión es encontrar un arma muy poderosa, capaz de dictar el resultado de una guerra, no estará muy lejos de su localización cuando abra esta carta.
Suerte Capitán.
Atentamente: Ministerio de Defensas Terrestres, Marinas y Aéreas”.
Fantástico, ninguna descripción, ni pista, ni naturaleza, ni forma, ni tamaño. A buscar algo sin saber qué es en este infinito de agua, el cielo con unas pocas nubes grises no me dice nada, el mar sólo canta una balada de amistad con el casco del Leviatán y el fondo es un misterio infinito, no se conoce nada de él ni siquiera su profundidad, además nunca habíamos navegado tan adentro del Océano Infinito y tanto yo como mi fiel tripulación estamos muy nerviosos.
Ordené activar el nuevo sónar cuántico, capaz de localizar cualquier objeto sea cual sea su tamaño a miles de millas marinas.
Lo encontramos, al cuarto día, el primer contacto fue una rotura en la línea de horizonte del océano, empezó a subir hasta taparnos el cielo, imposible saber su altura pero sería inconmensurable. Venía una ola gigantesca a gran velocidad, apenas dio tiempo poner la embarcación en modo submarino, tanto yo como mi tripulación juraríamos sobre nuestras vidas y nombres familiares la veracidad. La ola tragó la embarcación como si fuera una minúscula nuez, la nave se desestabilizó y empezó a girar y rebotar caóticamente, apenas pudimos sujetarnos para no rebotar hasta la muerte con el suelo, paredes y techos. Finalmente los sistemas estabilizaron la nave, activamos la cubierta holográfica para ver la causa de semejante ola. Empezamos a ver las torres y almenas de una enorme ciudad submarina, pero la ciudad se movía hacia a la superficie. Nosotros también salimos arrastrados por las toneladas cúbicas de agua en ordenado movimiento. La ciudad era enorme, tendría capacidad para millones de personas, y estaba fuertemente armada. La ciudad empezó a inclinarse en un ángulo imposible, el inmenso oleaje nos alejó dándonos un ángulo de visión mayor. La ciudad estaba anclada a una especie de leviatán marino parecido a una ballena con decenas de aletas laterales y varias colas. Salió con una potencia de millones de bombas nucleares, el sonido de las olas y del canto del titán atravesó nuestro grueso fuselaje y casi nos dejó sordos. Saltó sobre nosotros entrando al agua decenas de millas detrás de nosotros. Nos sentimos ridículamente pequeños y en el acto lo supe, encontré el objetivo. Al cabo de los minutos la ciudad flotó sobre el agua sin dejar de ver la superficie del animal que la sostiene, aterrados ante lo desconocido hicimos señas para poder acercarnos sin peligro, unas puertas enormes se acaban de abrir dándonos la bienvenida o invitándonos a caer en una trampa, entraremos, otra cosa no podemos hacer.

El Cumpeaños (de Cecily Cogsworth)

Nota del Archivero para la familia Schwannschwert-Teck: esta carta fue encontrado entre los papeles de la Baronesa Alexandra Schwannschwert-Teck. La escritora es la joven sobrina de la baronesa, Cecily Teck, más conocida a la historia como la Profesora Cecily Cogsworth.


Simla, 23 Septiembre, 1892

Mi querida tía Alexandra,
No te puedo dar suficiente gracias por los magníficos rifles Tesla que me mandaste para cazar krakenes del air! Aparte de ser elegantes y fáciles a usar, son de una potencia extraordinaria. Los usé por la primera vez en una expedición que organizó Major Lionel Fitzburton, al recibir las noticias de un nido de krakenes que amenazaba el puerto del Khyber. Mi querida tía, ¡los krakenes ya habían devorado a más de cincuenta nativos!
Major Fitzburton pidió a papá nuestra colaboración para remediar la situación y por supuesto él puso todos nuestros recursos a su disposición; los zepelines, los guías y portadores y nosotros mismos eran listos para la salida en menos de una hora. ¡Estuve muy orgullosa de la resolución de papá de terminar con este peligro!

Claro, tuve problemas a convencer mi gobernanta, miss Riddleman, dejarme ir con los demás. No pudo reprimir su angustia, pero papá insistió que era importante para mí saber cómo son nuestros responsabilidades- nuestras vidas no pueden girar alrededor del estudio, la investigación y las conferencias académicas. Así me encontré, a los 17 años, en un zepelín en camino a las alturas del Khyber, bien envuelto en abrigos de piel, y bebiendo numerosas tacitas de té al estilo de las Himalayas. Major Fitzburton me invitó a estar a su lado durante el viaje para mostrarme las maravillosas vistas. Era casi como estar en un barco en medio del mar-todo tan silencioso, tan blanco, cómo una cuenta de hadas. Ni vimos ni una casa en la nieve, solamente las rocas y la luz cambiante del sol en las cumbres nevadas.
Cuando llegamos a la zona del nido, aterrizábamos para seguir de pie porque los air kraken se aniden al ras del suelo. Se podía oír perfectamente el llanto de los crías, mientras esperaban la llegado de sus padres con alimentos. Sentí lástima por ellos, hasta Major Fitzburton me explicó que los alimentos que esperaban eran seres humanos capturados por krakenes adultos. El Major entonces mandó a los portadores a matar las crías y nos dispusimos a esperar la llegada de los adultos. Escuché a los otros contar historias de otras expediciones contra los kraken del aire y sentí orgullosa por las hazañas de papá. ¡No puedo imaginar cómo era, cazar los kraken sin rifles Tesla!
Y llegaron. Eran cinco. Tú, mi querida tía Alexandra, sabes bien cómo es este momento. ¡Ni el horrendo sonido de su vuelo, ni el terrible espectáculo de sus tentáculos ávidos tienen secretos para ti! Pero para mí era la primera vez en una batida de kraken y estuve contenta tener tus rifles Tesla conmigo y estar al lado del esplendido Major Fitzburton, quien dirigió el combate con resolución y compasión, exigiendo rematar los kraken sin demora.
Llevamos cuatro kraken (el quinto era destrozado por completo) para mostrar a los pueblos en el camino de regreso que habíamos liberado la zona de estos monstruos. Tuvimos que aterrizar en cado población y cada monasterio y estar sometidos a la ceremonia de la caza del Kraken, con sus loas, festín y danzas. Mi papá sentió bastante impaciente con tanta pompa, hasta que Major Fitzburton nos explicó que la ceremonia tenía un sentido religioso para los nativos de la zona, quienes creen que estaos festejos aplacan la envidia de los fantasmas de los cazadores muertos en las batidas del pasado.
En uno de los pueblos me dieron el apodo Chica No en Apuros, que el Major me explicó era todo un tributo a mi coraje al abatir uno de los kraken yo sola. Normalmente tantas alabanzas públicas me molestarían, pero cuando miré a las caras sonrientes de tez morana y lampiña, no pude quitar a estas gentes su alegría. Debo confesar que me da cierta satisfacción saber que mi nombre vivirá para siempre en estas montañas, formando parte de sus sagas ancestrales
Papá entonces decidió grabar y estudiar estos ritos para su obra y dará una conferencia sobre ellos en el Royal Geographic Society cuando vuelve a casa. Un chaman le regaló a papá un artefacto que nadie sabe para qué sirve, además de una capa hecha de un piel bastante curioso.
¿Y porque escribo vuelve y no volvemos, mi querida tía?
Al llegar a Simla, después de tomar un té y cambiar de ropas, el Major vino a la casa y pidió una entrevista con mi padre en su estudio. Naturalmente, una dama no escucha a las puertas cerradas.
Pero…
Escuché como el Major se golpeo el dedo meñique del pie con el sinfonier en camino a la mesa de papá y escuché lo él pidió a papá. A penas tuve tiempo a volver al comedor y ocuparme con un bordado, cuando entró papá al comedor y me dijo solemnemente que el Major, con su permiso paternal, quería el honor de una entrevista conmigo en privado.
Oh, querida tía Alexandra. ¿Cómo puedo describir la felicidad exquisita de comprometer mi mano y me corazón a un hombre tan admirable?
Nos casaremos aquí, en Simla y ¡espero que tu y el tío Ernst pueden venir!
Escribe pronto a tu feliz sobrina,

Cecily

Mordisco

Maxwell estaba muerto, y lo sabia, desde el momento en el que había notado el minúsculo mordisco en el lóbulo de su oreja izquierda. - Es extraño – pensó, un hada te muerde, y estas condenado,- que hago con la próxima semana de mi vida, la Ultima.

No era el primer habitante de New Coal Village que era mordido, en la ultima década habían crecido los cosas, ahora era raro que un obrero no fuera mordido cada año, aveces mas de uno, y no había cura, por eso cuando llego a su chamizo, el que se había considerado a si mismo un hombre cabal y practico recogió sus propiedades, todas cabían en su ajada maleta de cuero y cartón, tenia algo de ropa, compuesta por la que llevaba puesta, unos calzones largos, dos pares de calcetines una camisa que había sido blanca hacia varios propietarios, y un pantalón que tenia solo dos remiendos uno en la rodilla derecha y otro en el dobladillo de la pierna izquierda. También era dueño de una armónica de hojalata, una pipa de madera muy quemada y un cuarto de Onza de tabaco.

Miro en su cuenta, su saliario como obrero era bajo y cobraba en fichas de la empresa para gastar en las tiendas que las aceptaran, lo que significaba que no podía ir a ningún lado, ni comprar un billete de tren...

Como hombre practico decidió que si el monto total de su cuenta eran 41.27 tenia exactamente siete días para lapidar su salario, así que tenia casi seis libras diarias, cantidad mas que suficiente para pasarse el día borracho.

No obstante no le apetecía pasar su ultima semana totalmente borracho. Lo primero que hizo fue comprar papel, una pluma, tinta, y media docena de sellos, compro algo de pan, panceta y la frío en el espetón con algunas judías, la mejor comida de todo el campamento minero, acompañado de una botella de cerveza de la que destilaba el “Desdentado” en su chamizo, no de la que era agua sucia, si no de la que parecía Cerveza y sabia a cerveza. Esa noche ceno, en su propia opinión una cena propia de un gran duque, y toco la armónica, le acompañaron algunos otros ociosos trabajadores, dispuestos siempre a rebañar el plato ajeno, y emocionados por el hecho de que hubiera carne en el.

En opinión de los amigos y conocidos que se apiñaban junto al espetón para calentarse estaba siendo una preciosa velada, con música y canciones, incluso el “Desdentado” acompaño Maxwell, tocando su concertina... Poco a poco todos se fueron a dormir y descansar para la jornada del día siguiente, solo los capataces siguieron despiertos, ellos podían ir a los locales donde no se aceptaban fichas y ver una proyección o tocar a una mujer. Maxwel había visto una vez una película, en ella veía como un tren avanzaba a toda velocidad sobre un puente, casi tres minutos mas tarde, al salir de la proyección, se enrolo en la empresa, y ahora moriría en ella.

Por eso había comprado el papel, empezó a intentar escribir en el, le costaba encontrar las palabras, como le dices a tu hermano que te mueres y que le dejas todas tus propiedades, consistentes en ropa andrajosa y la armónica por la que peleasteis siendo niños. Arrugo el papel y lo tiro a la estufa, miro la estufa intentando recordar el pasado, y recordó, su hermano Samuel, desgarbado y esquelético, y el chapoteando en el lago y lanzando piedras a los patos, y recordó la Feria, con sus tiendas de colorines, y su alegre música, y como en el puesto de lanzar los aros habían ganado aquella minucia de hojalata, a la que intentaban sacar sonidos y solo salia ruido...

Despertó, se lavo la cara con el agua casi limpia de la palangana, y salio del chamizo, se las arreglo para conseguir una cuchilla de afeitar y un trozo de espejo, y se afeito, por primera vez en diez años vio su propia cara, y no puedo reprimir un recuerdo, el recuerdo de cuando Samuel empezó a Afeitarse, era muy torpe e inseguro y el jabón de afeitado exiguo, pero aun así como buen hermano le enseño a afeitarse sin rebanarse el cuello, era uno de los mejores recuerdos que tenia, ese día habían comido chocolate por primera vez, lo habían robado una barra de pan y gastado todo su dinero en chocolate amargo y polvoriento en  un puesto callejero, del mercado de navidad, en su pequeña ciudad, hacia demasiado tiempo. Desecho sus recuerdos y se dispuso a gastar el día como mejor pudo, fue ha ver al ebanista y le compro un trozo de madera de haya, rectangular de casi veinte centímetros de largo, y siete de ancho, y un grosor de tres centímetros. Le pidió a Winston la navaja, y le invito a fumar una pipa mientras la usaba, poco a poco con la gastada navaja escribió su nombre en la plancha de madera, y con un trocito de madera oscureció las letras, esta tarea le llevo varias horas, pues no era un hombre muy habiz con las manos, pero el trabajo le gusto bastante, se podía Leer “MaxWell WilCoX. -1836-1877-”, Un profesor le habría reprendido por su pésima caligrafía y mezclar mayúsculas y minúsculas, pero había aprendido a leer de los carteles de los locales, y estaba orgulloso de saber juntar letras y trazarlas. Eso junto a una cena de salchicha de gato y un trozo de pan supusieron el paso del frío día. Al anochecer iluminado por una bela de sebo empezó la labor de escribir a su Samuel.

“QuErido SaMUel, HacE muCho quE nO Se nADa De tI, cOn EsTa cArTa lleGAra uNa peQueÑa maLEta, cOn tODAs mIS posESionEs y eSo Es pOr qUE hACe unOS dIAs mE moRdIo uN HaDa y sU vEneNo mE eSTa maTanDo. CuIda bIEn dE lA ArmOnIcA”

Escancio un baso de Aguardiente que había comprado al “Desdentado”, puso sellos en un sobre y escribió la única dirección que sabia de su hermano, la de su trabajo.

SaMUel WilCoX – TeATrO dE la OpERa de LoNdrEs.

Pensó en su lista de cosas por hacer, solo le quedaban un par por hacer, tan solo, tomar los mejores manjares y Morirse, sus preparativos para morirse parecían ser lo mas importante así que al día siguiente mientras los Zepelines de carga recogían el carbón para llevarlo a la ciudad, fue a ver a la costurera y le encargo una camisa y unos pantalones, Digno para un entierro- Dijo, y ella le dio unas ropas casi nuevas, por las que pago una bonita suma.

Tras guardar sus ropas en el chamizo cogió el pico y la pala, y fue a la colina tras la capilla, busco una zona libre y empezó a cavar, si el cura no se hubiera ido a otras zona, tal vez se lo habría impedido, pero no había nadie para hacerlo, y a nadie le pareció extraño, alguien cavaba tumbas de cuando en cuando y alguien robaba a los cadáveres casi a diario.

Coloco el listón a modo de lapida en la cabecera de la fosa, y un volquete viejo de la mina junto a la fosa, lleno el volquete con la tierra y lo dejo allí frenado, era un trabajo duro, ya que la tierra estaba congelada, ceno pan y aguardiente en su chamizo, solo, terriblemente solo, hacia años que no se sentía solo. Cerro los ojos víctima del cansancio y recordó... El verano cuajado de flores en las colinas, y la manta de Picnic, la cesta, con aquella botella de vino, y a su hermano, Samuel, con aquella muchacha de rizos pelirrojos, la que tenia una prótesis mecánica por brazo, cuajada de adornos y relieves con muchas piezas móviles para adornarlo y la palma cubierta de suave cuero. El intento explicarle que no podía irse a Londres con ella, que se se marchaba todo acabaría, pero habían discutido, y forcejearon, le quito la Armónica, pues sin su instrumento un músico no es nada, o eso pensó, pero el se fue igual, con ella...

Despertó nuevamente, desayuno pan con manteca en el barracón del “Desdentado”, acompañado de el aguardiente que le quedaba. Compro queso en la tienda un buen trozo de queso de cabra, y algo de Pan blanco, del caro, y se lo comió a medio día deliberadamente despacio, disfrutaba de la comida, era un placer sencillo, dorar el pan recién cortado, cortaba una rodaja, la pinchaba con el cuchillo y la dejaba suspendida sobre el fuego, cerca para que se calentara pero lo suficientemente lejos para que no se quemara, después la colocaba sobre su rodilla mientras cortaba el queso, una fina loncha y la colocaba sobre el pan aun caliente, y después la comía con deliberada lentitud.

Dedico un buen rato a pensar, nunca se había tomado la paciencia de hacerlo, no se le daba muy bien, pero por primera vez le pareció que su mente funcionaba, pensó sobre un artilugio que serbia para que los ricos tostaran el pan, un aparato con palancas, una especie de caja de metal con palancas , que se rellenaba de carbón al rojo, se ponía el pan en una abertura y se pulsaba la palanca  y cuando llegaba al final el pan salia solo recién tostado, era en su parecer el mas interesante invento creado jamas desde la cuchara, recordó como a Samuel le habían impresionado los Autómatas y los zepelines y el resto de cachorros grandes e inútiles, pero a el siempre le habían gustado mas las maquinas mas simples como la picadora de carne de “Chusco” el carnicero, que le metía la baca deshuesada y le salia cortada y lista para cocinar, o ese horno a vapor en el que preparaba las anguilas el señor Motte...

Gasto los días en sucesión de comidas, y fumar en pipa, haciendo lo que nunca había hecho hasta el momento pararse a pensar, y disfrutar del dinero que tenia, en vez de ahorrarlo para el futuro, el futuro que ya no tenia, por que ¡Una maldita Hada de jardín le había mordido!.

De hecho reflexiono sobre las hadas de jardín, todo empezó cuando las fabricas y el olor a carbón quemado lo inundaron todo, entonces habían deforestado los bosques, y los ataque habían comenzado, al principio las personas pensaban que las hadas eran buenas, parecían personitas pequeñas, con alas y huelen bien, pero de hecho las Hadas eran una plaga peor que las cucarachas, dado que su mordisco es mortal, solo había una forma de no morirse y era amputar el miembro mordido antes de que el veneno llegara a la sangre, pero eso era muy difícil en New Coal Village. Pues era una colonia de mineros de carbón, sin médico ni párroco, ni casi ninguna cosa digna de mención.

El mismo día que se hizo una semana de el mordisco dejo la maleta con todas las cosas en correros con muchos sellos e instrucciones especificas, y vestido con sus mejores galas fue hasta su tumba, la limpio con mucho cuido de malas hiervas y la rodeo de piedras. Se tumbo dentro, y se preparo para el final, cuando noto el pinchazo en el corazón tiro del volquete y quedo sepultado.

--x:-:x--

Y este seria el fin de la historia si algún tiempo después no hubiera llegado al lugar un extraño, acompañado de una mujer pelirroja con un brazo mecánico, sus ropas eran caras, aunque sencillas y en ellos todo era de ciudad, El hombre llevaba un estuche de cuero, no le costo encontrar el lugar que buscaban una pequeña tumba, la tumba de Maxwell, todos esperaban que hubiera una ceremonia, tal vez una comida caliente, pero el extraño no hizo nada de eso, abrió el estuche y saco un objeto, era como un tubo de plata, o mas concretamente varios tubos que enganchaban entre si, algunos los mas sabios de entre entre el publico sabían que aquel objeto era una flauta travesera, llevo el instrumento hasta sus labios y de ellos salio una música melancólica y triste, pero muy bella. Y tal como empezó acabo, desmonto el instrumento y sin decir palabra se marcharon, dejando la tumba sola, y a los curiosos desperdigados por el camino, ya sin esperanzas de beber gratis.