jueves, 25 de febrero de 2016

El lobo de Bohemia - Primera parte "El investigador"

            -Es una pena que este trasto no vaya más rápido, muchacho. - Hans Linge se agachó un momento para esquivar la rama de un árbol que estaba demasiado baja sobre el camino. - A este paso, cuando lleguemos Helga ya habrá cazado esa cosa, si es que existe. - Su nieta se tomaba esas cosas muy en serio, desde luego.

            -Venga, profesor, ya sabe que los porteadores a vapor no destacan por eso, sino por su potencia. - Kassius iba a los mandos del pequeño tanque de 6 patas, y Hans lo prefería. Su destreza para dirigir semejante engendro mecánico era bastante limitada, y si hubiera intentado bajarlo él mismo del tren, ahora el vagón sería descapotable o tendría un agujero a un lado del portón. Arrugó el gesto antes de responder.

            -Tonterías, ¿no recuerdas el modelo que vimos en Leipzig el año pasado?

            -¡Pero si le explotó la caldera en plena demostración! - Su ayudante se volvió un momento y golpeó ilustrativa y sonoramente con el canto de su mano protésica, la derecha, brillante y metálica, el depósito a presión que les separaba de la jaula y el brazo de carga de la parte de atrás.

            -Sí, bueno, pero hasta entonces… - Un sonoro disparo de rifle de compresión le interrumpió y ambos quedaron en silencio salvo por los estabilizadores giratorios del vehículo. Les llegó el eco antes de que alguno volviera a abrir la boca.

            -¿Ya? - Kassius sacó el revólver de la funda que colgaba de su cinturón y se lo entregó a Linge. - Coja esto profesor y esté atento, voy a acelerar todo lo posible, Helga ya ha encontrado al lobo o lo que sea que persigue. - Habían llegado a Kraslice, al otro lado de la frontera con Chequia, siguiendo un cúmulo de rumores y noticias vagas que tenían totalmente excitada a su nieta. Algunos decían que era un hombre lobo lo que aterrorizaba aquella zona rural de Bohemia occidental; otros, que era algún perturbado que se escondía en las montañas y desde allí asaltaba los caminos dando gritos como un salvaje; para muchos, sólo era un lobo particularmente grande o un oso especialmente agresivo que disfrutaba atacando al ganado y destrozando los cercados. Los hombres del pueblo habían llegado a asegurar vehementemente que era algo enviado por Viena para sembrar el pánico. Hans puso los ojos en blanco al oír eso, como si el Emperador no tuviera bastantes preocupaciones en el sur ya, con los rebeldes de Liguria, como para estar hostigando a los nacionalistas checos en el norte de sus dominios...

Unos minutos más tarde, el muchacho detuvo la máquina, que soltaba vapor para aliviar la presión por la marcha forzada a la que la había sometido, en el claro junto al arroyo, donde habían convenido encontrarse. Cerca estaban las trampas que Helga no había llegado a desplegar y el resto de materiales. Ella y el rastreador ruso que la acompañaba, ese hombre huraño y poco hablador con un parche en el ojo izquierdo, no podían andar muy lejos. Fue a bajarse del asiento pero Kassius le retuvo, sugiriendo que esperaran hasta que volvieran los cazadores, no fuera que la bestia les precediera. Un único revólver podía no ser suficiente. A regañadientes tuvo que aceptar que tenía razón.



            -La cueva que dijo la anciana de la granja tiene que estar por ahí - señaló con la mirada al otro lado del cauce, por donde un puente desastrado y endeble lo sorteaba - aunque reconozco que sólo entendí la mitad de lo que dijo, mi checo está bastante oxidado y la buena señora hablaba un dialecto bastante cerrado, aquí tan lejos de Praga… - a decir verdad, se había quedado con palabras sueltas más que nada, pero bueno, a Helga parecía que sí le había podido contar todo el hijo de ésta, que hablaba alemán porque había vivido en Erlbach un tiempo.

            En ese momento, apartando unas ramas bajas y arbustos apareció Kozhemov, el cazador de tigres retirado.

            -¿Ya han llegado? - Sin esperar respuesta continuó, con su acento marcado y su escaso vocabulario. - La señorita persigue al lobo. Quédense aquí. - Se agachó sobre una mochila para recoger algo, posiblemente munición para el rifle que llevaba colgado a la espalda y se dio la vuelta para marcharse, pero Hans le retuvo un momento.

            -¿Han ido a la cueva? ¿Es segura? - El hombre se detuvo, mirándole de soslayo mientras apoyaba el brazo libre en un tronco torcido.

            -Sí, profesor Linge. No hay lobos en la cueva, sólo pinturas en las paredes. Cuidado con el agujero. - Y desapareció en la espesura de nuevo.

Hans Linge se encogió de hombros e hizo un gesto a Kassius.

            -Supongo que podemos proceder entonces. - Elevó la mirada hacia la cubierta de hojas. - No nos queda mucha luz del día, hay que darse prisa.

Cruzaron el puente en silencio, el profesor delante con el farol ambárico y su ayudante detrás con la pistola en la mano derecha, la mecánica. A veces era demasiado precavido, pensó. Al otro lado encontraron un sendero muy tenue que ascendía por la ladera, y poco después estaban en la entrada de una cueva, no muy ancha pero bastante oscura. Efectivamente, había marcas por todos lados, la mayoría grabados en la piedra de símbolos que no sabía leer.

            -Una pena no contar aquí con Mademoiselle Santeil, seguro que ella nos podría ayudar.

-En esos momentos debe estar embarcada ya camino de Malmö para documentar las estelas de aquel cementerio vikingo que comentó, profesor. - Kassius le precedió al interior de la gruta, pero se detuvo cuando le faltó la luz a los pocos metros. Hans le alcanzó con el haz amarillento y enfocó la pared que su ayudante estaba mirando. Había una jauría de lobos tallada en la roca en un bajorrelieve muy desgastado.

            -A esto debía referirse la mujer cuando dijo lo de la cueva de los lobos. Venga, sigamos.

No tardaron mucho en llegar al agujero del que Kozhemov les había avisado, era imposible no verlo. Ocupando casi todo el ancho de la cueva, un pozo irregular se hundía en la oscuridad. Enfocó hacia abajo la linterna, y estimó que por lo menos había veinte metros de caída hasta las rocas que cubrían el fondo, entre las que parecía haber pedazos de madera podrida, pero apenas se entreveía realmente el final, el haz no era lo suficientemente concentrado.

            -Voy a pasar por la cornisa de la derecha, ¿la ve? - Kassius le señaló un lado del pasadizo y le pasó la culata la pistola. - Atento, profesor, mientras cruzo no podré disparar si hiciera falta. ¿Se ha fijado que al otro lado se ve claridad? - Aguzó la vista y creyó ver a qué se refería el chico - Podría ser otra entrada, así que tendremos que ir con cuidado. - Le miró con sorna, elevando las cejas. - El lobo podría querer resguardarse de Helga aquí.

Esperó a que su ayudante cruzara y luego le siguió, pegando mucho la espalda a la pared y tratando de no mirar abajo. Llevaba el farol en la mano izquierda y el índice derecho en el gatillo, pero le disgustaba el tacto frío del arma. Al otro lado de un recodo del túnel, efectivamente entraba la última luz del día, pero lo hacía por una apertura natural en el techo, por la que se derramaba un hilillo de agua que iba a parar a un pequeño estanque rodeado de hongos y líquenes. Sólo al llegar al lado de Kassius, que se había parado en seco, vio lo mismo que él.

Junto a la orilla yacía el cuerpo de un hombre, aparentemente inmóvil, casi boca abajo. Llevaba la ropa totalmente desgarrada, el pelo muy largo y sucio, e iba descalzo. Sangraba por el costado. Kassius le miró un momento y señaló el arma, indicándole en silencio que apuntara mientras él se acercaba a comprobar si estaba vivo. No tardó mucho en comprobarlo.


Antes de que pudiera reaccionar, Kassius se encontró con que el hombre, si se le podía llamar así, se revolvía en el suelo y saltaba contra él, derribándole entre gritos. Hans elevó el arma y apuntó, pero no era capaz de disparar por miedo a herir al muchacho. Su corazón se puso a latir como loco, mientras contemplaba a aquella bestia de cabellos y uñas largas gruñir y gritar a un tiempo, enseñando unos dientes que por un momento le parecieron desproporcionados. Le gritó tratando de atraer su atención mientras el chico forcejeaba en vano con esa bestia, que era mucho más fuerte. Los ojos inyectados en sangre que le clavó en la distancia le helaron por completo. Ignorándole de nuevo, el monstruo devolvió su atención a Kassius, cerrando ambas manos sobre su cuello.

Conitnuará...

Eric Rohnen

1 comentario:

  1. Genial Eric, me gusta como escribes, es increíble la imaginación que desborda de esa cabeza, sigue así jeje.

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